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La educación como tema de conversación en el G-8

Boris Zhelezov
Redacción
lunes, 24 de abril de 2006, 21:57 h (CET)
La presidencia de Rusia en el G8 le permite elevar su estatuto en este prestigioso club de líderes del desarrollo social, político y económico.

Hasta estos últimos tiempos, pese al reconocimiento formal de la transformación del G7 primero en el G7+1 y después en el G8, el debate en torno a la mayoría de los problemas adquiría un carácter de diálogo entre Rusia y el ex G7 o de asistencia de Rusia al debate que desarrollaba dicho Grupo.

El asunto no se reducía a la inercia del pensamiento político de unos u otros líderes, ni a la disparidad de los indicadores económicos dentro del G8, ni a las valoraciones subjetivas de la posibilidad de influir el Grupo sobre el resto del mundo. Simplemente Rusia, por lo menos en la década del 90, a menudo era fuente de numerosos problemas que representaban en sí un reto para los demás participantes del foro. Al propio tiempo, muchos problemas de los primeros siete miembros del G8 y los de terceros países que ellos debatían interesaban menos a Rusia, por ejemplo, tales como la seguridad de los objetivos nucleares o la ayuda a los países africanos (Rusia simplemente no podía prestarla en volúmenes sustanciales en aquel entonces).

Vladimir Putin, en su artículo que a comienzos de marzo fue insertado en muchos medios noticiosos extranjeros, definió al G8 como uno de los mecanismos clave de coordinación de enfoques de la solución de los más importantes problemas de desarrollo mundial.

Pero es de notar que lo de coordinar enfoques no siempre significa tomar decisiones que pueden realizarse. Por algo - a diferencia de la mayoría de las más prestigiosas organizaciones internacionales, cuyos miembros asumen compromisos vinculantes – el G8 se limita a emitir declaraciones, comunicados, protocolos y otros documentos que no son de cumplimiento obligatorio. Y muy a menudo no se cumplen. Según datos del centro analítico independiente de la Universidad de Toronto, que a lo largo del último decenio sigue cómo se materializan las intenciones declaradas en los documentos del G8, sólo una tercera parte de éstas se traducen en actividad concreta.

Aunque se observa la tendencia general de aumentarse la parte correspondiente a las decisiones del G8 que se cumplen, tienen la mayor probabilidad de realizarse las atinentes al tema de seguridad (un 70%). En materia de educación (entre ello en la contribución a la realización del programa de la ONU “instrucción para todo el mundo”) tales indicadores tan sólo exceden un poco el 50%.

Se debe hacer constar que hasta estos últimos tiempos Rusia ha ocupado los últimos lugares en el G8 en cuanto al nivel de cumplimiento de los compromisos asumidos. Pero por muy poco vinculantes en lo jurídico que sean los foros del G8, es obvio que el prestigio de sus miembros se determina en mucho grado por su capacidad de plasmar las declaraciones hechas en la política real.

Hoy día, como país presidente del Grupo, Rusia ha obtenido el derecho a determinar la agenda para la próxima reunión en la cumbre, o sea las decisiones que ella puede y quiere cumplir.

La energía, las enfermedades infecciosas y la educación, elegidas para debatir en la reunión, representan en sí un conjunto de temas bastante equilibrado desde el punto de vista del interés que sienten por ello todos los miembros del G8, incluida Rusia.

De estos tres puntos, la educación ocupa un lugar especial, ante todo porque es un valor social especial para la sociedad rusa, a la par con el estudio del espacio y las modalidades deportivas olímpicas, donde los logros de Rusia se reconocen en el mundo entero.

Actualmente, el país de hecho no tiene una política de educación destinada para la “exportación” y avalada en el aspecto financiero. En el mercado mundial de enseñanza, la parte de Rusia es menos del 1%, mientras que a América del Norte y Europa Occidental les corresponden un 30 por ciento, y la parte del Japón aumenta del año en año, no en el último lugar gracias al apoyo político y financiero concreto que le prestan los primeros. Los resultados que arroja el cotejo internacional de los hábitos prácticos adquiridos por los escolares (PISA) colocan a Rusia en la parte de abajo de la lista de 41 países donde se realizó el sondeo. Se debe reconocer también que el estado del sistema de enseñanza patrio y los métodos con que se pretende reformarlo provocan valoraciones contradictorias dentro del propio país.

Pero por otra parte, Rusia es un país que posee experiencia única, tanto histórica (de la década del 20 del siglo pasado) como contemporánea (si se tiene en cuenta Chechenia) en lo de garantizar y mantener la alfabetización general en condiciones socio-económicas muy pesadas. Rusia es también líder en el G8 en cuanto a la rapidez de propagación de la informatización elemental entre las vastas capas de la población, que es un capital muy útil que puede exportarse a países problemáticos.

La participación activa de Rusia en programas internacionales apuntados a mejorar la calidad de la enseñanza, homologar los sistemas de valorización de los conocimientos e introducir tecnologías que estimulen un estudio permanente, a lo largo de toda la vida: son las cuestiones que van a debatirse en la reunión del G8 en San Petersburgo y al propio tiempo coinciden en alto grado con los objetivos declarados en el proyecto nacional de desarrollo del sistema de enseñanza, así como pueden ejercer una influencia positiva sobre la calidad de las corrientes migratorias y el desarrollo socio-económico de terceros Estados. El país anfitrión de la reunión está interesado él mismo en que las declaraciones que se hagan en ésta sobre el tema de la educación no queden en el papel.

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Boris Zhelezov, vicerrector de la Escuela Superior de Economía, para RIA Novosti.

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