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El empleo de la fuerza armanda

Alexei Makarkin
Redacción
jueves, 27 de abril de 2006, 21:53 h (CET)
La escalada del conflicto norteamericano-iraní afecta los intereses de Estados lindantes con la República Islámica. Es sabido que en caso de que se opte por la solución militar, nuevos problemas serios pueden presentarse en Irak, donde sólo después de varios meses de controversias las fuerzas políticas pudieron acordar el reparto de los altos cargos, siendo de señalar que para el cargo de primer ministro se volvió a designar a un representante de los chiítas que mantienen lazos históricos con sus correligionarios iraníes. No cabe la menor duda de que crecerán drásticamente los riesgos políticos en Afganistán y Pakistán. Pero problemas no menos complicados encararían los Estados de Transcaucasia, también limítrofes con Irán.

En efecto, según comunica la prensa, Estados Unidos confía en la cooperación con Azerbaiyán, considerando su territorio como una posible punta de lanza para la operación militar contra Irán (que no es algo inevitable mas no por eso ha perdido su actualidad). No se descarta que este tema sea discutido la semana siguiente, durante la visita del presidente azerbaiyano, Ilham Alíev, a EE.UU. Podría tratarse de utilizar el espacio aéreo y de los aeródromos de Azerbaiyán, así como de acantonamiento de tropas norteamericanas en su territorio.

Claro está que las autoridades de Azerbaiyán no se sienten muy entusiasmadas con semejantes perspectivas. Primero, porque Azerbaiyán mantiene estrechas relaciones con Irán. En 2002, ambos países suscribieron el tratado de no agresión y cooperación. En diciembre pasado se celebró la ceremonia de apertura del gasoducto entre los dos Estados. A tenor del contrato suscrito por el plazo de 25 años, Irán suministrará al país vecino 80,5 millones de metros cúbicos de gas al año.

Acaba de visitar la capital de Azerbaiyán el ministro de Defensa iraní, Mustafa Muhammed Nadjar quien manifestó: “La seguridad de Azerbaiyán es también la de Irán. Nuestra disponibilidad operacional es también vuestra disponibilidad operacional”. Las evidencias apuntan a que quería tantear la postura de Azerbaiyán de cara a la visita del presidente Alíev a Estados Unidos. Es de entender que si Azerbaiyán pasa a ser aliado de EE.UU. en la guerra contra Irán, no tardará en convertirse en blanco de misiles iraníes.

Otra razón. En Irán viven muchos azeríes (no menos de 35 millones, es decir, más que el número de habitantes en el propio Azerbaiyán) que tienen parientes en su patria histórica. Circulan rumores de que los norteamericanos procurarán aprovechar el factor étnico, las contradicciones existentes entre la comunidad azerí y el régimen iraní (tal como lo hizo José Stalin en 1946). De ser así, Estados Unidos no podrá hacer nada sin el apoyo de Bakú.

Pero también cabe traer a colación que hace 60 años Stalin se llevó un chasco, y eso en las condiciones en que el Gobierno central de Irán era mucho más débil que ahora. Además, en caso de comenzar las hostilidades, podría emerger el problema de refugiados que se precipitarían hacia el territorio de Azerbaiyán, generando grandes problemas para los poderes públicos. Y, por último, los integristas de Azerbaiyán podrían valerse de las hostilidades para reforzar sus posiciones mediante la propaganda antinorteamericana.
Mientras las autoridades de Azerbaiyán están definiendo su postura en relación con la crisis iraní, Armenia experimenta evidente desasosiego debido a que la crisis iraní puede ejercer una influencia negativa en el problema de Alto Karabaj, en que Estados Unidos pretende desempeñar un papel de mediador interesado.

De momento, las divergencias principales giran en torno al asenso de Bakú a otorgarle a Alto Karabaj el derecho a la autodeterminación y convocar consulta pública cuyos resultados son evidentes ya ahora. Sólo en este caso Armenia estaría dispuesta a hacer concesiones y devolverle a Bakú el control sobre las áreas de Azerbaiyán (exceptuando Alto Karabaj) ocupadas ahora por grupos paramilitares armenios. De momento Alíev se opone tajantemente a la celebración del referéndum, porque de hacerlo debilitaría sus posiciones en el país, dando pábulo para las críticas por parte de la oposición.

Ahora los norteamericanos no dejan de realzar su papel de intermediario honesto en las negociaciones sobre Alto Karabaj, tratando de influir en igual medida sobre ambas partes. Pero se impone esta interrogante: si EE.UU. muestra tanto interés por el territorio de Azerbaiyán como plaza de armas para la operación militar contra Irán, ¿cómo la Administración USA piensa compensarle a Bakú los enormes riesgos políticos citados arriba?
Como mínimo, Washington podría apoyar la variante azerí de arreglo del conflicto en torno a Alto Karabaj, inaceptable para Armenia. Como máximo, Washington haría la vista gorda del eventual intento de empleo de la fuerza armada por Azerbaiyán. No es casual que el líder de la oposición armenia, Stepán Demirchán, haya manifestado: “La guerra en Irán tendrá consecuencias nefastas para toda la región”, agregando que sería catastrófica tanto para Alto Karabaj como para Armenia.

Ello no obstante, tal variante de desarrollo de los acontecimientos tiene pocos visos de hacerse realidad, pero el propio hecho de existir tal hipótesis no puede por menos de suscitar inquietud tanto en Ereván como en otras capitales de los países de la CEI, interesados en la solución negociada de los conflictos en el espacio de la Comunidad.

De este modo, las probables acciones militares de Estados Unidos en Irán provocarían no sólo considerables víctimas humanas (también a consecuencia de los golpes de represalia iraníes) sino que agravarían los conflictos larvados, provocando una reacción en cadena de signo negativo con consecuencias impredecibles.
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Alexei Makarkin es Director General adjunto del Centro de Ingeniería Política, para RIA Novosti

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