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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Los secretos de la gran dama

Paco Milla
Paco Milla
miércoles, 12 de abril de 2006, 20:45 h (CET)
Todos salíamos al patio mediada la mañana. Siempre he creído que no hay mejor estudio psicológico que el recreo de un colegio. Allí cada uno se muestra como es en realidad. Ese tiempo de ocio es tan sagrado y deseado que, ni por edad ni por malicia ni por leches freudianas, los ocupantes del patio osarían fingir. Cada uno/a se muestra como es.

En aquel colegio de pueblo se desarrollaban tres partidos de fútbol en directo y simultáneamente. Las líneas que delimitaban el campo lógicamente no existían, de forma que había en todo momento tres balones y tres protagonistas que lo portaban. Si hubiera sido televisado, el realizador se habría vuelto loco.

En esto que pasabas como una bala, poseyendo la preciada pelota junto a una nena de lacias trenzas y escuchabas: "¡oye, más cuidado, eres un burro!"

Seguías regateando a todo y a todos, incluida tu propia sombra y sin querer entrabas en una comba, a la que no habías sido invitado.

La cuerda te robaba la pelota y a la subida te latigueaba en la faz: "¡joer qué lío, si es que esto ni es partido ni es na de na!", pensabas.

Acto seguido la profesora de Literatura, que era un pedazo de carne bajo un gran moño reinante, decía: "¿qué pasa que las niñas no tienen derecho a jugar en el recreo, solo vosotros con la maldita pelotita?"

Inmediatamente después veías a Joselillo el conserje, dando un cogotazo al portero a quien querías fusilar y a cámara lenta leías sus labios: ¡qué te he dicho que esto es una palmera, chavalin y no un poste del Bernabéu…¿Cuántas veces tendré que explicártelo?.. y Pepito Sanchez que elevaba el vuelo, después de la patada en el culo que le soplaba el señor conserje de marras .

Era la única vez de cada mañana, de cada día, que alcanzaba al larguero, algunas veces llegué a pensar que Pepito decía: ¡coño, ahí viene Joselillo, con un poco de suerte me tiran un bombeado y de la que vuelo, lo paro en la escuadra, allá donde se regodean las telarañas en las porterías.

Minutos después, aparecían como guardianes Don Federico, que tenia un 124 con un perro que asentía en la bandeja trasera (algunos le llamaban “el perro de D. Federico”) y “el Rebo” apocope de apellido esdrújulo, muy conocido en el “cole” y conductor de coche sport con escape libre, que nunca circulaba por debajo de los 100 km hora. Oye, arrancaba el coche y ya se ponía a esa velocidad..¡increíble, tu…pero cierto!

Cosa bien distinta el Federico que los 40 nunca rebasaba y el perro que si que si todo el rato en la bandeja trasera ¿Pero que si…. que? Pues nada, que no contestaba.

Y cuando ni tenias la pelota ni se esperaba que apareciera por allí, o te metías en otro partido o mirabas a Mari Luz que era la que en ese momento te tenia “robao il cuore” y le guiñabas un ojo, en el mismo momento que ella torcía la cabeza porque en el balón-tiro en el que estaba inmersa peligraba su integridad, debido a que el Venancio, colocaba su brazo en cuña para disparar sobre ella un tremendo pelotazo, que era cuando tu decías: “Cagüen tu madre Venancio, vaya saco de hostias que te voy a dar en cuanto te pille”.

Y pasaron 40 años por aquel recreo...
No hace ni dos días me encontré al Venancio en la autopista, y me dije: ¡ay tu madre, al final te pillé, vas a pagarlas todas juntas.

En esto que delante de mi, diviso a D. Federico, ya jubilado hace 40 años y a 40 para no romper la norma, me meto a la derecha, para no perderme detalle y en esto que me adelanta “el Rebo” con su Opel Manta trucado, por lo menos iba a 200.

Mari Pili, la de las trenzas lacias, puso la intermitencia, pero no salió, cosa que dada a la velocidad a la que solía circular, tampoco era de extrañar, cuando osé adelantarla, rozándola al pasar me dijo de nuevo a través de su ventanilla abierta: ¡burro, que eres un burro!, que fue cuando yo dije: joer que poco repertorio, en cuarenta años no cambió ni la gravedad de la voz, pero cuando ya creía haber dejado atrás todos los miedos del pasado, me viene un Porshe del 54, con la del moño, (joer con la del moño), iba por la autopista chocando con todos los chicos y echándolos fuera de la carretera, a la voz de :¿qué pasa que las niñas no tienen derecho a circular? hala…¡al rastrojo!

Me empeño en no abandonar el carril izquierdo y veo en el arcen a Joselillo, dando una patada en el culo al Pepito, al que “la Moños” había sacado de la autovia y había ido a parar , precisamente en su huerto de lechugas, ya maduras y a punto de recolectar.

De pronto, las nubes que se abren y precedido de un enorme trueno, con posterior relámpago…¿o era al revés? digo, nos paramos todos en la gran carretera de dos carriles, tantos años esperada y recién asfaltada, con unas rayas blancas guapas, guapas y muy bien pintadas , oiga, , pensando que se ha roto la bola del mundo que estaba en el despacho de D. Domingo, el director y escuchamos al unísono “todos juntos y a la misma vez” … una voz, que proviene de los cielos que dice:

YO SOY LA GRAN DAMA. YO SOY LA CARRETERA…a través mío camináis todos , INDEPENDIENTEMENTE DE LA VELOCIDAD A LA QUE CIRCULEIS POR LA VIDA, adolescentes sin sentido, locos del seiscientos, rápidos, lentos, tontos, listos, inútiles y hábiles…¡todos estáis en mi!...PENSAIS QUE ME POSEEIS, pero soy yo quien lo hace.

Chocaréis, os rozaréis sin mas, o con más, e incluso perderéis la vida en mis entrañas, porque carretera solo hay una y velocidades... ¡muchas y variadas!

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