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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Bipolaridad acuciante

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 24 de abril de 2006, 21:51 h (CET)
Somos demasiado propensos a delimitar las cosas, ponerles fronteras o DEFINICIONES; esa misma tendencia nos conduce a una fijación de la atención, sólo en lo más llamativo. Eso refleja una carencia indudable, por que las entidades y seres de este mundo nos ofrecen una enorme cantidad de matices, inagotable fuente de variedades. Aquella carencia citada hace aguas ante la riqueza de expresiones vivas; aspectos y miradas múltiples. ¡Hay tantas perspectivas posibles!

A todo esto se añade una MALICIA, no calibramos de la misma forma las propiedades de los demás, como las nuestras. Muy exigentes para calificar a los otros, tenemos amplitud de criterios, manga ancha, para describir lo propio. Como resultará fácil de predecir, los adjetivos o etiquetas inconvenientes tenderán a recaer sobre los demás, nos apropiaremos de lo bondadoso y recomendable. Por eso no somos muy de fiar, simplificamos demasiado los calificativos y siempre somos de lo mejorcito; la maldad o inconveniencia serán ajenas.

Abocados a las actividades diarias, sean profesionales, sean privadas, o labores sociales; las tendencias anteriores nos arrastran por caminos e ideas complejos. Esa dificultad nos hará buscar puntos de referencia, siendo por ello muy manido el recurso de situarnos reflejados entre los extremos. Así, entre rico o pobre, alto-bajo, luz-oscuridad, hiperactivo-pánfilo, bueno-malo, o tantos otros ejemplos. La desidia nos impide calentarnos más el caletre en busca de otros matices para profundizar en ese conocimiento. Y la malicia referida, favorece la denominación más bondadosa o perversa según a quién vaya dirigida. Siempre discurrimos entre esa POLARIDAD de fondo, poco adecuada ante la diversidad, pero cómoda en planteamiento simplista.

Entre esas ubicaciones más o menos polares, todos oscilamos en cuanto a los estados de ánimo. O lo arrastramos, de tan pesado y pusilánime; o nos lleva en volandas durante las fases más favorables. Este es un comportamiento pendular del que todos disponemos de una cierta experiencia. Unas veces podríamos con todo y otras no salimos del pozo. Por fortuna no alcanzamos los extremos y así van nuestras aventuras.

Y además, pobre de usted si se aproxima en demasía a los polos, vivimos en ambientes con una propensión atroz al uniformismo. Eso de esforzarse para la comprensión de otros comportamientos no se lleva, es de otro tiempo o quien sabe si de otro mundo. Todavía, si estuviéramos ante algún ansioso, maníaco, impulsivo, muy activo; sabríamos a que atenernos. Algo similar ocurrirá si enfrente tenemos a una persona depresiva, aturdida, con tendencia al hundimiento psico-físico o con poco dinamismo. Es decir, una cierta tolerancia si estamos ante un polo u otro.

La sociedad, o vamos a precisar mejor, los demás individuos que la constituyen, no enlazan fácilmente con las tensiones, con las preocupaciones de aquellos cuyo sino es cambiar con fuerza, de MUY ANSIOSOS a MUY PASIVOS, o a la inversa. Siempre se les ha clasificado dentro de lo malo, endemoniados, locos bipolares, terroristas. Recordemos el ejemplo reciente del pasajero abatido a tiros en un avión de EEUU, pese al aviso de que padecía un síndrome bipolar no se anduvieron con contemplaciones. La comprensión social no es encomiable para estos casos.

Sin embargo, es habitual que las personas discurran entre actitudes enfrentadas, incluso simultáneas; uno hace lo posible ante esas actitudes dispares, lo sobrellevará como mejor pueda. Dentro de uno mismo circulan esas polaridades. ¿Cómo las domesticaremos?¿Cómo transformarlas en impulsos creativos? También podremos despreciar alguno de los polos, como refleja Mario Benedetti en su cuento"El Otro Yo".

En ese relato, el protagonista es Armando Corriente; buen apellido para indicar el común denominador. El tal Corriente era vulgar, descuidado, irreflexivo, de puro instinto y existencia rampante, por aquello de escasa economía, con luces poco activas para mejores criterios. Ahora bien, Corriente disponía de su OTRO YO, enamoradizo, embebido con los atardeceres, fiel a la música de Mozart, cuidadoso. No deberá extrañarnos, aquel otro yo -ese otro polo- le resultaría cargante al muchacho. Tanto despotricó contra la poesía y cualidades de su compañero forzoso, que su otro yo se suicidó. Con su vulgaridad se quedó, no alcanzaba ni alegría ni felicidad; por no tener, ya no disponía ni de capacidad para la nostalgia, sólo sufría un peso indefinible en su pecho.

Es muy importante la COMPENSACIÓN entre los impulsos. Primero, porque no se conoce la perfección, tampoco en esto, cada polarización entraña sus inconvenientes. Segundo, cada momento vital exige cualidades apropiadas y diferenciadas, lo que resulta bueno en una situación de duelo, quizá no lo será en actos profesionales. La persona, aunque la observemos en el plano individual, está constituída por múltiples facetas, y con ellas, es portadora de características diferentes.

Por lo tanto, asumamos las tendencias y los impulsos, no deberá importarnos el número de polos. En sí, no es la cuantía lo que importa, sino lo que hagamos con todo ese material. Vistos así, como estímulos y potencialidades, sean bien recibidos los polos distintos, deberemos prepararnos con una educación conveniente, para aprovechar así todos los elementos constitutivos del hombre. Unas veces bregaremos y ensalzaremos la bipolaridad, otras la triple y las más, nos serviremos de un sinfín de posibilidades.

Estamos implicados en decisiones significativas y las podemos afrontar con orientaciones variopintas. La bipolaridad o las polaridades múltiples aportan esa parte de la vida que nos ofrece la libertad de decisión. Simpáticos o no, insolidarios o solidarios, como con el resto de las disyuntivas. Cuando nos aburramos, nos agotemos de tantas inseguridades, o nos sintamos impotentes para variar las posiciones, quizá sea bueno el recuerdo de todo lo contrario, del peligro que conlleva una conducta o pensamiento MONOPOLAR, tan frecuentes hoy en día como a lo largo de la historia. Ese piñón fijo de la mente responsable de tantas malignidades y despropósitos.

Acuciados por los extremos, fascinados por la vida y comprometidos con una creatividad solidaria. ¿Será posible?

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