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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ética anómica, ética falaz

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 17 de abril de 2006, 02:24 h (CET)
Acaso nos interese la Ética, acaso no nos interese para nuestras actuaciones. ¿Se trata de una verdadera inquietud? Quizá sea una muletilla vacía de sentido, como un mero recurso lingüístico, en vez de utilizar seriamente los argumentos. Por estos o aquellos problemas, el concepto ético llena las bocas como una palabreja muy común; ya no veo tan clara su práctica aplicada a las conductas reales.

Tendremos ansia de actuar éticamente, o no la tendremos. Es tanto como afirmar la sensibilidad y toma de contacto con el entorno, con un comezón o desasosiego que nos lleve a hacer las cosas mejor, ya que estamos insertos en este mundo. O bien no sentimos esa responsabilidad porque no disponemos de la adecuada sensibilidad. Uno mismo, cada uno, decidirá y practicará según tenga a bien disponer. Toma uno en cuenta a los seres de este mundo, responde a esa convivencia, añadiendo el suficiente sentido, prestando su colaboración. Es una DECISIÓN no DELEGABLE en estructuras sociales. Porque es lo que uno interpreta de la realidad y la respuesta consecuente. Actuaré bien o mal, alocado o sensato, éticamente o no.

Si uno pasa de todo, no interpreta nada; permanece al margen, no más que eso. De esa manera tan poco implicada en el conjunto, vive, pero no valora nada. Y si no añade sensibilidad o voluntad de mejorar la situación, ni mejora el mismo, ni contribuye a la buena vida común. Es una cuestión de decisión, una decisión radical de actuación.

Sí, sí, entre reflexiones o decisiones, de pronto ¡Escándalo con todo lo más deleznable! ¡Marbella! ¡Jerez! ¡El Carmel! Sin que por eso pretenda convertirlos en casos únicos. Es evidente, en todas las geografías cuecen caldos como estos, malolientes y corruptos. ¿Quién ha fallado? ¿Unas pocas personas?¿Los demás, limpios de connivencias o silencios? Proliferan las tramas con estas conductas, donde emerge la ausencia total de ética, pues entre todos la mataron. ¡No se ven rasgos éticos por ningún rincón! Aquí ya no vale centrarse en detalles nimios, las dimensiones del desaguisado son tan enormes, hay tantos involucrados que la interrogación permanece terca. ¿Es imposible evitar esos comportamientos? ¿No sirve este sistema social?

Pienso que se trata de algo situado más allá del hecho judicial en sí, no se limita sólo a las denuncias, pruebas, sentencias, etc. Se detecta una marabunta alrededor. ¿De qué? ¿Cuál es el añadido? ¿Porqué se diluyen posteriormente esas tramas? Ahora ya no consigo conocer los entresijos de los hundimientos en el barrio barcelonés del Carmel. Una vez transcurre el tiempo, como si nada hubiera sucedido, se amortiguan las declaraciones y se apaga el fuego. No es probable que nos den unas explicaciones, ni las autoridades, ni los implicados, pero tampoco los demás nos unimos para exigir nada. Ese conglomerado añadido puede estar constituido por dos tipos de COMPORTAMIENTOS DESGRACIADOS, demasiado generalizados, a la vez que poco tenidos en cuenta, y a los que me voy a referir.

Primer comportamiento desgraciado: DESVIAR la RESPONSABILIDAD hacia las ÉTICAS, hacia ellas como entes ficticios. Para decir luego que esas éticas no estuvieron a la altura de las circunstancias. Las creencias y filosofías no evitaron el Holocausto. Los diálogos y palabras no arreglan las cosas. Las leyes tampoco fueron útiles. Las políticas más bien crisparon y emponzoñaron los enfrentamientos. La cosa es tener a quien echar la culpa. Mas, ¿Las estructuras iban a arreglar a los humanos? ¿Los humanos corregir los comportamientos? El desvió radica en que de la figura humana se fueron desprendiendo las cualidades más señeras, la bondad, el respeto, el atrevimiento de pensar lo desconocido, la ilusión o la confianza. Cómo se dispondrá de esas personas con cualidades si se despreciaron y se dilapidó ese caudal.

En vez de eso, nos hemos constituido en entes errantes, al albur de eso que llaman éticas, discursos, políticas, religiones. Pero he ahí la ironía del destino, estos no son nada sin las personas. La suma de actuaciones individuales hará sensata, corrupta o perversa a esa ética. Estas de por sí no tienen capacidad de actuación, si no las practican personas cabales. Si nos hemos separado mentalmente del pronunciamiento ético, nos habremos transformado en caricaturas poco recomendables. Algo así como aquellas figuras de los campos de concentración nazis denominadas "musulmanes"; deambulaban por el campo debilitados metal y físicamente, caminaban encorvados -como musulmanes en oración-, como figuras grises sin pronunciar palabra, entre la vida y la muerte, derrumbados y sin voz, renunciando a una convivencia más activa y solidaria. Por eso, despreciados por sus compañeros y golpeados por los guardianes. Habían perdido su personalidad, sus características, y con ello su humanidad.

Segundo comportamiento desgraciado: TRAMA SOCIAL PROPICIATORIA, muy denunciada y estudiada por Zigmunt Bauman. Es fácil mezclarse, enredarse. en actuaciones corruptas, asesinatos, etc.; aunque no sea como ejecutores principales (Guerras -votos-, acciones y comercio con empresas tóxicas, funcionarios, constructores entrampados), pero sí metidos hasta la ceja en el engranaje. Basta con no ser muy exigente en los criterios.

La sociedad moderna no sólo permite, posibilita e incluso favorece esas implicaciones. No faltarán razones tecnológicas ocultas, planificaciones de grandes estructuras, distanciamiento progresivo del ciudadano (mero pagador final de lo que haga falta). Cualquiera puede colaborar en la justificación de una subida de precio, poner una traba legal o administrativa, cambiar un plan establecido; eso, claro está, para la mejor terminación de un proyecto majestuoso y rimbombante.

La oposición o resistencia a estas conductas se la hace ver como reaccionaria, atrasada u obsoleta; se opondría a esos bienes espléndidos de la sociedad. Las propagandas, las manipulaciones desarrollaron esa transformación. ¡Y en todas esas manipulaciones intervino gente! En la rueda del engranaje participan todos, profesionales diversos, con una característica en común, se hizo efectiva la desaparición del sujeto-persona con sus cualidades. La trama social pone en marcha sus ruedas, esta vez de auténticos molinos, apisonadoras.

"Los principios éticos no deben llevar nombres propios". Bertrand Russell.

Pero la ÉTICA, ¡Oh paradoja!, han de realizarla los nombres propios.

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