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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Macrolibrón

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 22 de abril de 2006, 20:27 h (CET)
No es que sea una palabra bella por su significante aunque sí en su significado. La pena es que esta palabra compuesta que apela a lo grande, a lo numeroso, o a un hipotético libro gigante no está en el diccionario de la RAE, es una palabra inventada por nosotros los amantes de la lectura en este mismo año, a raíz de toda la polémica de la practica del botellón por los jóvenes.

Si “macrobotellón” es una apuesta, no por ver quien aguanta más en la bebida, sino por competir distintas ciudades en la afluencia de miles de jóvenes en torno a la diversión, a la fiesta y al alcohol, este inexistente término utiliza el prefijo ciclópeo y al libro lo convierte en una gran convocatoria libresca, en una convocatoria aumentativa de la palabra libro o del mundo de los libros pero no en un librazo, que eso sería un golpe dado con un libro.

Si la botella la agrandamos y obtenemos la palabra botellón o damajuana en México, el libro lo podemos convertir únicamente en términos despectivos como “libracho” o “librote” pero esa no es la intención. La intención de este hipotético “macrolibrón” es convocar a todos los jóvenes y menos jóvenes del mundo hispano a hacer macrolibrón muy de vez en cuando o al menos una vez al año, de forma que quedáramos convocados en ese mismo lugar donde semana tras semana se celebran la fiesta de los botellones.

Hay quien lo anda organizando por ahí para esta noche del 22 de abril, víspera de la celebración del Día Internacional del Libro, segura estoy que ni con apuestas ni con mensajes en el móvil obtendrá tanto éxito como su botellón colega de la bebida, pero sería lindo y hermoso que dicen algunos hispanos una reunión de miles de jóvenes reunidos en torno a los libros, juntos por un “macrolibrón” original aunque eso ocurriera una vez en la vida, no con ánimo de competir con otras propuestas osadas, peligrosas o divertidas que no queremos aquí juzgar ni prejuzgar, no valdría la pena, pero sí la valdría ver a los jóvenes construir un “macrolibrón” constructivo, un “macrolibrón” de ocio y comprobar cómo también podemos divertirnos con los libros.

Y quien dice un “macrolibrón” también puede decir una “macroayuda” al mundo, o al vecino del 5º, la juventud tiene la fuerza y los medios para eso y para mucho más. Ya lo han demostrado. Si somos capaces de reunirnos en miles para disfrutar de espectáculos y “macrobotellones”. ¿A qué esperamos? ¿A qué esperan los jóvenes para mover el mundo aunque sea con un “macrolibrón” en la Semana del Libro que reivindique la lectura y los libros?

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de las instituciones y otros colectivos la realidad es que, como mucho, somos convocados a un “microlibrito” porque ya se sabe que el mundo de los libros siempre pertenecerá a las minorías. Feliz Día Internacional del Libro para todos.

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