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Pedro el mendaz, quiere presentar su fracaso como una victoria

Miguel Massanet
sábado, 16 de febrero de 2019, 09:06 h (CET)

Hace, apenas, diez días se reía de los que anunciaban elecciones tempranas, afirmando que tendrían que esperar mucho porque pensaba agotar la legislatura.


Este malabarista del engaño no tiene límite en cuanto se trata de prescindir de las reglas, de faltar a la verdad con el objetivo de pintar una realidad que nunca ha existido y de atribuirse méritos en todo lo que, para él, han sido mejoras sociales para el pueblo español, cuando apenas han pasado de meros esbozos sin posibilidad alguna de consolidarse ya que todo lo que ofrecía con una mano a los ciudadanos se lo iba a retirar con la otra aumentando los impuestos (IRPF y el impuesto sobre el Diesel) y elevando el impuesto sobre Sociedades, con la consabida repercusión sobre la marcha de la economía española, todavía en una fase de intentar recuperarse de las consecuencias de la crisis. En lo que debiera de haber sido una intervención de menos de cinco minutos, para dar a conocer a los españoles la convocatoria de elecciones legislativas para el día 28 de Abril del corriente año, se ha extendido frívolamente, en un largo discurso (como si se tratase de un acto solemne donde dar cuenta del estado de la nación) con el que ha querido presentar, ante unos ciudadanos perplejos que se no esperaban semejante auto-lisonja, por otra parte muy propia de los grandes tergiversadores de la realidad, imitando la verborrea de su colega del otro lado del Atlántico, Nicolás Maduro, haciendo un verdadero panegírico de sus apenas nueve meses de ocupar la presidencia del Gobierno.


Sólo los que conocen su manera de actuar, los medios poco ortodoxos de que suele valer para evitar responder sus frecuentes errores; el hermetismo respecto a lo que tiene pensado hacer para evitar que, la oposición, pueda reprochárselo antes de que lo pueda poner en marcha; la costumbre de sortear las preguntas de la prensa que le pudieran poner en un compromiso; sus alejamientos de España en frecuentes viajes al extranjero, en pocas ocasiones debidamente justificables; la peligrosa y poco respetuosa costumbre de prescindir del Congreso de Diputados para aprobar leyes por medio de un sistema legal, el Decreto-Ley, un procedimiento que tiene carácter excepcional para aquellas ocasiones en las que, la inminencia de un grave suceso o la urgencia de tomar medidas excepcionales, lo justificase y con la condición de ser convalidas cuanto antes ante el Legislativo del país. Por cierto, que cuando estuvieron en la oposición criticaban al gobierno del PP de hacer lo mismo que él hace hoy.


Se sigue vanagloriando de que aumenta el empleo atribuyéndose, como es costumbre suya, aquellos méritos que correspondían al anterior ejecutivo, derivados de la política de reforma laboral que tuvo que implantar Rajoy por recomendación directa de la UE y que, tan buenos resultados dieron para el inicio de la recuperación de la actividad industrial, que tantos meses estuvo paralizada debido a los ramalazos de la crisis económica. La realidad, que oculta ladinamente el actual Presidente del gobierno, es que ya se empiezan a notar síntomas de contracción de la demanda, que se han notado en los pésimos datos del desempleo que tuvo lugar el mes de enero pasado, en el que se superaron con creces los peores resultados de los años anteriores, demostrando que se está produciendo un parón en la tendencia de contratación y en los cotizantes a la Seguridad Social.


Evidentemente, ni era lugar apropiado ni tampoco era ocasión de dar un mitin, evidentemente con la intención de aprovechar la ocasión para intentar vender su grave descalabro de que los PGE fueran rechazados precisamente por aquellos, los independentistas catalanes, en los que, durante los nueve meses que ha gobernado el país, en lugar de dedicarse a conseguir consolidar nuestra recuperación económica y favorecer la actividad industrial y comercial como medio de crear riqueza, se ha empleado en cuerpo y alma en ir detrás de los soberanistas, ofreciéndoles el oro y el moro para que se plegasen a su conveniencia, haciendo oídos sordos a la oposición que le pedía la inmediata aplicación en Cataluña del 155 con motivo de la actitud chulesca, intransigente, despreciativa y negativa de los separatistas catalanes, que no se han apeado del burro durante todo este tiempo, pidiendo cesiones al Gobierno que, el señor P.Sánchez, sabía que no estaba en su mano conceder, aunque ya había insinuado ( y, posiblemente, prometido a los negociadores, para el caso de que apoyasen los nuevos presupuestos de su gobierno) que, aunque no pudiese intervenir en el operativo judicial que juzgaba el caso de los políticos catalanes, presuntos delincuentes, que están siendo juzgados ante el TS; en el probable caso de que hubieran sido condenados por su participación en el referendo ilegal del 1.O, su gobierno ejercería la potestad de otorgar el indulto para evitar que siguieran permaneciendo en la cárcel y fueran puestos en libertad.


Lo que sucedió en el Congreso de Diputados, cuando, pese a las últimas gestiones del señor Pablo Iglesias (uno de los más perjudicados por el adelanto de elecciones) que puso toda la carne en el asador pretendiendo que los de Puigdemón y Torra, junto a los del PDECat, cambiaran el sentido de su voto negativo para que, finalmente, salieran aprobados los PGE presentados por el gobierno socialista. No fue así y, hay que reconocerlo, la reacción inmediata de Sánchez fue la de presentar su derrota como una martingala de las “tres derechas”, estas a las que la señora Delgado, demasiadas veces implicada en temas escabrosos y, milagrosamente salvada por P.Sánchez que no podía consentir que otro de sus ministros “excelsos” fuera objeto de la reprobación del pueblo y tuvieran que dimitir, con su lenguaje particular y manifiestamente mejorable, calificó hace unos días de “derecha trifálica” ¿en qué estaría pensando esta señora cuando se le ocurrió semejante apelativo?. En su alocución de hoy, en el momento menos adecuado, en su afán de meter en el mismo saco a todos los que se han alegrado de su derrota humillante, no ha dudado de hacerlos responsables de aquello en lo que ellos, los socialistas, fueron los verdaderos culpables, cuando no quisieron reconocer que España estaba en crisis y lo estuvieron negando hasta que la realidad les obligó a aceptarlo cuando, por desgracia, ya era tarde para poder intentar poner remedio a la situación.


Y ya que estamos en esto, cuesta aceptar que este personaje, que amenaza con ser más negativo para España que el propio Rodríguez Zapatero, el verdadero culpable de que nos encontremos en la situación en la que estamos ahora, en su día argumentara, para justificar su moción de censura contra el PP, que lo que verdaderamente querían era sacar de la jefatura del gobierno al señor Rajoy. Hoy, en su discurso, ya no hablaba de personas y, haciendo gala de su mala memoria, se refería a la necesidad de apartar al “partido corrupto” o sea al PP. Uno más de los lapsus de este señor. Tampoco recordaba que, como dice la Ley, cuando se hace una moción de censura, aparte de mencionar y defender las causas de la presentación de una medida tan extraordinaria, el que lo hace debería haber presentado un programa de gobierno en el que se basase la necesidad del cambio. Nunca sucedió esto, porque toda la moción se centró en castigar a la figura de Rajoy, sabedores que disponían de los votos de todas las izquierdas, que veían en el líder del PP un freno a sus ambiciones de cambiar la democracia española en otro tipo de sistema de gobierno, ideado y promocionado por el soviet ruso y que, tan malos resultados siempre ha dado en todas las naciones en las que se aplicó, incluida su inventora la URSS.


Curiosamente, en la filípica que ha pergeñado el señor Sánchez para vender las “excelencias” de su gobierno de “feministas” ( por cierto ninguna de las ministras que presentó como verdaderos hallazgos, presumiendo de “currículos”, ha sido capaz de demostrar ser válida para el puesto que se le dio, dando muestras de carecer de personalidad propia, limitándose a actuar como meras portavoces de lo que Sánchez quería que se dijera) sin que tuviera el pudor de evitar lanzar una serie de falsedades, como la copa de un pino, respecto a presuntos beneficios para el país que, su estancia en la Moncloa, habían representado sus nueve meses de gobierno. Si, para él, los presupuestos presentados y rechazados estaban hechos para el pueblo y le hubieran proporcionado numerosas ventajas, no se entiende que en Bruselas fueran rechazados por ser poco realistas. Los 22.000 millones que pretendían sacar del aumento de los impuestos (cuando se ha referido a ellos en ningún momento el señor Sánchez ha comentado esta cuestión, quizá para no alarmar a quienes pretendía venderles las bondades de su corto gobierno.) no eran más que cálculos sobre una situación de la nación española que no tenían visos de que nunca pudieran ser ciertos.


En cierta manera el señor P.Sánchez ha tenido suerte de que se le hayan rechazado en el Congreso sus presupuestos porque, si hubieran salido aprobados, y hubiera tenido ocasión de ponerlos en marcha; con toda seguridad, y esto lo sostienen importantes economistas que los conocen perfectamente, el Gobierno se hubiera visto obligado a aumentar su endeudamiento, porque la recaudación que se pretendía conseguir con los nuevos impuestos, a criterio de los expertos, no se correspondía con las cantidades que se habían calculado que podrían percibir de los colectivos de sujetos pasivos, a los que estaban dirigidos. Seguramente, pensaba que los efectos negativos no se conocerían hasta que ellos estuvieran en el gobierno, que era lo que esperaban conseguir si las votaciones hubieran tenido lugar en marzo del 2020, en lugar de las que tienen programadas para el día 28 del mes de Abril. Ya se sabe, si lograban una coalición (no parece que sea factible que se reproduzca el bipartidismo y lo que suceda es que sea necesario formar coaliciones para poder gobernar) y ésta fuera de izquierdas, deberían contar con lo que quedara de Podemos y de IU, a las que presuntamente se les añadirían los separatistas catalanes, sabiendo que les sería más rentable formar mayoría con las izquierdas para conseguir alcanzar sus objetivos aunque, con toda seguridad, no tardarían mucho tiempo en darse cuenta de su terrible equivocación, cuando se dieran cuenta de que todo lo que han en sus relaciones con las minorías separatistas europeas no les iba a ayudar a salvarse de ser expulsados de la CE tan pronto como se salieran del amparo de España.


Nada más una pega. Siempre hemos pensado que al PP del señor Casado le faltaría tiempo para consolidarse, acabar de librarse de quintacolumnistas, como la señora Sáez de Santamaría, y considerábamos que, en las elecciones autonómicas y municipales, sería el momento adecuado para conseguir mejorar sus posicionamiento en ayuntamientos y algunas comunidades; algo que le podría servir de trampolín para que, en el mes de marzo del 2020, pudiera estar preparado para enfrentarse al PSOE y a cualquier otro partido que le disputara la supremacía de la derecha o centro-derecha. Quizá estas elecciones de ahora, les haya pillado pronto para disponer de toda la artillería gruesa que va a necesitar para enfrentarse el PSOE y a los propios rivales de centro-izquierda, Ciudadanos. Quisiéramos que muchos de los dos o tres millones de votantes que dejaron el PP por la forma, excesivamente, tolerante de Rajoy y su equipo con los separatistas catalanes; se hayan dado cuenta de que las cosas van cambiando en el PP y que ha llegado el momento de apoyarlo, ya que no tenemos la seguridad de que, Ciudadanos del señor Ribera, llegado el momento de llegar a acuerdos decida inclinarse, como ya hizo en sus momento, hacia el PSOE. Es evidente que el potencial del voto de la derecha no se puede medir por la multitudinaria manifestación que tuvo lugar en la plaza Colón de Madrid porque, de todos es sabido, que la gente de orden, la derecha y muchos de centro derecha son poco partidarios de manifestarse. Lo suyo en manifestar sus preferencias en las urnas. Y en ello confiamos.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que nos esperan unos meses de verdadera carnicería política entre los partidos, que van a intentarse repartirse el poder en la España del SigloXXI.

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