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Opinión
Etiquetas:   Sálvese quien pueda  

El abandono

Joan Torres

viernes, 21 de abril de 2006, 23:34 h (CET)
Leo que el año pasado se abandonaron en España un total de 96.530 perros según un estudio de la Fundación Affinity, una asociación que promueve el respeto hacia los animales de compañía. Pero? ¿es una cuestión de respeto? ¿O de modos de vida del ser humano? Es decir, para entender este hecho nos tendríamos que fijar en lo accesorio del consumismo actualmente. Se fomenta el usar y tirar y, en este caso, los perros, indudablemente, se ven implicados al cien por cien.

El caso canino es probablemente la cúspide de un iceberg del que sólo vemos una mínima parte. La condición humana es de carácter impaciente y los pobres perros pagan las consecuencias de ser regalos navideños, de tener pulgas o de dar alergia al bebé, adolescente o progenitor de turno. Razón por la cual, puerta abierta del coche y ahí tienes la carretera, antes cachorrito encantador, ahora chucho apestoso de mierda. (Cabe destacar la frecuente similitud de estos casos con los abuelos. Amigos, no abandonen ni a sus perros ni a sus ancianos).

Pero los perros y los abuelos no son casos aislados, sino síntomas de una tendencia innovadora que hay que potenciar. Las instituciones oficiales no recogen el sentir general, expresado en detalles como los anteriormente
relatados. Es por eso que a partir de ahora el libre albedrío debe regir el quehacer diario de todos. El único límite será la voluntad de cada uno. Los derechos de uno no terminarán donde empiezan los del otro, simplemente, no tendrán límite.

A partir de este movimiento, que preveo multitudinario y exitoso, nadie
abandonará a sus abuelos, ni tampoco a sus perros, claro. Y es que todo estará abandonado y en uso al mismo tiempo. Lo llamaremos Neoanarcomunismo Liberal, sea lo que sea su significado. Coja lo que quiera, coma a su antojo, viva en casas de lujo o en chabolas, trabaje donde y con el horario que desee, decida quién forma parte de su familia y así, sucesivamente. Los puristas me acusarán de crear el caos. Es posible. Quizá la gente deje de ir a misa o ya no coma verdura. Pero son minucias, para muchos imprescindibles, que para fomentar el bien común deberemos obviar.

Por cierto, no oye esos golpes en la puerta. Soy yo que estoy llamando. Abra, que he elegido su casa para los próximos tres días. O los que me dé la gana. Sentado en su butaca esperaré el reconocimiento internacional, quizá el Premio Nobel de Sistemas Políticos. Usted quédese con mi perro y mi abuelo. Disfrute, neoanarca.

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