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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Inferencias y retos laborales

Rafael Pérez
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 30 de abril de 2006, 21:27 h (CET)
¿Cómo afrontamos el hecho de trabajar? ¿Qué significado le atribuimos al trabajo? ¿A qué trabajos nos vemos obligados? ¿Nos preocupan estos planteamientos? Y en caso de una respuesta positiva, cabrá eso de preguntarnos si verdaderamente actuamos en consecuencia para modificar los aspectos menos deseables de esas actividades laborales a las que nos vemos abocados.

Se cita con frecuencia un discurso de Max Weber en la Universidad de Munich, nada menos que en 1919. Refiriéndose a la política, incide en la manera de abordar las actividades humanas: "Quien vive PARA la política hace de ello su vida...alimenta su equilibrio...dando un sentido a su vida, en este sentido profundo, todo hombre que vive para algo vive también DE ese algo". Para o de, vienen a significar las maneras, las actitudes de esos políticos. A pesar del tiempo y acontecimientos sucedidos, las diferencias no sólo se mantienen, sino que lo hacen con una actualidad vibrante. Sin ser esclusivos de la política, son procederes con muchas repercusiones. No debiéreamos consolarnos por la antigüedad de esas formas de actuar, ni porque sean generalizados.

Sin embargo, apreciando la distinción referida, tan importante y decisiva; proclamo también una objeción no menos sustantiva a las frases de Weber. Se trata de la imperativa recuperación del QUIEN. No es la profesión política, sanitaria, comercial o urbanística, la demarcación adecuada para delimitar la bondad o perversiones. Es el pronombre, la persona, quien genera cualidades o defectos, bondades o maldades... y quien las sufre; pero es el protagonista a tener en cuenta. Si uno es un obsesivo en su vida del trabajo, "para" la profesión o centrado en lo que obtiene "de" ella; dicho de otra manera, si no valora lo suficiente su personalidad, estaremos ante una insuficiencia personal decisiva.

Desde ese "Quien", "para" que actividad laboral y ese "de" fuente de sus ingresos y recursos, podremos esbozar una línea de seguimiento. ¿Qué ocurrió en los sucesivos períodos históricos? ¿Cuáles son los rumbos actuales? Según dirijamos la mirada observaremos en demasía un entramado caótico, por descuidado, al albur de los medradores ubicuos en cualquier época. Con un agravante notorio, hoy que se pretende saber casi todo, eso de dejarnos arrastrar sin que participemos es decisivo; cuando menos asumiremos que resulta lamentable.

Con el punto de partida ubicado en el trabajo ARTESANAL, distinguiremos sus peculiaridades, sus maneras de proceder, sus respuestas a las consideraciones que hoy planteo aquí. La personalidad o cualidades del individuo se convertían en fundamento básico a la hora de moldear sus actitudes; un manirroto sería poco eficaz para elaborar finuras manuales. El aprendizaje exigía mayor continuidad, por lo tanto, mayor apego a los maestros y a la zona donde desarrollaba su labor. Aunque se planteasen traslados, se efectuaban en otras dimensiones del tiempo, más estirado y lento. Tantos avatares y dedicación iban a suponer forzosamente una manera de generar el sustento del trabajador y allegados. ¿Cómo podría ser de otra manera? Aquí resulta más apropiado el planteamiento de, QUIEN es el sujeto laboral, PARA que trabajo es su dedicación, y DE que trabajo va a vivir.

Más adelante la organización del trabajo se implanta en torno a la empresa, sobre todo en la era INDUSTRIAL. Se constituyen las grandes series de trabajadores adheridos a la entidad. En esta tesitura se va diluyendo el "quien" trabaja, sí se adjudica un puesto, un nombre, pero la consideración sobrepasa en muy pocas ocasiones ese lindero. De no estar incluídos en estas listas, los servicios sociales tampoco cubrían como ahora las necesidades más perentorias. A pesar de mantenerse el "quien" muy minimizado, sí se mantuvieron enérgicas las otras dos valoraciones. El trabajador si estaba orientando toda su vida PARA la empresa con todas las exigencias del caso. Así mismo, ¡Qué menos!, vivía DE esa dedicación, con la escasez o suficiencia de cada situación.

Aunque las escuelas y universidades pocas veces se adaptaron a las verdaderas necesidades prácticas, si mantuvieron una definición aproximada de los niveles, titulaciones, etc. Ahora es presumible la peor coordinación con ese anuncio de carreras breves de 3 años. Pues bien, entre esa descoordinación y los múltiples avances técnicos, la evolución del trabajo ha ido generando una gran DIVERSIDAD en lo referido a las ocupaciones, número de trabajadores o preparación exigida. Esta diversidad y aquellas distorsiones formativas, hacen que a estas alturas ya no se hable del "quien" Además, resulta muy complicado pensar siquiera en la preparación más conveniente. ¡Tan diversos y cambiantes los trabajos! Por consiguiente, el motivo sólo permanece entre interrogantes, ¿para qué trabajaré? ¿Cómo alcanzaré una preparación adecuada si no se sabe para qué? Quedando como residuo un "de" para sacar lo más posible, como única orientación.

Lo referido se acentúa con el alto número de INTERINIDADES. Aquí ya se añaden interrogantes al producto del trabajo. ¿de?. Si se puede mantener, ¿Qué duración? Y si incluimos los contratos BASURA, ya ni preguntas ni nada.

Hemos ido situándonos muy alejados del QUIEN, sin saber como utilizar el PARA, y arramblando cuanto se pueda con el máximo DE posible aunque sea desorientado. Eso nos conduce a una ley potente a favor de los poderosos, grandes capitalistas, inmisericordes con todo lo ajeno.

Me pregunto dónde quedó el carácter contestatario de los universitarios, me refiero a la rebeldía bien orientada y no a la violencia. Los sindicatos se adormecen en los vericuetos de esa degeneración laboral. Y los políticos juegan a otros campeonatos. Ni mención de un uso potenciador de la persona, y si se habla de ello, no suele pasar de simple adorno. ¿Será que todo va espléndidamente? Quien, para, de, ... ¡Simples paparruchas! Quizá sean otros los horizontes, pueden ser más envidiables, pero no se les distingue, no hay más que observar por donde discurren los primeros empleos, contratos temporales, vividores e intermediarios.

Retos sí, inferencias también, pero pocas valoraciones consecuentes.

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