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¿Cuándo se va a cicatrizar?

Alexander Borovoi
Redacción
miércoles, 26 de abril de 2006, 20:31 h (CET)
La palabra “Chernobyl” se ha hecho para todos un sinónimo de herida nuclear causada a nuestro planeta a raíz de un accidente industrial. A 20 años esta herida aún no se ha cicatrizado. Igual que antes, miles de kilómetros cuadrados en Ucrania, Bielorrusia y Rusia permanecen baldíos. Esta tierra no sirve para la vida y la economía. Decenas de miles de personas que abandonaron sus hogares debido al peligro de radiación no pueden retornar a sus casas. En la central atómica de Chernobyl, que fue el epicentro del accidente, tampoco las cosas andan bien. En nuestra prolongada guerra con el accidente lo más importante ahora es ganar la batalla por construir un nuevo refugio del cuarto bloque destruido. Sólo después de lograr esta finalidad la herida de Chernobyl podrá comenzar a cicatrizarse.

Quiero evocar un simbólico episodio de hace diez años. A fines de septiembre de 1996, llamaron de la embajada norteamericana en Kíev al Instituto Kurchatov con sede en Chernobyl. “Todos los periódicos dentro y fuera de Ucrania dicen que en el sarcófago de la central ha aumentado el flujo de neutrones, desarrollándose una reacción en cadena que escapa a todo control -, decía un funcionario de la embajada -. ¿Hasta qué punto es peligroso esto? ¿No es hora de prepararnos para evacuar a los ciudadanos norteamericanos desde Kíev?” Tenía agotada mi paciencia: las llamadas no me dejaban trabajar, haciendo todo el uno la misma pregunta. Decidí bromear y le pregunté al norteamericano: “Dígame, por favor. ¿La evacuación cuesta caro?” “¡Muy caro! -, me dijo con calor. “Entonces, págueme el 1% de su costo, y le garantizo su total seguridad de la vida en Kíev”. Oí sonrisa en el auricular: “Disculpe. Nuestro temor parece ser otra manifestación de “síndrome de Chernobyl” -, explicó mi interlocutor.

Es verdad que el “síndrome de Chernobyl” no se pasará mientras sigue siendo peligroso el Sarcófago o, mejor dicho, el Refugio erigido sobre el cuarto bloque que había explotado. Recuerdo el año 1996 porque ese año marca un jalón importante en la historia de Chernobyl después del cual comienza una nueva etapa de lucha por la seguridad del Sarcófago. ¿Por qué hasta ahora esta instalación capta la atención general? ¿Para qué los físicos del Instituto Kurchatov desde hace ya veinte años viajamos desde Moscú a Chernobyl y junto con especialistas ucranianos nos ocupamos de los problemas de la seguridad?
Todos estos años, siempre que me acerco al Refugio, siento que me estoy con el alma en un hilo. Hace unos años el edificio fue pintado pero el Sarcófago no se hizo más ameno. Representa un edificio enorme en forma de codo, de una altura de edificio de 20 plantas y cuyas dimensiones son de 200 por 200 metros. Está hecho de acero y hormigón. Por dentro tiene cerca de mil locales sumidos en oscuridad. Una parte de estos locales se han conservado, otros están destruidos y otros representan ruinas quemadas.

Muchos locales contienen combustible nuclear irradiado que la explosión había arrojado desde el reactor. El Refugio tiene en total cerca de 180 toneladas de este combustible (17 millones de curios). ¿Qué amenaza representa para la gente y el medio natural? El mayor peligro reside en la eventual salida de polvo radiactivo desde el Sarcófago. Lo llaman a menudo “polvo de plutonio” porque entre otros radionucléidos contiene también isótopos de plutonio cuyo período de desintegración durará miles de años. Después del accidente el polvo se posó en el suelo, cubre las estructuras destruidas y penetró en las paredes y el techo. Una parte se halla suspendida en el aire en forma de aerosoles. La emisión de polvo puede ser provocada por cualquier cosa de las que la más grave puede ser el derrumbe de las estructuras superiores del Refugio.

Para comprender por qué este derrumbe puede ocurrir hay que retornar hasta aquellos días de mayo de 1986 cuando la Comisión del Gobierno Soviético decidió que era necesario aislar el bloque destruido a toda costa y en plazos brevísimos. Los proyectistas tenían dos variantes. La primera consistía en crear un enorme refugio- hermético y de paredes gruesas que cubriera todo el bloque. La segunda implicaba utilizar como soporte las estructuras del bloque conservadas, colocar sobre ellas unas vigas que taparan la zona destruida. Luego fijar a las vigas la techumbre hecha de tubos y chapas metálicos, erigiendo por la parte del Oeste y Norte las paredes laterales de acero y hormigón.

Un estudio pericial mostró que la ejecución de la primera variante hubiera requerido enormes gastos y mucho tiempo. Por lo tanto, se optó por la segunda variante. Gracias al valor, abnegación y alto profesionalismo de decenas de miles de personas, este gigantesco Refugio fue construido en un plazo fantásticamente breve: seis meses. Mas, lamentablemente, la técnica no admite milagros. Si se gana en uno, se pierde en otro.

Las viejas estructuras utilizadas como soportes no eran absolutamente fiables porque habían sufrido una explosión y un incendio. Los fuertes campos de radiación imposibilitaron comprobar su solidez y resistencia reales. La mayor información al respecto se obtenía mediante fotos sacadas desde el helicóptero. Son justamente estos soportes los que inmediatamente después de terminada la obra comenzaron a preocupar. Si uno de ellos se corre por alguna causa (digamos, un terremoto), luego se ha de esperar el “efecto dominó”: las demás estructuras no tardarán en caer, produciéndose lo que los especialistas extranjeros calificaron de “colapso del Refugio”. Las estructuras caerán dentro de los locales donde hay mucho polvo radiactivo que será arrojado al espacio circundante.

Físicos rusos, ucranianos y alemanes intentaron calcular las consecuencias de este accidente. Los resultados salieron similares. Se desprende de estos cálculos que si se produce este derrumbe la gente que trabaja en la central de Chernobyl podrá ser afectada gravemente (la central hace tiempo que está cerrada pero el programa de eliminación de sus consecuencias no ha cesado un instante). Luego el polvo radiactivo se propagará a una distancia de hasta 3 km y se posará en la tierra. Esto, a condición de que el viento sea ordinario, de unos metros por segundo. La única esperanza reside en que en la zona de Chernobyl los huracanes son muy raros.

Unos tres años después del accidente, los que efectuábamos investigaciones dentro del Refugio teníamos absolutamente claro que la instalación representa un peligro potencial que irá aumentando con el decurso de años. ¿Por qué? Todo está en el agua. Los métodos de construcción a distancia que utilizamos debido al alto grado de radiación no permitieron hacerlo hermético. La superficie total de las hendiduras en
el Refugio es de casi mil metros cuadrados. A través de estas hendiduras, todos los años penetraban dentro hasta 2000 metros cúbicos de aguas pluviales y de deshielo. La humedad corroía las estructuras, disolvía el combustible y hasta podía ocasionar (en caso de realizarse el pronóstico más pesimista) una reacción en cadena incontrolable.

En 1989, mi jefe S. Beliaev y el autor de estas líneas escribimos una carta al ministro de construcción de máquinas medianas que aquel entonces atendía los problemas atómicos en la URSS. Propusimos retomar la primera variante de construcción: crear encima del Sarcófago una envoltura fiable: Refugio-2. Este debe ser hermético, no dejar pasar adentro agua y afuera, polvo y, desde luego, proteger contra la radiación a la gente que allí trabajaba. Este refugio haría posible desmontar sin prisa y con el máximo de precauciones el bloque destruido, sacar y enterrar el combustible y los materiales radiactivos.

La propuesta fue objeto de acaloradas discusiones y al fin fue aprobada. Desde 1990 comenzaron a considerarse diversos proyectos de Refugio-2. Pero en 1991 la Unión Soviética se desintegró, y Ucrania se hizo un Estado independiente. De ahí que la central de Chernobyl cayó bajo la jurisdicción ucraniana. La idea de crear el Refugio-2 fue aprobada por el Gobierno ucraniano pero su ejecución práctica requería enormes medios técnicos y recursos financieros que el país no estaba en condiciones de proveer.
Se tuvo que gastar mucha energía y mucho tiempo antes de que se lograra acordar crear el “Fondo de Chernobyl” especial para la construcción del Refugio y convencer a los países occidentales de transferir medios indispensables a su cuenta (ahora se trata de mil millones de dólares). En 1996 se acordó en principio crear el fondo. Esta es la razón por la cual considero el año 1996 un jalón importante para quienes ha luchado por la seguridad del Sarcófago.

A raíz de largas investigaciones y propuestas hechas por especialistas rusos y ucranianos quedó desarrollado Shelter Implementation Plan (SIP), o sea, el Plan de ejecución de trabajos en el Refugio-2. El plan estipulaba varias fases importantes: proseguir las investigaciones necesarias; reforzar las estructuras más débiles del Sarcófago, estabilizándolas por un plazo de 10-15 años, mientras se ejecuten los trabajos de construcción del nuevo refugio; construir una envoltura nueva para cubrir el refugio viejo; desmontar bajo la protección de esta nueva envoltura los restos del reactor destruido, sacarlos y enterrarlos. Han pasado 8 años desde que este plan comenzó a ponerse en práctica.

Veamos los resultados. Los logros de los primeros años distaban mucho de impresionar. Se gastaron decenas de millones de dólares, redactaron miles de páginas de informes que no contenían nada nuevo. Todos estos hechos despertaron inquietud entre los dirigentes ucranianos, en el “Fondo de Chernobyl” y en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo que administra los medios del fondo.

Las medidas adoptadas al respeto han servido para mejorar la situación. Ya se ha ejecutado casi la mitad de los trabajos para estabilizar las estructuras del refugio. Todos los días trabajan en la obra cientos de personas por cuya seguridad velan dosimetristas y radiofísicos. Está próximo a finalizar la instalación del sistema de monitoreo de combustible que aún queda dentro de los locales. Lo fundamental es que de un momento a otro comienza la proyección ejecutiva y luego, los trabajos de construcción y montaje para crear la nueva envoltura: el Refugio-2. De evaluar lo que pasa con optimismo reservado es de esperar que todo el trabajo finalice dentro de 3-4 años. El edificio viejo quedará cubierto por un arco gigantesco que será cubierto por ambos lados. Este nuevo Refugio debe servir un siglo como mínimo.

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Alexander Borovoi es colaborador del Centro Científico de Rusia “Instituto Kurchatov”, miembro de número de Academia de Ciencias de Nueva York, experto del OIEA en accidentes nucleares, para RIA Novosti

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