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Han sido ocho más

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 21 de abril de 2006, 01:47 h (CET)
Cada vez que el calendario nos hace viajar la Dirección General de Tráfico se acuerda de nosotros y además de las multas que los hombres de verde están dispuestos a imponernos alguna mente lúcida del departamento crea un eslogan y un nuevo spot con el que infundirnos el miedo en el cuerpo intentado con ello que las crueles estadísticas de los muertos en carretera sean cada año más bajas. Unos días antes de las últimas vacaciones de la Semana Santa fuimos bombardeados con una publicidad en la que se nos preguntaba si pensábamos salir en vacaciones durante la semana festiva por excelencia. Cuando el presunto sujeto de la pregunta contestaba afirmativamente se le asustaba con la aseveración de que durante esta Semana Santa los muertos en la carretera llegarían al centenar. El año anterior dejaron sus vidas y esperanzas ciento cinco de nuestros compatriotas en las carreteras. Tal vez la Dirección General de Tráfico hizo, en este año, sus cuentas a la baja.

Ahora, cuando ya todos, menos ciento ocho sin contar a los heridos graves, volvemos a estar en nuestro lugar de trabajo vemos que los técnico del organismo que se encarga de nuestra seguridad en los traslados ha errado. La pregunta era macabra, cuando te demandan si sabes que cien personas no volverán a casa a no ser en el negro plástico de la muerte nadie está dispuesto a reconocer que podemos ser carne de cementerio. Pero la vida es así, mala como ella misma, y cada vez que cogemos el coche compramos décimos de esa luctuosa lotería que es la circulación viaria.

Más de uno al oír la pregunta estuvimos a punto de mentar a la madre del preguntador. Nadie, cuando damos la vuelta a la llave del coche pensamos que encendemos una lotería sin billete de vuelta. Todos pensamos aquello de “a mi no va a pasarme”. Todos nos consideramos buenos y excelentes conductores. Pero la dama de la guadaña está acechando en cualquier revuelta del camino. Me ha impresionado una esquela que estos días se ha publicado y que decía “ El alcohol que otro bebió la mató a ella”. Era el recordatorio de una chica de veinte años que nunca llegará a cumplir los veintiuno. Y es un recordatorio para todos nosotros, los que conducimos bien, o así lo creemos, los que pensamos que nunca nos dormiremos al volante hasta que nos pasa, los que nunca pisaremos una raya continua porque somos conscientes del peligro que eso supone. Pero otros, inconscientes, si que lo haran y nos truncaran la vida, ese don que alguien, Dios o quien sea, nos ha dado.

Cada año los muertos en la carretera son muchos, demasiados. Y las causas están entre nosotros. La publicidad nos enseña cada minuto coches que corren más que nadie. Se fabrican automóviles que alcanzan los doscientos cincuenta kilómetros por hora cuando la velocidad permitida es de ciento veinte kilómetros. A pesar de los consejos de las autoridades seguimos sin ponernos el cinturón de seguridad- más de la mitad de los muertos estos días no lo hacían servir- y seguimos conduciendo con una copa de más, o, a veces, con muchas copas de más poniendo en peligro la vida de aquellos que cumplen la normativa a rajatabla.

Pero las autoridades no pueden echar en un saco sin fondo todas estas cosas. No basta con llenar las carreteras de esforzados hombres de verde para llenarnos de multas y hacer caja aprovechando estos días ni de llenar de radares los puntos conflictivos que, al fin y al cabo, todos los conductores conocen ya que incluso hay medios de prensa que publican su ubicación para que intentemos evadirlos. Siguen habiendo tramos de carretera infames, mal asfaltados y con los peraltes al revés, y por encima de todo siguen habiendo conductores suicidas, como eso joven gallego que sin carné de conducir provocó la muerte de su madre y cuatro motoristas y, por encima de todo, seguimos teniendo un Código Penal en el que se cualifican como homicidios involuntarios todos estos hechos. Recuerden tan sólo el caso del famoso bailarín que mató a un hombre, le abandonó y que ni siquiera pisará la cárcel. El año próximo, en Semana Santa, volveremos a tener otra campaña de la Dirección General de Tráfico en la que nos volverán a preguntar si pensamos volver a casa después de las vacaciones y, otra vez más, más de cien personas no volverán a casa.

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