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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Dudoso éxito de las negociaciones entre EEUU e Irán sobre Irak

Marianna Belenkaia
Redacción
viernes, 21 de abril de 2006, 01:47 h (CET)
Irán y EE.UU. se muestran dispuestos a sentarse a la mesa de las negociaciones para tratar la situación en Irak. Dado el carácter más que tenso de las relaciones entre Washington y Teherán, la disposición de los norteamericanos a establecer contactos con los iraníes para tratar la temática iraquí puede calificarse de gesto de desesperación. Pero la cuestión batallona está en que si la reunión de los representantes de los dos países se celebra es dudoso que limiten las negociaciones al único tema de Irak.

Es muy probable que los iraníes quieran tocar temas como la situación general en el área, el problema palestino y, desde luego, la suerte del programa nuclear iraní. Washington aseguró, no obstante, que no piensa entablar negociaciones de ningún género sobre el problema nuclear a espaldas de la comunidad internacional.

Es de pensar, no obstante, que sería conveniente abrir una nueva vía en la solución de la crisis iraní que no sea a socapa, de manera que no lo sepan los demás mediadores internacionales, incluidas Rusia y la Unión Europea, sino que goce de su apoyo tácito. Esto es porque el problema del expediente nuclear iraní no puede resolverse sin que se entable un diálogo activo, amplio y constructivo, como tampoco pueden resolverse otros problemas, incluido el iraquí.

Desde luego que ahora que la atmósfera en torno a Irán se pone densa, cuesta trabajo creer que Teherán y Washington se vean en principio a la misma mesa de las negociaciones, cualquiera que sea el objeto de discusiones. Sin embargo, de momento ni los americanos ni los iraníes han manifestado aún que renuncian a las reuniones previstas. Pero no se sabe dónde ni cuándo éstas se celebrarán.

Al decir del embajador estadounidense en Irak, Zalmai Khalilzad, las negociaciones no comenzarán antes de que en Bagdad se forme un nuevo Gobierno para que no dé la impresión de que son justamente Irán y EE.UU. los que deciden la política iraquí.

Mas, en realidad esto es justamente lo que pasa en buena medida. Más aun, estos dos países ejercen mucha influencia sobre la situación tanto en Irak como en todo Oriente Medio. Desde luego que tampoco pueden despreciarse otros factores regionales, concretamente, Arabia Saudita y Egipto. Pero el hecho es que toda la política en Oriente Medio depende ahora principalmente de las relaciones entre Teherán y Washington. Ello se refiere en especial a puntos tan críticos como Irak, Siria, el Líbano y Palestina.

El quid del problema está en que Irán es un Estado chiíta que sirve de centro de atracción para numerosos chiítas que residen no sólo en Irak sino en Oriente Medio en general. Ello se ve ante todo en cuatro países arriba mencionados. La guerra de Irak ha dado impulso a unos procesos en que la autoidentificación a través de la creación del Estado nacional, hecho típico del siglo XX, cede a la autoindentificación religiosa.

El nacionalismo no ha sido capaz de resolver los problemas de Oriente Medio ni llevado la mayoría de los países a la prosperidad y estabilidad, siendo por tanto natural que la gente retorne a las fuentes de su cultura. Las comunidades etnoconfesionales en épocas borrascosas como las de ahora, siempre han brindado ayuda a sus miembros, tanto financiera como política, y siempre han infundido sentimientos de protección. Si el Estado como sistema se muestra incapaz de protegerte, sus ciudadanos no tienen otra opción. Unir lo que está desunido no es fácil. Y una prueba de ello es Irak. El problema está en quién será el siguiente y qué clase de ayuda le prestará Irán a este “siguiente”. Este es el quid de los problemas que Washington necesita tratar con Teherán.

Mas, para que la política que Irán mantiene en Irak y en los países vecinos deje de preocupar a EE.UU. es preciso o dar solución, en forma general, al problema de las relaciones norteamericano-iraníes o los intereses tácticos de los dos países deben coincidir al menos en parte, como, por ejemplo, ocurrió durante el derrocamiento del régimen talibán en Afganistán. Aquel entonces, las relaciones entre Teherán y Washington eran dominadas por un entendimiento mutuo insólito después de la revolución islámica. En aquel período muchos expertos hasta pronosticaban un posible arreglo de las relaciones norteamericano-iraníes. Mas, después de que Irán quedó catalogado entre los países del “eje del mal” y EE.UU. desató una nueva campaña propagandística contra Irán, aquel deshielo desapareció sin dejar rastro. En estos momentos Washington ventila activamente los planes de derrocamiento del régimen iraní y hasta considera la posibilidad de atacar militarmente a ese país.

En vista de lo anterior, es dudoso que los norteamericanos puedan lograr un cambio de política iraní en Irak, sin concederle a Teherán garantías de seguridad. No es un secreto que la operación militar en Irán resulta difícil mientras no se estabilice la situación en Irak. Parece dudoso por ende que los iraníes estén listos a firmar su propia sentencia de muerte sin ninguna garantía de seguridad, prestando apoyo a los norteamericanos en un país vecino. Sería distinto si en las negociaciones, que estén formalmente dedicadas a la temática iraquí, se tratase en general sobre el arreglo de las relaciones norteamericano-iraníes, concretamente se hallase solución al problema nuclear iraní.

Es de pensar que este giro de acontecimientos convendría a muchos de los que se sienten preocupados por la perspectiva de que surja otro foco de guerra en el área mesoriental. Esto se refiere más que nada a la Unión Europea, China y Rusia.

No obstante, a juzgar por la retórica que últimamente están intercambiando Washington y Teherán, no cabe esperar un cambio positivo en el arreglo de graves problemas regionales que de una manera u otra guardan relación con el enfrentamiento entre Irán y EE.UU.

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Marianna Belenkaia, para RIA Novosti.
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