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Día a día

Votemos con la cabeza en vez de con el corazón, parafraseando a Blaise Pascal, aunque no entienda las razones
Carmen Muñoz
martes, 5 de marzo de 2019, 15:48 h (CET)

Demagogia empleo de halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política. Degeneración de la democracia.


Incultura es la falta de conocimientos adquiridos mediante la lectura, estudio, trabajo, tesón etc. Esto lleva a un deterioro estructural, pérdida del sentido de la medida cambiándola por la desmesura, dando paso una mayoría de cómoda convivencia a otra gritona y cateta, en sentido vulgar, que pretende y lo está consiguiendo apropiarse de las señas de identidad que definen la idiosincrasia de un pueblo.

Rencor sentimiento de hostilidad o gran resentimiento hacia una persona a causa de una ofensa o daño recibido. Es un sentimiento de enfado profundo y persistente, resentimiento arraigado que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente.El origen puede deberse a varias razones (abuso de confianza, engaños, ofensas, maltratos, insultos etc.) e incluso por hechos acontecidos en situaciones políticas diferentes.

Revancha venganza, represalia, desquite. Utilizar el rencor y la revancha como medio para conseguir cualquier fin no solo destruye a la persona que lo siente, sino también, a la sociedad u organismo que lo lleva a la práctica.

Estas son las cuatro patas en las que se sostiene el gobierno, actualmente en funciones, y que desgraciadamente están haciendo numerosos equilibrios para desestabilizar poco a poco la sociedad en la que nos vemos inmersos.

La cultura es primordial para el buen desarrollo y funcionamiento de un país, para progresar y avanzar, para ir al compás de los tiempos y no quedarnos a rebufo e incluso retrocediendo si nos comparamos con otros países más inteligentes políticamente hablando. La ignorancia es muy mala consejera.

Con un cuerpo social tan debilitado, la vulgaridad y novelería (llevadas a niveles histrionicos) consideradas como progre están causando furor por creer, los que lo promueven y proclaman, que abrazan la modernidad, sin pararse a pensar, que están siendo marionetas de los que sin ninguna medida ética pretenden mantenerse en el poder, sea este cual sea.

Esta corriente degenerativa está tomando impulso en los últimos tiempos creando un tufo de desesperanza bastante desolador.

El virus del poder es tan destructivo o más que el cáncer, ya que algunos de estos se curan, sin embargo el virus del poder no sana y es de difícil regeneración.

Las enfermedades ya sean físicas o mentales son lo que son y necesitan tratamiento adecuado, reposo, aislamiento y/o alejamiento en algunos casos y fármacos más o menos de amplio espectro dependiendo del mal. Todo ello ocurre en la cotidianidad de la vida y se ve como algo normal, pero lo que ya no lo es tanto es que el que padezca una enfermedad contagiosa vaya a su puesto de trabajo y contamine a todo su alrededor. Las epidemias mientras más se extienden son más difíciles de combatir y los tratamientos deben ser más radicales por lo que los daños colaterales pueden ser más dañinos y perjudiciales de lo deseado.

El partido socialista necesario para gobernabilidad del país está actualmente sostenido por partidos que van en contra de la estabilidad y unidad de la que, con sus defectos, nos ha permitido vivir en una democracia tranquila e ilusionadora, pero con el dirigente actual, enfermo de dos peligrosísimos virus, el del poder y el de la egolatría, está desenterrando fantasmas, dividiendo sentimientos, enardeciendo cóleras absurdas que solo conducen a la destrucción, destruyendo valores éticos y morales y un sinfín de despropósitos, nos está llevando a un funambulismo político que solo Dios sabe como terminará todo esto. El asesor en la sombra que lo dirige es gran conocedor de la mercadotecnia política, le ayudó a positivar la moción de censura, demostrando así que un buen marketing logra sus objetivos aunque debajo no encontremos nada.

Considero que no debemos solo pensarlo sino exigir que las personas que nos van a representar y gestionar nuestros intereses, deben tener altura de miras políticas, éticas y morales para llevar a buen término sus quehaceres, no conformarnos con el primero que pase por allí con buenas palabritas, demagógicas todas ellas intentando convencernos.

Dentro de poco tendremos elecciones y la oportunidad de manifestar nuestros deseos, votemos con la cabeza en vez de con el corazón, parafraseando a Blaise Pascal, aunque no entienda las razones. Por supuesto nada de con las tripas, que queda feo y huele mal.

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