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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Correcto happy end, muy correcto

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 1 de agosto de 2006, 23:01 h (CET)
Si ustedes logran superar lo que el escritor Colin Harrison (la editorial no tiene a bien proporcionarnos la fecha de su nacimiento, ni el lugar, sólo nos dice que “se crió cerca de Filadelfia”) cuenta en las páginas veinticuatro y veinticinco de ‘Habana Room’, podrán leer un ‘thriller’ correcto, interesante, bien dosificado y, en cierto modo, curioso. Les confieso que, después de ver lo que ocurre en esas dos páginas, cerré el libro, no aterrado, sí impotente, por la cruda verosimilitud de lo que allí se dice, y me marché a dormir, pensando si sería capaz de retomar su lectura al día siguiente.

Y lo fui.

Quizá peque de exagerado, pero aquella noche la sangre de mis venas se heló durante un buen rato. Sin embargo, me alegro mucho de haber reactivado los triglicéridos y el colesterol – el bueno y el malo – que habitan mis arterias, para proseguir con mi tarea lectora.

Hay que ver lo que puede dar de sí la mantequilla de cacahuete, un elemento habitual e indispensable, según Harrison, de la comida tailandesa. Yo lo ignoraba, claro. Jamás he pisado un restaurante tailandés. Un disparador literario de primer orden. La que desencadena este ingrediente culinario: cómo transforma la vida del protagonista de ‘Habana Room’, Bill Wyeth, un abogado respetable y de éxito; cómo le hace descender a los infiernos más profundos; cómo le obliga a adaptarse, a reaccionar, a salir de nuevo a la superficie; a sobrevivir, en suma. En este sentido, la novela es la historia de una redención, la de Wyeth. Una redención trabajosa, que le dejará secuelas, en la que peligrará su propio pellejo, pero que valdrá la pena llevar a cabo.

‘Habana Room’ transcurre después del tristísimo 11-S. La ciudad de Nueva York, más concretamente Brooklyn, es el escenario donde se ubica la acción. ‘Habana Room’ es el salón privado, de un conocido restaurante neoyorkino, especializado en carnes, donde se celebra periódicamente un ritual que, el lector que lo desee descubrirá a poco que supere el estupor inicial de las páginas veinticuatro y veinticinco.

‘Habana Room” es el paradigma del misterio, de la atracción por lo prohibido, de lo oculto, de lo reservado a unos pocos elegidos. Por en medio, una mujer, Allison Sparks, la atractiva encargada del ‘Habana Room”, autentica maestra de ceremonias, enigmática y sensible a la vez, como todas, ¿no?, que se rodea de una aureola casi mágica que envolverá a Billy Wieth en un turbio negocio: la asistencia como letrado a la compra-venta de unos terrenos por parte de una empresa chilena, que pretende plantar cepas de vid y producir buenos caldos para el mercado norteamericano.

La cosa se complicará porque la transacción comercial ofrece puntos oscuros y con la aparición de unos buenos personajes secundarios: Poppy, Ray Rainey, H.J. (un negro que detesta a los blancos, un tipejo extraordinariamente literario), Ha, Marceno, y otros más, que arropan y desarrollan el hilo conductor de la historia. Especialmente interesante se me antoja la historia de Ray Rainey, que le aporta al relato toda la fuerza dramática e intensidad que precisa. Al leerla, por algún instante, me acordé de Julián Carax, uno de los protagonistas de “La sombra del viento” de Ruiz Zafón.

Aunque en la carátula del libro se afirma que ‘Habana Room’ posee “la crítica cruda e hiriente de “La hoguera de las vanidades”, no puedo compartir esta opinión. ‘Habana Room’ tiene un punto de dureza muy superior a “La hoguera …” y desde luego carece del matiz irónico de la obra de Tom Wolfe. ‘Habana Room’ es una novela sin concesiones a la galería, escrita para un público acostumbrado a lecturas más recias. Quizá por todo eso, la novela tiene un happy end final, que descarga al lector de todo lo que ha leído hasta ese momento.

En fin, para los amantes de los ‘thrillers’, ‘Habana Room’ es un buen libro, una buena historia, que engancha, bien contada y muy bien traducida, algo que no podemos decir de todas las obras que nos llegan del mundo anglosajón.

Así que ya saben: a superar el trauma de las páginas veinticuatro y veinticinco y a leer este correcto ‘thriller’ (siento usar tanto esta palabrita pero parece que, de momento, no hay otra que la sustituya). Y no me pidan que les cuente lo que ocurre en esas dos páginas. Descúbranlo ustedes mismos.

De nada.

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"Havana Room", de Colin Harrison. Ed. Mondadori, octubre 2005. Precio: 17,50 euros.

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