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Etiquetas:   Crítica de cine  

'Déjate llevar': no todo es el ¡opá!, hay también ¡ajá!

Pelayo López
Pelayo López
viernes, 28 de julio de 2006, 13:32 h (CET)
Existe un subgénero cinematográfico, denominado de instituto, que los norteamericanos manejan a la perfección. Títulos como “El rector”, “El sustituto" o “Mentes peligrosas” son algunas de las similares películas que forman parte del mismo, y son también las variopintas cintas que demuestran lo posible que resulta explotar una misma fórmula, con los mismos ingredientes, pero con envase diferente. La última de Antonio Banderas, “Déjate llevar”, es la siguiente en la lista. La historia se centra en un personaje real -en el metraje interpretado por nuestro actor más internacional-, Pierre Dulaine, un profesor de baile de salón que ha conseguido establecer uno de los programas alternativos de mayor éxito para los alumnos de los institutos de Nueva York. Si ahora escuchamos en la radiofórmula el flamenco y la rumba, por poner solamente dos ejemplos, fusionados con el pop, en la película el baile de salón toma una nueva dimensión mezclado con uno de los ritmos más callejeros, el hip hop.

El propio argumento, nada más comenzar, ya nos indica el camino a seguir y como terminará, algo que, por otro lado, da bastante igual si tenemos en cuenta que la moraleja, o más bien moralina edulcorada –afán de superación, compromiso, perdón, solidaridad…-, de este tipo de películas, aunque nunca esté de más recordarla –sobre todo por algunos especimenes de nuestra misma condición-, ya da síntomas de aburrimiento soporífero. Si vamos un poco más allá, hasta los, en principio, chicos problemáticos parecen más bien de diseño. Incluso, en este caso, la banda sonora de la película –un gancho de la industria en los últimos tiempos- no es fácil de saborear si no se está acostumbrado a escuchar todo tipo de sones, porque lo mismo se oye ahora a Nat King Cole que al segundo a Black Eyed Peas o LL Cool.

Sin duda, lo mejor de la cinta son los números musicales –incluido el tango que se marca el propio malagueño, quien, aunque no lo hace mal, desde luego que se queda en pañales ante su rubia pareja -, y el moderno estilo con que se han rodado. La directora de la película, Liz Friedlander, procedente del mundo de los videoclips, ha sabido aderezarlos en su justa medida con las características de este otro formato, incluso se ha atrevido a jugar con los movimientos matrix de los Wachowsky, y es que el montaje de la película es uno de sus platos fuertes.

Antonio Banderas prometía mucho en sus inicios en nuestro cine, sin embargo, al cruzar el charco, ha corrido peor suerte y parece haberse sometido definitivamente a las reglas de Hollywood. Del cine de autor de Almodóvar al cine comercial palomitero, que quizás sea, no obstante, una necesidad financiera para sus proyectos como director. No resulta difícil, aún así, ubicar a Banderas en este medio musical -cualquier parecido con clásicos como “Fama” o “Rent”, podríamos atrevernos a decir que, en lo referente a la calidad que no a la cantidad, es fruto de la casualidad-, porque trayectoria en el género no le falta, ni en películas -“Desperado”, “Evita”, “Los reyes del mambo”…- ni en Broadway –con la obra “Nine”, e incluso repetirá con “Don Juan de Marco” y ya se dice que Tom Hanks le quiere para su versión de “Mamma mia”-. El resto del reparto lo componen, principalmente, jóvenes actores y actrices también profesionales del baile, y eso, sin duda, se nota, sobre todo, al final de la historia, cuando los patitos feos ya se han convertido en cisnes. Una circunstancia que no hay que dejar pasar de largo es que igual de complicado resulta el aprendizaje como el proceso inverso, el hacer creer que un@s bailarines y bailarinas son alguien que sólo saben dar pisotones y que tiene el sentido del ritmo desaparecido en lo más recóndito.

El verano está a la vuelta de la esquina. Las romerías y verbenas camparán a sus anchas por todos los rincones de nuestra geografía, y será un buen momento para sacar a relucir nuestras habilidades. Algun@s más que otr@s, y lo dice uno que no es más que un pato mareado. Así que si quieren, aún están a tiempo para recibir unas últimas lecciones de baile, y nada más y nada menos que con Antonio Banderas como pareja. Porque, ya lo entenderán, si se dejan llevar, no todo es el ¡opá!, hay también ¡ajá!.

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