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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Pekín y Washington interpretan de forma distinta la responsabilidad global

Dmitri Kosyrev
Redacción
martes, 25 de abril de 2006, 21:47 h (CET)
Con las negociaciones que el presidente de EE.UU., George Bush, sostuvo con el presidente de la RPCh, Hu Jintao, se ha cerrado el círculo lógico de política global a nivel cumbre con respecto a Irán.

Como era de esperar, el líder chino dijo “no” a toda acción de fuerza contra Irán, por ejemplo, las sanciones de la ONU, al declarar en la conferencia de prensa final que se puede salir de la crisis nuclear iraní por vía diplomática.

Lo cual era de prever, por ejemplo, después del encuentro diplomático en Moscú, el día de la partida de Hu Jintao para EE.UU. , cuando se reunieron viceministros de Asuntos Exteriores de los países miembros del Consejo de Seguridad de al ONU más uno de Alemania. Rusia y China, dos países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad, de hecho confirmaron en el encuentro que no habrá sanciones que éste apoyaría porque Moscú y Pekín se opondrían. Difícilmente se podía esperar que el líder chino cambiaría de actitud. De modo que ahora Washington tendrá que decidir qué hacer: aceptar entablar negociaciones con Irán (esta idea circula en los medios diplomáticos), emprender una acción armada a solas o hacer algo más.

¿Por qué Irán mantiene esta postura? Imaginémonos una variante extrema que EE.UU. tanto teme. Es decir, un Irán poseedor de bomba atómica y dominante en el área del Oriente Medio donde por obra de EE.UU. ha desaparecido Irak como viejo contrapeso a la influencia iraní.

Para EE.UU. ello significaría casi una catástrofe. ¿No sería grave este giro de acontecimientos para China? Es dudoso. Pero el hecho de que el 15% del petróleo que China importa provenga de Irán y que éste encabece la lista de los suministradores de petróleo a Pekín es mucho más serio. Igual que el contrato que China tiene firmado para la adquisición de 250 millones de toneladas de gas iraní licuado durante 25 años.

Ahora imaginémonos otra variante extrema de desarrollo de acontecimientos en torno a Irán: la operación militar de EE.UU. contra ese país. Una operación completa, con la ocupación del país, a imagen y semejanza de la que se lanzó contra Irak. Desde luego que la mayoría de los expertos opinan que EE.UU. no estará a las alturas de esta tarea por varias razones. Mas, supongamos que lo logre. En tal caso, el problema principal para Pekín no será ya Oriente Medio sino la cuenca del Caspio y el Asia Central.

La presencia de la maquinaria bélica norteamericana en la cuenca del Caspio puede significar un descalabro de la política centroasiática de Moscú y Pekín (que la coordinan en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghai). El oleoducto de 386 km que se piensa construir desde Irán hacia el Norte del Caspio, donde petróleo iraní tendría que entrar en el oleoducto Kazajstán – Sinkiang, es sólo uno de los proyectos que resultará torpedeado o tomado bajo el control de EE.UU. La frontera Noroeste de China, protegida mediante convenios de seguridad y cooperación económica, volverá un gran problema. Las claves de su solución estarán, en el mejor de los casos, en manos de Washington. Y en el peor (si se toma en cuenta la triste experiencia de Irak y el caos subsiguiente que reina en ese país), en manos de nadie.

La propuesta de llegar a ser “accionista responsable” de la comunidad internacional se ha hecho, incluyendo por boca del presidente estadounidense durante la reciente visita de Hu Jintao. En tal caso el invitado chino podría haber hecho esta pregunta: ¿por qué las intenciones de otro “accionista responsable”, o sea, de EE.UU., con relación a Irán parecen evidentemente como intentos de tomar bajo su control las principales vías de suministro de petróleo a China? ¿Será esta la manera procedente de tratar a su socio?

¿Por qué, además, parece igual la política que EE.UU. aplica en Sudán (más del 5% de petróleo en el balance energético de China), por qué la negativa de EE.UU. de hallar una fórmula de compromiso con Corea del Norte en una crisis parecida a la iraní también atenta contra la estabilidad de China?

Es cierto que Pekín no es el único que puede tener esta sensación. Los militares norteamericanos en el Caspio crean también problemas semejantes para Moscú: la “cuña” militar norteamericana entre China y Rusia, la amenaza para muchos proyectos energéticos relacionados con la vecina Turkmenia y otros países del Asia Central… La crisis coreana también amenaza por igual a Pekín y Moscú.

¿Puede que el problema no esté en Irán o Corea del Norte, máxime que no existen hechos probados de que estos países hayan obtenido armas nucleares? ¿Puede que el quid del problema esté en los intentos de EE.UU. de tomar bajo su control el proceso de promoción de China como potencia mundial? ¿Quizás también para privar a Rusia de su política oriental en que va logrando mayores éxitos?

Pekín tiene criterios propios de cómo debe estructurar relaciones en el marco de la sociedad anónima global. La ruta misma del viaje de Hu Jintao a EE.UU., que comenzó por la visita a la empresa “Boeing” en Seattle (costa del Pacífico), sirve de una especie de contrapropuesta tácita de China a la actual política estadounidense. La empresa “Boeing” gana exportando a China 4 mil millones de dólares al año y no es la única empresa norteamericana que tanto depende de Pekín. Siendo tercera potencia comercial del mundo, después de EE.UU. y Alemania, China ha logrado esta posición en gran medida gracias a las inversiones norteamericanas en la producción china. Las inversiones se hicieron para fabricar en China productos destinados luego al mercado norteamericano. Pero para proseguir este proceso Pekín necesita suministros estables de materias primas energéticas.

Por lo tanto, el simbolismo de la visita del líder chino a EE.UU. puede interpretarse de este modo: “nuestras economías están estrechamente entrelazadas, siendo las aventuras bélicas en Irán o en otros lugares semejantes demasiado peligrosas para el desarrollo de tanto China como EE.UU. Por eso Pekín se opone a estas aventuras y llama a América a asumir la misma postura”.

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Dmitri Kosyrev, para RIA Novosti.
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