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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Han asesinado a otra mujer

Francisco Rodríguez
Redacción
sábado, 29 de abril de 2006, 20:12 h (CET)
Una vez más oigo en la tele: otra mujer ha sido asesinada a manos de su pareja. ¿Qué ha ocurrido en la vida de estas personas para llegar a tan funesto desenlace? Pero este final no llega de forma súbita, pienso yo. Se habrá ido gestando a lo largo de un tiempo, tiempo que tendría seguramente un inicio satisfactorio, un comienzo con ilusión. ¿Cuándo dejó de ser satisfactoria la convivencia? ¿Cuándo empezaron las diferencias, los enfrentamientos?

A la vista del número creciente de asesinatos y malos tratos se ha recurrido al código penal, a unos tribunales especiales, que parten del presupuesto de culpabilidad del varón y de la necesidad de protección de la víctima, la mujer.

Se actúa sobre el resultado de una relación que se ha tornado insufrible pero no se hace nada por incidir sobre el proceso que llevó hasta el delito. Los asesinatos y las lesiones que se denuncian son tan solo la parte más visible de una enorme cantidad de parejas que se llevan mal, que su vida en común se resiente de desamor. ¿Cómo es posible que, a pesar de los divorcios, haya parejas que se rompan por la vía brutal de matar a uno de los cónyuges?

Quizás habría que pensar en los motivos por los que se unieron y las pretensiones y esperanzas que llevaban al comienzo de su relación sentimental y que luego comprueban que no pueden realizarlas. Unos buscarán la solución en un cambio de pareja, y otros en la violencia extrema. En cualquier caso, algo ocurre para que las parejas muestren, cada vez más, una extrema fragilidad. Y ello a pesar de que las relaciones se formalizan a una edad tardía, en la que podía esperarse una mayor capacidad de juicio. También puede ocurrir que ese retraso en formalizar una relación estable haya estado ocupado por otras relaciones informales en búsqueda de satisfacciones inmediatas y recambiables que hacen imposible acometer con seriedad un compromiso serio, como es el de criar unos hijos.

Pero si resulta tan fácil romper una relación, por qué hay quien recurre a un final sangriento ¿es, acaso, que una de las partes quiere imponer por la fuerza una conducta rechazable? ¿Él quiere continuar la relación imponiendo abusivamente su opinión? ¿Él trata de vengarse del fracaso que representa su falta de entendimiento? Podríamos seguir haciéndonos preguntas, aunque alguien debía estudiar detenidamente las causas de las muertes y ver si podría hacerse algo antes.

Se dice que es mejor prevenir que lamentar. ¿Y si todo fuese una radical falta de educación en valores? Quizás nadie les ha enseñado a los agresores el respeto que merece toda persona. Quizás no ha habido ninguna preparación seria para vivir en pareja, para conocerse antes de convivir, para hacer un proyecto viable de vida en común. Quizás lo económico, lo tuyo y lo mío, han provocado la ruptura. Quizás, quizás…

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