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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Mi conflicto ético

Santi Benítez
Santi Benítez
miércoles, 19 de abril de 2006, 22:13 h (CET)
Si hiciera un poco de memoria creo que podría recordar, sin demasiado problema, cuando oí por primera vez la palabra “Palestina”. Y desde siempre he asociado a los palestinos con la defensa de su país, en ocupación continua por parte de Israel – Ese invento que ha significado el verdadero desastre que es hoy Oriente Medio. La cuestión es que estos recuerdos me crean un verdadero dilema ético.

Un dilema que me es de muy difícil solución. Por un lado creo con sinceridad que los palestinos tienen todo el derecho del mundo a defender su tierra invadida, al igual que tienen derecho a hacerlo los iraquíes. Es más, cuando se firmaron los acuerdos de Oslo la Comunidad Internacional tuvo la oportunidad de acabar con el conflicto de una vez por todas mediante la presión a Israel para que los cumpliera. Pero como dichos acuerdos no favorecían los posteriores intereses estratégicos estadounidenses en la zona – Léase documentos de la Fundación Olin – esos acuerdos terminaron en agua de borrajas, enquistando el conflicto. Para colmo de males, ha muerto Arafat, que siempre ejerció de tapón diferenciador entre el fanatismo islámico y un conflicto contra una invasión. Su muerte ha permitido a los fanáticos religiosos tomar el control.

Mi conflicto ético viene porque, habiendo estado siempre de acuerdo con la causa palestina, no puedo estar de acuerdo con que la Unión Europea financie a fanáticos islámicos, por muy palestinos que sean, aunque no dejo de tener muy claro que la victoria de Hamás en las últimas elecciones sea, ante todo, fiel reflejo de la incapacidad de la Comunidad Internacional por frenar intereses ajenos a un conflicto territorial. Y en primer término habrá que poner como culpable a la ONU, convertida en un apéndice más de la política internacional estadounidense, así como comprobado inútil interlocutor válido para aquello que fue creada; la preservación de la paz.

Si hacemos un simple ejercicio de deducción está más que claro a quien beneficia que Hamás haya ganado las elecciones, porque es evidente que a los palestinos no. Israel consigue, por fin, que la Comunidad Internacional deje de simpatizar con la causa palestina, Estados Unidos consigue que su aliado en la zona salga reforzado y que, además, su papel de preservador de “su” legalidad internacional se haga necesario con un Hamás que dice no tener pelos en la lengua para hablar de paz con estadounidenses, pero no con israelitas.

Lo que convierte todo esto en un escenario de hechos consumados. Por un lado la UE no puede, y no debe, financiar, de ninguna manera, a fanáticos islámicos, con lo que se deja a los palestinos a su suerte – suerte que se intuye bastante negra, por cierto – y se permite que Estados Unidos intervenga, esta vez ya sin cortapisas, a través de Israel radicalizando el conflicto más si cabe, cosa que, por otra parte, sabemos a ciencia cierta, es lo que desea (Léase documentos de la Fundación Olin).

Aunque es otra película a nadie se le esconde que Israel es potencia nuclear, eso sí, sin inspectores de la ONU por el medio, y todos sabemos cual contundentes y expeditivos son a la hora de dar soplamocos por un quítame allí esas pajas. Ahora imaginemos un futuro en el que Israel no tenga a los palestinos como moscas cojoneras centrando en ellos la atención internacional, con un conflicto bélico con Irán – que les tiene unas ganas que no esconde – en puertas (Esto último yo diría que no hay que imaginarlo mucho). Y aunque es otra película, sino son capaces de atar cabos con respecto a la victoria de Hamás en las elecciones, la imposibilidad de que la UE intervenga económicamente y una ONU que está pero que como sino estuviera, mal vamos.

Y no es que me moleste que la capacidad en política internacional de UE sea cuasi nula en Oriente Medio, o que al final Estados Unidos se salga con la suya en su carrera por conseguir los objetivos geoestratégicos que tienen incluso por escrito. En realidad, lo que realmente me molesta es que se planteen este tipo de conflictos éticos.

Buenas noches, y buena suerte...

Suena de fondo “Ya Rit Fiya Kabbiha”, de Ragheb Alam.

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