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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

De la radicalidad a la monería

Mariano Estrada
Redacción
miércoles, 3 de mayo de 2006, 23:28 h (CET)
El señor Rubalcaba ha llamado extremista al PP, pero tenía que haber hecho distingos. Es decir: por una parte tenía que haber calificado a Rajoy, que es el que tira del PP para apoyar a Zapatero en su estrategia de dilusión del terrorismo en los vericuetos extremos de la sociedad vasca, que volverán, como oscuras golondrinas, a llevar el nombre de Batasuna. Y por otra, tenía que haber calificado a Zaplana y a Acebes, que son los que urden y mienten y maquinan, los que siguen anclados en el 11-M, con Pedrojota de guía espiritual, y le ponen a Rajoy los palos en las ruedas de su nunca consolidada candidatura, señor cura (Por cierto, que Batasuna se ha hartado ya del cura Irlandés, porque tenía un excesivo protagonismo, y aquí el protagonista es Otegui, que ni es interlocutor ni presidiario, pero es postulado para ambas cosas.

Parece ser que el redentorista mosén Reid se iba de la lengua). El señor Rubalcaba, merengue a machamartillo que no debería llevarse bien con el culé de nación, José Luis Rodríguez Zapatero, es uno de los políticos que mienten con más serenidad en España, tanto es así que sus mentiras parecen auténticas verdades. Da gusto oírle. No cambia la expresión, no muda el semblante, no muda la cara.

Desde que dijo aquello de que “los españoles no se merecen un gobierno que les mienta”, no ha dicho otra cosa que mentiras, pero las dice con temple, con verosimilitud, con aplomo, sin pestañeo, y entonces las mentiras adquieren el color de la verdad, que últimamente es muy pálido, muy pálido, tan pálido que incluso llega a ser incoloro, como el agua en los libros de texto. Porque, claro, ¿de qué color es relativismo? ¿Eh, eh? ¿Y el postmodernismo? ¿Y el nihilismo? ¿Y el darwinismo? ¡Uh, uh, uh! ¿De qué está hecho el plomo de la mentira y en qué lugar del alma se junta con la verdad para darle un revolcón, o un meneo, en un ejercicio de caza, de acoso, de talante, de derribo? ¿Quién miente más, el que lo hace a pleno pulmón o el que se esconde en los usos, los hábitos, las costumbres, los valores? En la política de España y de sus diecisiete comunidades ergonómicas, la mentira se ha convertido en valor, y el valor es una referencia y una medida del mérito. De modo que… ¿Tomamos una tacita de valor? Sí, buana, pero que sea del que fabrican en Villajoyosa.

El señor Rubalcaba le ha llamado radical a Rajoy y Rajoy le ha llamado radical a Zapatero. Pero Rubalcaba sabe de sobra que Rajoy podía ser moderador de muy enconadas disputas. Y Rajoy sabe también que Zapatero podía ser acomodador de muy aceradas convivencias. De hecho, Zapatero tan sólo es radical cuando se pone el jersey de los votos, pero no cuando se viste de azul y purpurina para entenderse en las sombras de la noche con el dandy Artur Mas, representante de la oligarquía catalana, ana, que es la que tiene realmente el din-don de don dinero. Moraleda le ha llamado ambidiestro, que es una forma de llamarle camaleón. Otros le han llamado Bambi, pero esta vez no mentían, sino que se equivocaban de medio a medio, como se equivocó la paloma de don Rafael, como se equivocó el notario Rajoy cuando, recogiendo una ocurrencia de Guerra, le llamó Bobo solemne ¿Bobo solemne, yo? Ya veréis, ya veréis cuando os ataque con la Segunda República.

Y el señor Rubalcaba ¿es radical? Y si es así ¿de qué signo? No está lejos el día en que tuvo responsabilidades en el Gobierno de Felipe González, que utilizó contra ETA el terrorismo de estado. Ahora es ministro del interior y utiliza contra ETA-Batasuna la táctica de la aproximación y el camelo, ¡mua, mua!, teniendo en perspectiva la legalización y la cama “Joder, jodamos, que todos somos hermanos” ¿Y le llama radical a Rajoy? Lo que pasa es que Rubalcaba está cabreado porque los del PP le han hecho 215 preguntas y él no tiene tiempo material de responderlas todas, como quisiera, tal vez para no responder a ninguna Ahí sí que han sido radicales los del PP, casi extremistas, casi jacobinos ¿Cómo pueden hacerse 215 preguntas sobre una sola cuestión, aunque sea el 11-M? Que las repasen bien los del PSOE, porque tiene que haberlas repetidas. Además, le han llamado zorra con motivo de su nombramiento, y eso no se puede aguantar, ni siquiera por parte de Rubalcaba, porque la zorra, amén de desplumar a las gallinas, tiene connotaciones muy chungas, pero que muy chungas. Si por lo menos le hubieran llamado orangután o simio o primate para poder responderles en plano de igualdad.

Por cierto, cuando la monería goce de los derechos humanos que les atribuye el filósofo moralista Peter Singer ¿nos podremos casar con un mono? A mí me gustaría casarme con un mono, siempre que no sea un mandril, claro, de esos que llevan el culo rojo como el jersey de Zapatero. Habrá que preguntárselo a Francisco Garrido, que es quien, con la aquiescencia del presidente, ha llevado el proyecto a las Cortes. Esto es lo más radical que se ha hecho en política. Puede que un día haya monos en el parlamento. De momento sólo hay leones. Claro que los monos los llevan algunos parlamentarios donde ni siquiera los pueden ocultar. ¿Y tú qué coños miras, imbécil, es tengo yo monos en la cara? Pues sí, mire, y son muy buenas personas.

Y puestos a ser equitativos, yo recomiendo que, desde hoy, se suprima la expresión “dar leña al mono”, porque incita descarnadamente al maltrato no sólo de determinados animales, que es en sí malo de malignidad, sino también de determinadas personas, lo que es un claro atentado contra los derechos humanos. Se puede sustituir por la expresión “dar leña al PP”, que, al no poder un partido ser persona humana, es mucho menos que un mono. Mucho menos que monix.

La eugenética tiene estas cosas, que, en pos del amejoramiento, de la perfección y de la felicidad, se acaba aceptando la humanidad de los simios. Ya veremos cómo se pronuncian las Cortes Españolas que, como se sabe, son las más avanzadas del mundo. En el caso de que se dictamine que los simios son, efectivamente, personas, habrá que preguntarles a ellos si desean acogerse a los derechos que les pudieran corresponder. Porque a lo mejor no los quieren. Que se pronuncien en referéndum, claro. Y con dos horas de más, por si alguno es catalán y se retrasa.

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