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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

23 de abril: la 1ª Revolución democrática europea

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
viernes, 21 de abril de 2006, 01:47 h (CET)
IMAGINE USTED, desprevenido lector, que “mañana” sale usted a la calle y no tiene usted que cantar nada sobre lo que “será” o no será “España”, porque resulta que ya es: “gobernada por todos en común”, o sea, realmente democrática.

Imagine, pues, que no es que haya llegado ese 14 de abril que más bien fue un intento fallido de establecer un Régimen sectario y contralosotros (una “Reprivada” de algunos) sino que ha corrido el calendario y ya estamos en una fecha seria: el 23 de abril... De manera que en la Constitución o Ley Suprema se han establecido cosas como éstas:

1. “Las leyes obligan tanto a los gobernantes como a los gobernados”... Lo cual, además, se cumple: por lo que se puede juzgar y revocar al gobernante que incumpla la ley y al juez que prevarique.

2. “El Estado no es de los estadistas, gobernantes ni funcionarios sino de los ciudadanos que costean los sueldos de aquéllos, sus asalariados”.

Y que, además, se han establecido ya principios democráticos en los que usted hasta este momento quizá no había pensado, pero sin los cuales no es posible “la realidad (palabra de moda)... democrática”... de la nación o evocación “nacional” que sea. Por ejemplo, ya se ha establecido:

–Que los ciudadanos participarán en el establecimiento, distribución y control del gasto público y de los impuestos, así como fijarán los sueldos públicos que quieren ofertar a las autoridades y demás empleados públicos.

-Que los ciudadanos elegirán democráticamente a todos los cargos públicos y administrativos.

–Que los ciudadanos, además de elegirlos, verificarán después el cumplimiento de las obligaciones políticas de unos o del rendimiento laboral de los otros, revocándoles de su mandato si lo exceden o traicionan, o cambiándoles de destino o incluso despidiéndoles, si no merecen el dinero que cobran, respectivamente.

–Que también serán electivos y sometidos a control y a la prestación de un servicio eficaz los jefes de policía y agentes a su servicio.

–Que los jueces, como cualquier empleado público que cobra del presupuesto, están obligados a demostrar un rendimiento y productividad en su servicio, están sujetos a la ley desde fuera de su estamento para evitar corporativismos, es decir desde un Tribunal del Jurado con capacidad para enjuiciarlos y para revocarlos, en determinados supuestos, y que incluso son elegidos democráticamente y hasta los ciudadanos que prueben determinadas aptitudes pueden ejercer funciones judiciales, con el debido asesoramiento técnico.

–Que los ciudadanos son el ejército, y que sus mandos están sometidos al poder civil incluso en sus cometidos y misiones previos a entrar en combate. Desde luego, la paz y la guerra la declaran los ciudadanos, no los mandos militares ni los gobernantes.

¿Qué le parece, lector amante de la democracia...? ¿Le apetece servirse de algunos puntos?, ¿de todos?, ¿de la mayoría?

Pues sepa que estos puntos programáticos, que ya quisieran para sí los “progresistas de nuestros días”, no son ningún programa: sino realidades llevadas a la práctica durante siglos.

En comunidades geográficas locales, ciertamente; pero que un día se unieron y plantearon su reto al Estado central, para que fueran ya la norma y la práctica común a todo el Estado... El reto decisivo ocurrió entre mayo de 1520 y el 23 de abril de 1521, cuando los revolucionarios de las Comunidades de Castilla fueron aplastados por el ejército imperial de Carlos V, que había descargado la guerra contra aquellos que habían osado decirle, rebosantes de razón: “Mercenario sois de nosotros, el Reyno”, “El Reyno no es del Rey, sino de la Comunidad” (la Comunidad, el o la Común, que es como se decía entonces “nación política”, en castellano), “Las leyes destos reynos assí han de obligar a los príncipes como a la Común”...

Aquel 23/24 de abril fueron decapitados Padilla, Bravo y Maldonado, unos adelantados no a su tiempo... sino al nuestro. Aunque Toledo, que había iniciado la Revolución de la Comunidad (Nación, diríamos hoy) de Castilla, todavía resistió casi un año más.

Vaya por todo ello, y por los ideales verdaderamente progresistas que algún día rebrotarán, aquí o en otro lugar del mundo, mi memoria y mi recuerdo.

P. D. Dedico este texto a José Bono que hace unos días, en su despedida ministerial, demostró no saber ni que fue Castilla quien descubrió América, y no “España”, y que probablemente menos sabrá todo lo anterior, ya que en sus 21 años como presidente regional jamás conmemoró el 23 de abril, Día de Castilla, a pesar de que comenzó y concluyó en Toledo; a pesar de que dos de los tres decapitados en Villalar el 23 de abril, Padilla (Toledo) y Juan Bravo (Guadalajara) eran originarios de su región. Y a pesar de que su gobierno, el de José Bono, ha usurpado durante 21 años (más otros dos con Barreda), sin duda también sin saberlo... hasta el nombre del Gobierno Revolucionario de los Comuneros de Castilla...: “Junta de Comunidades”.

Dedico también este texto a los progresistas y a los simples demócratas, para que contrasten lo que debería ser una verdadera y sugestiva democracia, con la vacuidad que ahora tenemos.

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