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Opinión
Etiquetas:   Venezuela   Guaidó   Política  

Venezuela electrocutada

El mega-apagón del 7 y 8 de marzo y los anteriores han dejado sin luz a hospitales, afectando partos, operaciones y tratamientos
Isaac Bigio
viernes, 15 de marzo de 2019, 14:19 h (CET)

En vísperas del día mundial de las mujeres Venezuela sufrió el peor apagón que se ha dado en la historia de las Américas. Al menos un 70% de sus 32 millones de habitantes se quedaron sin luz, y en muchos casos durante más de 24 horas. Nunca antes se había visto en el mundo un país con el tamaño del territorio, de la población y de los grandes recursos energéticos que tiene la república bolivariana viéndose sumida en las tinieblas, sin que se haya producido un solo bombardeo militar.

Apagones
El gobierno central y la administración de la empresa eléctrica estatal de Venezuela sostienen que han sido objeto de un sabotaje que se ha dado en varias etapas. Primero empezó entre las 4 y 5 pm del jueves 7, luego cuando se estaba reparando a las 7pm vino otro, y cuando mejoraban vinieron otros dos más al día siguiente. Afirman que en distintos momentos se han combinado una acción interna de algunos “saboteadores” con ataques cibernéticos y electromagnéticos de alta calidad, los cuales solo pudieron haber sido hechos por una potencia que poseyese sofisticada tecnología.

En su discurso del 9 de febrero el inquilino del Palacio de Miraflores sostuvo que este último apagón es una larga cadena de atentados terroristas al servicio eléctrico venezolano, algo que lleva años y que ha causado la muerte de unos 200 operarios.

El mega-apagón del 7/8 de marzo y los anteriores han dejado sin luz a hospitales, afectando partos, operaciones y tratamientos, han quitado la refrigeración a decenas de millones de venezolanos malogrando productos básicos desde leches a carnes en un país tropical donde el calor descompone lo que no se mantiene helado y que sufre escasez, han paralizado hornos y fábricas, algunos que si paran se estropean los procesos productivos, etc. Todo esto debe haber costado decenas de vidas y cientos de millones de dólares en pérdidas materiales, generar o agravar mucho más enfermos, obstruir puertos, aeropuertos, ministerios y todo tipo de comunicaciones de comunicaciones así como de establecimientos, y debe haber sembrado condiciones para el incremento de la delincuencia y las epidemias.

Por supuesto que debe haber gente que dude de esa versión. Algunos dirán que dicha falla se ha debido a falta de inversiones, mantenimiento o eficiencia. No obstante, lo que llama la atención es la actitud de EEUU y del “Presidente Encargado” que ellos reconocen para Caracas.

Sendero
Al respecto, vale la pena comparar la reacción de estas mismas fuerzas con respecto a los apagones venezolanos de esta década con la que se dieron en Perú en los ochentas y noventas. En esta última república su capital y todas sus principales urbes y regiones llegaron a conocer en distintos momentos cortes de luz, los cuales eran ocasionados por la “guerra popular” maoísta que volaba torres eléctricas. Entonces, los EEUU y todos los gobiernos europeos y latinoamericanos, así como los partidos peruanos afines a los de la actual oposición venezolana, de manera unánime condenaban estos hechos y se solidarizaban con los presidentes de turno, por más diferencias que tuvieran con él, ofreciendo no solo sus simpatías sino su colaboración para socorrer a las víctimas de esos apagones o prevenir éstos.

En cambio, los EEUU y el “Presidente Encargado de Venezuela” que reconocen, han salido a celebrar ese hecho. El senador republicano de La Florida Marco Rubio twitteó a los pocos minutos del apagón jactándose de ello, Mike Pompeo, el Secretario de Estado de EEUU, aprovechó la ocasión para acusar a Maduro de ahora ya no dar siquiera electricidad y Guaidó dijo que el restablecimiento de la luz solo se dará cuando “cese la usurpación” y él llegue al poder. Otro alto funcionario de EEUU llegó a alegrarse porque este apagón había destruido la poderosa industria de aluminio venezolana.

Un comentarista en SKY News, la principal cadena de noticias privada de Inglaterra, reconoció que en el apagón, si bien pudo haber habido problemas técnicos y de deficiente administración internos, también se había dado una intervención foránea, mientras decía que hasta ese acontecimiento Guaidó estaba declinando. Otro comentarista de la CNN dijo que el apagón podría servir al “presidente encargado” que esta cadena tanto apoya para que capitalice.

Los cortes de luz en Venezuela nos recuerdan a los que la “contra” hacía en Nicaragua bajo auspicio del mismo personal que hoy dirige los servicios especiales de Trump sobre la nación bolivariana.

Guaidó
El propio Guaidó sacó durante el corte de luz un afiche donde llamaba a una gran manifestación al día siguiente “contra el apagón y la usurpación”. Ese sábado 9 la marcha que él hizo tuvo menos gente que la que organizó Maduro (lo opuesto a lo que pasó cuando él se auto-juramentó como presidente el 23 de enero y sus fuerzas eran superiores al oficialismo), lo cual muestra que su movimiento viene perdiendo entusiasmo y energía.

En dicha manifestación Guaidó dijo que su nueva estrategia ahora pasa por hacer una gira a provincias y luego organizar una marcha nacional a Caracas, mientras alerta que en cualquier momento él podría invocar un artículo de la constitución donde la Asamblea Nacional autoriza la presencia de misiones militares extranjeras.


Dicho artículo se refiere a éstas no como fuerzas de intervención u ocupación militares sino como parte de contingentes diplomáticos o fuerzas solicitadas por el Estado. Por lo demás ese mismo artículo señala que el presidente no puede salir del país durante 5 días consecutivos sin pedir una autorización a la Asamblea Nacional, y el supuesto “presidente” Guaidó se fue de Venezuela por 12 dúas, entre el 22 de febrero al 4 de marzo, sin consultar o informar a dicho parlamento y hasta agarrando a sus diputados y amigos por sorpresa.


De hecho hace rato que él se ha puesto al margen de la constitución, la cual afirma que el principal deber de un “presidente encargado” es convocar a elecciones presidenciales en un plazo no mayor de 30 días y él lleva ya dos meses reclamando tal cargo sin haber llamado a ninguna clase de comicios, ni siquiera una como la que el parlamento catalán hizo contra Madrid.


Si Guaidó reclama ser el presidente del ejecutivo debería dejar la presidencia del legislativo a otra persona. No obstante, él concentra esos dos poderes y, además, se da el lujo de ignorar cualquier dictamen del poder judicial, con lo cual él concentra los 3 poderes que en toda república deben mantenerse independientes uno del otro. Por último, él se niega a nombrar un gabinete o ministros, y siempre quiere ser la única persona que aparece, convoca marchas, da línea política y habla, lo cual demuestra un total desapego de normas democráticas.


Oposición electrocutada
Una persona que se niega a dialogar, que quiere sacar ventaja del sabotaje eléctrico, que constantemente llama a más sanciones contra su propio país (siendo los más perjudicados los más pobres) y que, encima, siempre para llamando a una invasión militar de EEUU, es alguien que va a ir perdiendo peso, y que Maduro va a aprovechar para potenciarse (de allí por qué no le apresan y le dejan libre).


Los opositores que quisieran sacar a Maduro del lado del pueblo deberían ponerse, precisamente, de ese lado, y convertirse en los más grandes defensores de los servicios públicos, la defensa, soberanía e independencia nacionales. Empero, los opositores que siguen a Guaidó hacen exactamente lo opuesto dándole fuerza a Maduro para que siga convenciendo a la gente que él es un “títere, payaso y delincuente”.


Guaidó, quien salió iluminado por la media mundial de un momento a otro, podría terminar siendo electrocutado por sus propias declaraciones y actividades. A fin de cuenta él ha demostrado ser un instrumento al servicio de otros, y si se sigue desgastando podrá ser desechado como si fuera un cable quemado.


Maduro, por su parte, juega a “no caer en las provocaciones” y en obligar a EEUU y a sus detractores a sentarse en una mesa. Lejos de querer una revolución y una dictadura comunistas, Maduro quiere mantener una democracia de mercado, y aplicar nuevas medidas socio-económicas en base a un pacto con sectores de la oposición y hasta de las mismas potencias que lo acosan.



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