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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

No lo creyeron, pero han muerto

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
miércoles, 19 de abril de 2006, 01:11 h (CET)
Ante el temor de repetir una Semana Santa trágica como el año pasado, la DGT puso en marcha una campaña impactante: “¿Cree usted que va a morir en un accidente?”, una pregunta clara y directa que no dejaba indiferente a nadie. Algunas personas se mostraban temerosas al recordar que existía tal posibilidad, otras sin embargo se mostraban a favor de estas actuaciones tan contundentes.

No sé si reír o llorar cuando escucho que se intentan tomar medidas para erradicar, o al menos reducir, el problema que tenemos actualmente en la carretera. Creo que quiero llorar porque sé que no lo van a conseguir, me río cuando veo cómo lo intentan. Me pregunto cómo es posible que algunas aseguradoras digan que pagarán un mínimo de 300 euros a los conductores que pierdan el futuro carnet por puntos. Mientras tanto, las cuotas de los jóvenes que no tienen accidentes seguirán estancadas en el abuso.

Sigo sin entender por qué los controles de alcoholemia sólo se intensifican en las fechas más señaladas, mientras que cualquier fin de semana en las zonas de discotecas miles de personas que han bebido cogen sus coches sin ningún tipo de obstáculo. Tal vez haya que empezar a poner coches destrozados por todas las autopistas y carreteras. Quizás así empezaremos a ver lo que nos puede pasar, y la siguiente curva se tome con más precaución.

Hasta la fecha han muerto 105 personas, idéntico número de víctimas que el año anterior, lo que significa que las advertencias telefónicas han servido de poco, ni tan siquiera el “contador de muertes” que aparecía en los paneles informativos de las autopistas. Muchas personas salieron de casa muy seguras de sí mismas, haciendo caso omiso hasta de las normas más básicas, tales como poseer el carnet de conducir.

Es el caso del joven gallego de 18 años, que provocó la muerte de cinco personas, entre las que se encontraba su madre. Ella, que le acompañaba, y su padre, se puede decir que son tan responsables o más que el propio joven. Resulta que conducía sin carnet de conducir, pero sus padres no sólo se lo permitían sino que, como en este caso, su madre le acompañó en uno de sus viajes… esta vez, el último de su vida. ¿Cómo se sentirán ahora tanto el padre como el hijo?

Empiezo a comprender el motivo de tantas muertes en la carretera, y accidentes en las ciudades que no se contabilizan en las estadísticas que solemos leer en los medios de comunicación. Vivimos en una sociedad acelerada, todo el mundo tiene estrés de un modo u otro. En los días laborales, llegamos con prisa al trabajo, salimos corriendo de él, y nos estresan las caravanas que se forman en las horas punta. Al llegar las vacaciones, todos nos volvemos a encontrar en la carretera, huyendo, una vez más, de la ciudad. En lugar de disfrutar y descansar en los días festivos, la prisa nos vuelve a atrapar, otra vez el estrés. Para disfrutar en estos días y olvidar la rutina, comemos hasta la saciedad, bebemos casi hasta lo etílico y los que no, realizan múltiples y variadas actividades de ocio que nos impiden descansar correctamente.

¿Qué ocurre al llegar a la ciudad de nuevo? Pues que no hemos descansado, llegamos más cansados de lo que nos fuimos, y una vez más, envueltos en un nuevo atasco. Leer al día siguiente la cantidad de muertos en los días de vacaciones no parece hacernos levantar el pie del acelerador, ni tampoco contemplar la suerte que hemos tenido de llegar sanos y salvos a casa, sin valorar que no hemos sido nosotros los inocentes y responsables conductores que han muerto por culpa de otros más temerarios.

Volvemos a la rutina del día a día, no importará que otra vez la prisa nos quite tantas pequeñas cosas en nuestra vida cotidiana. Pero una vez más, cuando volvamos a coger el coche, olvidaremos la prisa en la carretera nos puede quitar la vida, o lo que es peor, la vida de un familiar por nuestra culpa, y tener que malvivir para recordarlo cada uno de los días que nos restan de vida.

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