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Etiquetas:   Políticamente incorrecta  

Recuperemos la memoria histórica

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 1 de mayo de 2006, 20:19 h (CET)
En esta especie de Segunda Transición, para la cual es necesario liquidar la Transición y la Constitución Española de 1978, en la que nos ha embarcado con nocturnidad y alevosía el presidente Rodríguez –autoproclamado heredero de Largo Caballero, ese revolucionario marxista-, la banda terrorista ETA está llamada a jugar el mismo papel que el PCE jugó en los años 70.

Es por ello que se hace imprescindible dotar de un falso e infame halo de legitimidad a los asesinos. Y es por ello mismo por lo que hay que deslegitimar a quiénes aún no han perdido la cabeza y recuerdan, un día sí y otro también, que ETA es una banda de criminales mafiosos que ha asesinado a casi mil españoles; que ETA secuestra, amenaza y extorsiona. Y que lo hace en nombre del nacionalismo vasco. Y que su objetivo no es otro que la construcción de la gran Euskal Herria socialista, o sea, la Cuba del norte de España.

Es por todo ello que hay que limpiar el paisaje del oasis socialista de aquellas imágenes que pudieran recordar la realidad. Y es por ello por lo que hay que deslegitimar y enviar al rincón del olvido a las víctimas de ETA. Que no se hable de ellas. Que nadie se acuerde de las grandes movilizaciones en contra de los criminales. Ni de las imágenes de los salvajes atentados de la banda criminal.

Es también por ello que se impone el arrinconamiento y, si es posible, destrucción o implosión del Partido Popular. Claro que en eso llevan dos años. Y, de momento, han fracasado. Y es que no siempre todo sale como está previsto. Y no por la acción de los dirigentes populares, que suelen defender con mayor ahínco sus poltronas que sus convicciones, sino por la magnífica base social que sustenta al PP. Una base sociológica configurada en torno a dos ideas: derechos individuales y España.

Dentro de toda esta campaña de liquidación de la Transición –en la que nunca creyeron realmente- se encuadra también la aberración aprobada la semana pasada en el Congreso de los Diputados, por la cual se declara a la II República y a la Constitución de 1931 como antecedente directo de nuestra actual democracia. Que vendría a ser algo así como si la República Checa aprobara en su Parlamento una resolución en la que se afirmara que la revolución rusa de 1917 y la Constitución soviética han dado como resultado la democracia. ¿Se lo imaginan? La Constitución de 1931 fue una constitución de la izquierda hecha para la izquierda, ignorando a media España. Léanla. Y esto es exactamente lo que en el año 1 de la Era del Gran Simio, 2006, pretende hacer Rodríguez, el nieto de su abuelo.

¿Interesa realmente al ciudadano español del siglo XXI todo el rollo ese de la “recuperación de la memoria selectiva” –que debería ser objeto de debate entre historiadores y no entre políticos- en que se han empeñado comunistas, socialistas y nacionalistas? Pues más bien no. Al españolito de a pie lo que le interesa es pagar menos por su hipoteca, poderse comprar un piso, que sus hijos reciban la mejor educación posible. En fin, todas esas cosas que a nuestra colectivista izquierda bien poco importan.

Pero lo de la recuperación de la memoria me da a mí que se podría convertir, si el PP renunciase de una vez por todas a actuar como maricomplejines y se pusiera serio, en un verdadero festival de efecto “boomerang” contra la izquierda revolucionaria de ZP. Porque fue el PSOE el partido revolucionario que, junto con sus socios de ERC, asestó un golpe mortal y definitivo a la República que ahora dicen haber defendido frente al fascismo. Les hablo del fracasado golpe de estado de 1934. Fueron escoltas de Indalecio Prieto (PSOE) los que asesinaron a Calvo Sotelo, uno de los líderes de la derecha (al otro, Gil Robles, no lo asesinaron porque no estaba en su casa cuando fueron a buscarlo). Porque era el PSOE el que inundaba las calles con carteles llamando a la revolución –golpe de estado en versión izquierdista; cuando la derecha da un golpe de estado lo llaman por su nombre, cuando lo hace la izquierda lo llaman revolución-. Y así, cientos de ejemplos irrefutables. Vamos, que si la derecha española se pusiera seria, abandonase sus complejos, el miedo a las portadas de los medios de comunicación y las encuestas de opinión y empezara a hacer pedagogía sobre la II República la izquierda española –que jamás ha hecho su transición y sigue anclada en 1931- se iba a enterar. Que así sea.

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