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Negociar con la salud del ciudadano
Eduardo Cassano
La huelga de médicos de Cataluña continúa en pie, y así se lo han demostrado al presidente Maragall el pasado miércoles a la entrada del Hospital de Bellvitge. Las peticiones para desconvocar la huelga y volver a la normalidad de las urgencias saturadas es, entre otras cosas, tener un convenio laboral propio. Me parece muy bien que todos los trabajadores luchen por sus derechos, que boicoteen a sus empresas si no atiende a sus peticiones, y mientras tanto, siguen ganando dinero gracias a ellos… pero con la salud de los ciudadanos no se juega.
El miércoles la huelga afectó a más de 46.000 visitas y operaciones, y yo me
pregunto: ¿Y si hubiera algún paciente grave, como el fallecido en Madrid? A él lo enviaron al psiquiatra sin ni siquiera practicarle una ecografía para saber por qué tenía dolores. Poco después murió y en la autopsia le encontraron un tumor. Me gustaría saber quien se responsabilizaría si ocurriera algo semejante gracias a la huelga.
Aunque si lo pensamos bien, incompetencias de este tipo ocurren muy a menudo en las salas de urgencias. Personalmente he tenido la desgracia de sufrir, no sólo mis dolores, sino el de otros pacientes sumidos en la desesperación, ante la pasividad de un colectivo que, desde la óptica de muchos ciudadanos, negocia sus intereses a costa de los enfermos.
Lo más grave del asunto es que, para aquellas personas que han visto anuladas sus visitas, tendrán que esperar varios meses más hasta volver a la consulta. De esta forma quien tenga una pequeña molestia o dolencia que se pueda atajar con un tratamiento, puede que se agudice hasta convertirse en una enfermedad más seria el día que finalmente lo visita el médico, después el especialista y, finalmente, la operación si procede.
En definitiva, la indignación es tal entre los pacientes afectados que piensan que cotizar a la Seguridad Social no les sirve para casi nada.
Mientras tanto, en la casa de algunas personas con una mutua privada y sin problemas para llegar a fin de mes, se encargan de ir “comprando” las pensiones por enfermedad a esa gente que, previo pago, se asegura un dinero a final de mes durante el resto de su vida.
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