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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

4 millones de nada

Raúl Tristan

jueves, 27 de abril de 2006, 21:53 h (CET)
4 millones de españoles ha estampado su firma solicitando que el Estatuto de Cataluña se someta a referéndum nacional.

Pero, ¿qué son 4 millones de ciudadanos, que tan sólo desean que en este país no existan pueblos privilegiados, pueblos a los que leyes descabelladas osan otorgar derechos y prebendas que los sitúan a un nivel muy por encima de las posibilidades de sus vecinos?.

Nada, no son nada, ni aun cuando fueran cuatro, diez o cuarenta y cinco millones. Nada.

Nada porque, para Rodríguez Zapatero, son más importantes las alianzas estratégicas que tiene establecidas en aquellas tierras, dominadas por las ansias independentistas de los compadres de ERC y Cía. ¡Por favor, si todo el mundo sabe que el voto de un Carod vale por lo menos por lo menos como el de medio millón de españoles!.

El trabajo del PP no ha sido en balde, por más que algunos así quieran mostrarlo. Y si bien el número de firmas recogidas ha sido menor del previsible, no puede por ello dejarse de admitir que 4 millones son muchos DNI,s uno tras otro. Si aplicamos a la recogida de firmas del PP un análisis similar al que efectuamos cuando contabilizamos en una votación los “descuentos” por las abstenciones, los nulos, etc... y además aquí añadimos los votantes del PP catalán, la inmensidad de votantes del PSOE que no han querido hacerle el feo a su partido, y para finalizar, aquellos que han visto en esta recogida una simple maniobra táctica más en la pugna política entre PP y PSOE y no han querido entrar en ella, digo entonces que esos 4 millones de firmas cobran mucho más valor del simplemente numérico. Su valor es simbólico y su entidad se potencia.

Hemos entrado de otra vez en una loca carrera por ver que región alcanza mayores cotas de insolidaridad. Y digo de otra vez porque ya la Constitución del 78 puede considerarse como la legalización primigenia de la desigualdad. En ella, según el artículo al que en su momento se pudieron acoger, unas regiones establecieron sus insolidarios, egoístas, prepotentes privilegios en base a ridículas pretensiones históricas. Ahí radicó el error, en aceptar, bajo la presión del momento en que nos encontrábamos, las imposiciones de algunos, en pos de un consenso que alejara a nuestro país de la amenaza de una nueva guerra civil.

Hoy, cuando esas mismas regiones han visto a las demás seguirles los pasos en cuanto a autonomía, de autogobierno, no han podido soportar la idea de estar casi en pie de igualdad con “las otras”, pues aquellas, las “históricas”, se sienten superiores al resto, al resto que es morralla e la que se puede abusar en su uso y disfrute.

Pero lo que el Sr. Zapatero no quiere entender, es que hoy no vivimos en aquellos tiempos pretéritos. No entiende que hoy, lo lógico es que todas las Comunidades y Ciudades Autónomas tengan los mismos derechos y obligaciones, es decir, que hoy, más que nunca “café para todos”, pues no creo que haya Autonomía alguna que desee situarse en un nivel competencial, de distribución de recursos estatales, etc.. inferior al de sus vecinos.
Si lo que se pretende es mantener nuestro estilo de relaciones Estado Central – Autonomías, este no es el camino; y si lo que se pretende es asimilarnos a un Estado Federal, el camino también es el erróneo.

No, no queremos que a Cataluña se le sirva un carajillo en la mesa y a los demás nos despachen un café americano de pie en la barra... claro que de un país en el que nos intentan colar el bluff de la Alianza de Civilizaciones en la Carrera Diplomática puede esperarse todo, desde que acabemos haciendo la susodicha Alianza con los monos, gorilas y orangutanes, esos “seres humanos” (España sería entonces “El País de los Simios”) hasta que alguna región acabe convirtiéndose en Nación Reino Histórico Independiente y los demás seamos sus Estados Vasallos...

Tal vez todos los nacionalismos egocéntricos deberían mirar hacia Aragón. Esta Comunidad ha dejado muy claro por boca de su Presidente, Marcelino Iglesias, que tendrá un nuevo Estatuto de Autonomía acorde con los tiempos, pero que esta tierra se encuentra muy a gusto integrada en España, y teniendo sencillamente lo que le corresponde, ni más ni menos. Eso es saber dónde se está, de qué se forma parte. Eso es solidaridad, saber hacer comunidad, tener una visión global, y no la terca, la cerril ceguera provinciana que demuestran los nacionalismos desintegradores.

Por cierto, tal vez lo mejor que pudiera ocurrirnos al resto de autonomías sería que a dichos nacionalismos excluyentes se les permitiera organizar un referéndum de autodeterminación. Veríamos qué cara se les quedaba cuando la mayoría de los ciudadanos que los sufren y aguantan votaran NO...

Ya que Rodríguez Zapatero se ha sentido tan tocado por la gracia divina como para osar abrir la Caja de Pandora de los nacionalismos, que remate la faena.

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