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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Cuestión de fe

Oscar Arce
Redacción
domingo, 30 de abril de 2006, 21:27 h (CET)
Un joven marroquí, me comentó las dificultades que encuentra en su vida cotidiana debido a su apariencia. Tras varios ejemplos, mi interlocutor concluyó que la principal diferencia que nos separa del mundo islámico es la religión.

Pude comprobar cómo la facilidad para reducir toda situación a una simple cuestión de fe respondía a una experiencia total de lo que quiere decir ser musulmán. El Corán, decía, si se sigue en todos sus preceptos de manera adecuada conduce a la correcta comunicación con Dios, llegada la otra vida.

Conseguí que aceptara la dificultad de cumplir a rajatabla todo aquello que el Corán dice que debe hacerse para ser una persona “recta”. Conseguí, acto seguido, que admitiera que la persona “recta” debe ser una tendencia, pero no puede ser real. Todos somos “curvos” en mayor o menor medida.

Entonces, ante la imposibilidad de ser una persona buena en grado máximo, no me dejó más alternativa que preguntarle acerca del criterio que se sigue para decidir qué manera de alejarse del camino es más perjudicial para llegar a buen fin. Su razonamiento fue apresurado, pero me llamó la atención el que no le importara en absoluto caer en contradicciones en su explicación. Éstas eran solventadas por medio de la aplicación de la fe.

Puesto que era imposible el mínimo acercamiento de ambas partes, nos interrogamos mutuamente sobre lo que no nos gustaba de las respectivas culturas. De nuevo opiniones encontradas: mi desconfianza hacia la excesiva vinculación de la vida a la religión topó de frente con su aversión por la excesiva separación.

Le pareció que mi actitud (y supongo que toda mi vida) estaba separada de la fe. No supe demostrar con la suficiente claridad que la ciencia ha ocupado en muchos aspectos el puesto de Dios en la fe europea. Pero, al fin y al cabo, nuestra vida sigue impregnada por la fe.

El resultado sería similar a la situación que se daría si un mismo arquitecto ideara un mismo edificio para dos lugares diferentes: los cimientos se anclan en sustratos diferentes, el espacio aéreo hacia el que se alzan pertenece a demarcaciones territoriales diferentes; pero la fachada es la misma.

En fin, como dice Ed Bloom en Big Fish: es de mala educación hablar de religión, nunca se sabe a quién puedes ofender.

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