Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Arte en las calles

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 24 de abril de 2006, 04:22 h (CET)
Estos días en los que las cercanas plantaciones de naranjos traen efluvios de azahar a la primavera valenciana, paseando por una de sus principales avenidas me he encontrado con un museo al aire libre. La Gran Vía del Marqués del Turia se ha llenado de esculturas que, inmóviles sobre sus pedestales, esperan que los paseantes se planten ante ellas y las admiren durante algunos minutos. Cada vez son más las ciudades que entre su mobiliario urbano ofrecen al distraído paseante el plus de poder admirar una obra de arte sin tener que introducirse en ningún museo. También es cierto que, a veces, algún descerebrado atenta contra el arte atacando las obras expuestas o llevándose a casa una parte de ellas como pasó hace algún tiempo con una de las manos de la diosa Cibeles en Madrid. De momento por estas tierras, al parecer, somos más pacíficos y lo único que hacemos es poner motes a las esculturas que adornan nuestras calles y plazas. Así en Valencia desde hace años todo el mundo conoce como “la pantera rosa” a una escultura-fuente que da la bienvenida a los viajeros que llegan del sur y a otra, más reciente, colocada justo donde el Papa dirá su misa a los millares de peregrinos que llegarán este verano hay otra a la que la sabiduría popular llama “el parotet”, es decir, la libélula.

Las estatuas que ahora, gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento de Valencia y la Obra Social de La Caixa, esa entidad tan vituperada hace unos meses, ornan el paseo central de la Gran Vía Marqués del Turia son obra de Igor Mitoraj, escultor nacido en un pequeño pueblo alemán, hijo de madre polaca y padre francés. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial marchó con su familia a Polonia, estableciéndose cerca de Cracovia, donde comenzó a estudiar Bellas Artes. La verdad es que en aquellos tiempos en Polonia, como en el resto de países del Este, reinaba el “realismo socialista” y todas las artes estaban supeditadas al mismo y a su estrechez de miras. Por ello el joven artista, aconsejado por Tadeus Kantor decide marchar a París en la primavera del 1968 para continuar su formación y es allá donde cambia los pinceles por la maza y el cincel decantándose por la escultura como forma de su expresión artística.

A primera vista las obras expuestas al ruido y la polución de Valencia pueden parecer una vuelta al mundo clásico. Las esculturas de Mitoraj recuerdan a los mármoles esculpidos por los clásicos de la antigüedad. Pero todas tienen algo que las hace diferentes a aquellas, hay una recreación del arte clásico en cada una cuando el artista nos muestra torsos estriados, enormes cabezas cuyos ojos son toda una mezcla de etnias, manos amputadas. La imagen antigua y clásica es tan sólo el soporte sobre el que la mirada del artista cincela su visión de la realidad actual.

Es una buena idea la de sacar el arte a la calle. Las estatuas ven cómo juegan los niños, a las madres que pasean con sus bebés en los cochecitos, al paseante aburrido en busca de emociones o al que, tan sólo, ha salido de la oficina bancaria para poder fumar un cigarrillo. Y todos ellos, personajes anónimos que, tal vez, nunca entrarían en un museo se encuentran en él sin tan siquiera notarlo. Hay que agradecer al Ayuntamiento de la ciudad y a La Caixa la oportunidad que han dado a Valencia y sus visitantes para admirar parte de la obra de Igor Mitoraj, escultor con obra permanente en las principales ciudades del mundo.

Noticias relacionadas

Los patinetes de nuestra niñez hoy artefactos motrices de mayores

Un inesperado giro del medio de transporte urbano, que ha cogido con el pie cambiado a los ayuntamientos de las grandes ciudades

Mohamed VI. Liderazgo positivo en el Magreb

Un liderazgo positivo pone a Marruecos al frente de la modernidad, la tolerancia religiosa y el pluralismo en su región

Octogenaria Paca y nonagenaria Ida

La Aguirre octogenaria lee con calma en el escenario. La Vitale vitalista, todavía se queda hasta altas horas de la noche escribiendo

Enrarecido ambiente

Estoy convencido de que es precisa la salida de "cum fraude" del Gobierno para empezar a ver la luz

Política idealista y realista

G. Seisdedos, Valladolid
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris