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Bulgaria acoge exigencias

Tatiana Sinitsina
Redacción
sábado, 29 de abril de 2006, 20:12 h (CET)
La Unión Europea ha exigido de Bulgaria, país aspirante a miembro de ésta, “parar cuatro de los seis reactores de la central nuclear de Kozlodui que es la única central electronuclear del país situada a orillas del Danubio, a trescientos kilómetros de Sofía, y que viene funcionando desde hace más de tres décadas. Dos bloques de la central (el 1º y el 2º) fueron cerrados ya a fines de 2002 bajo presiones de la Unión Europea como “peligrosos”. La decisión tenía carácter meramente político pues no tenía ningún motivo técnico. Llega el momento en que los nuclearistas tendrán que cerrar otro par de reactores: en diciembre próximo a más tardar tendrán que cerrarse los bloques 3 y 4. De modo que al Estado búlgaro, que es propietario exclusivo de la “Kozlodui”, se le causa un serio perjuicio económico.

Este perjuicio es de naturaleza no sólo material sino moral. El país se ha acostumbrado a sentirse líder energético en los Balcanes. Incluso ahora, a pesar de dos bloques parados, la central electronuclear de Kozlodui sigue siendo el mayor productor de energía del Sureste de Europa. Un 60% de energía eléctrica se exporta a Grecia, Turquía, Macedonia, Albania, Serbia y Montenegro. La potencia total de los cuatro reactores ahora en funcionamiento es de 2880 MW pero la reducción a dos bloques elimina toda posibilidad de exportación.

Los especialistas en energía califican la situación de “absurda” y “carente de todo sentido”. Lamentablemente, los políticos búlgaros no han sabido defender los intereses del país en Europa -, manifestó abiertamente el ministro de Energía de Bulgaria, Rumen Ovcharov, en una entrevista con periodistas rusos en Sofía -. Ahora no tenemos alternativa que cumplir la promesa que no se debe a ninguna causa física. El cierre de 4 bloques de la central de Kozlodui es el precio que Bulgaria paga por el ingreso en la Unión Europea.

El director de la CEN “Kozlodui”, Ivan Ivanov, se refirió a esta situación en términos aún más enérgicos: “Bulgaria es el único país del mundo que bajo presiones políticas se ve obligado a parar reactores nucleares bastante seguros. La historia no conoce otro precedente cuando en un Estado paran bloques que no merecen crítica alguna desde el punto de vista de la seguridad nuclear y que aún tienen por delante una larga vida: tenemos licencias para otros 10-12 años de trabajo”.

Ivan Ivanov señaló que los reactores semejantes a los de Kozlodui funcionan en Holanda, Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Finlandia, pero a ellos nadie les exige pararlos. ¿Una mera “ley del embudo” o algo más? ¿Qué es lo que teme la Unión Europea? No cabe duda de que quiere limitar la expansión de Rusia en los campos de energía.

Una breve digresión histórica ayudaría a comprender que los seis reactores búlgaros fueron construidos en los años 70-80 según proyectos soviéticos. Bulgaria, que se consideraba el país del “campo socialista” más leal al Kremlin, fue la primera en hacerse con una avanzada novedad tecnológica como la CEN. Se ejecutaron proyectos avanzados de reactor energético agua-agua de tipo seguro, y no modelos semejantes a los instalados en Chernobyl, como piensan en la Unión Europea. Los primeros cuatro bloques construidos en Kozlodui ya en los años 70 tenían una potencia de 440 MW cada uno, mientras que dos últimos, 1000 MW cada uno.

Para un país carente de recursos energéticos esta adquisición era igual que una red para el pescador. Y ahora esta “red” tiene que reducirse.

El problema se remonta a 1992, año en que se desintegró la Unión Soviética. En una cumbre del G-8 celebrada en Munich se decidió que el Reactor de Canales de Alta Potencia (como los instalados en Chernobyl) y, a la vez, no se sabe por qué, los reactores energéticos agua-agua de tipo nuevo no respondían al nivel europeo de seguridad. Esta decisión carecía de toda razón técnica porque todos los reactores atómicos habían sido modernizados de manera radical, lo que los hace bien compatibles con las normas mundiales. No obstante, se exigió cerrar los bloques. Esta forma de presión política era impulsada, desde luego, por el odio a todo “lo soviético”.

El “síndrome de Chernobyl” acrecentó la desconfianza en proyectos atómicos rusos. El pueblo llano no va a internarse en el quid del problema, siendo difícil explicarle que “las lecciones de Chernobyl” han sido aprovechadas por los físicos y diseñadores de reactores rusos hasta tal punto que el accidente no puede repetirse. Durante todos estos años el personal de la central de Kozlodui tampoco ha estado de brazos cruzados. Los científicos e ingenieros fueron modernizando sucesivamente todos los seis bloques de la central, empleando a especialistas no sólo rusos sino también franceses y alemanes. Al decir de Ivan Ivanov, durante el proceso de perfeccionamiento de los bloques se realizaron 1827 soluciones técnicas que permitieron poner en funcionamiento sistemas de seguridad más estrictos aprobados por la experiencia mundial. El Estado búlgaro ha invertido 320 millones de euros en la modernización de cuatro REAA-440 y en dos bloques REAA-1000, quinientos millones de euros. Y como resultado se han obtenido licencias de trabajo de los bloques a largo plazo.

“Nuestra central es objeto de intensa atención por parte de los inspectores, es una de las centrales más inspeccionadas del mundo -, dijo Ivan Ivanov -. En los últimos años hemos tenido 21 inspecciones realizadas por especialistas occidentales y expertos del OIEA. Todos corroboraron que nuestros bloques, incluidos aquellos que tienen que pararse, funcionan bien y que no hay ninguna causa técnica que atente contra su seguridad”.

Bulgaria aún espera que la Unión Europea revise los plazos del cierre de los bloques 3 y 4 de la central de Kozlodui. “La responsabilidad energética en el área recae en Bulgaria. Si se cierran dos bloques más, Bulgaria ya no podrá servir de factor estabilizador en el campo del suministro de energía en los Balcanes -, piensa el ministro Rumen Ovcharov -. Como alternativa puede servir, desde luego, la industria energética de Rumania pero el reactor de canal de que dispone en Chernavoda no puede funcionar en épocas de bajada de agua en el Danubio, lo que ocurre con bastante frecuencia. En situaciones críticas Bulgaria siempre cubría también la escasez energética de Rumania. No quisiéramos perder nuestro papel energético dominante en la región balcánica -, admite el ministro Rumen Ovcharov.

Pero, ¿lo querrá la Unión Europea? ¿No es demasiado grande la cuenta que presenta a un país pequeño y económicamente poco desarrollado como Bulgaria? ¿O, quizás, el temor a la expansión energética rusa en Europa es más fuerte que el sentido común?

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