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Opinión
Etiquetas:   Venezuela   Estados Unidos  

Independencia de Venezuela

Hay que defender el principio de respetar la soberanía de cualquier nación latinoamericana frente a la intromisión de Trump
Isaac Bigio
jueves, 14 de febrero de 2019, 08:30 h (CET)

El debate hoy en Venezuela, al igual que antes en Afganistán, Irak, Libia, Somalia o Siria no es si se apoya o no a los talibanes, Saddam Hussein, Gadafi, Assad o Maduro, sino a las intervenciones de EEUU allí pues éstas son remedios peor que la enfermedad.


Las sanciones y bombardeos de Washington destruyen la infraestructura del país agredido y generan hambre, miseria y multitudes de muertos. En esas guerras EEUU y sus aliados han invertido billones de dólares (con los cuales se pueden haber solucionado la desnutrición infantil de decenas de países pobres) y el número de personas muertas, heridas, enfermas o desplazadas se suma en el orden de las decenas de millones.


Bajo el argumento de la “democracia” el objetivo es apoderarse de los recursos del país atacado, incluso a costa de imponer peores autocracias. En Libia lo primero que hizo el gobierno post-Gadafi fue reintroducir la poligamia y luego cazar y vender negros como esclavos. En Irak y Somalia dieron paso a la fragmentación de dichas repúblicas y al potenciamiento de terroristas islamistas que masacran mujeres independientes, gays, cristianos, judíos o musulmanes no sunnitas. En Afganistán tras la caída de los talibanes subió la producción del opio y llegaron al poder los más sanguinarios señores de la guerra (aquellos que asesinaban a sus oponentes dejándolos morir en camiones encerrados o aplastándolos vivos con tanques) para que hoy, después de 18 años, hayan permitido que los talibanes se revitalicen y vayan logrando un acuerdo con EEUU que les deja la mayor parte de Afganistán en sus manos.


Estar en contra de Trump en Venezuela no significa apoyar al chavismo. Hay muchos que llegan a tildar a Maduro de tener un corrupto o de proteger a una “boli-burguesía”, pero que creen que la intromisión de EEUU agrava y empeora las cosas. La actual administración de Trump se da el lujo de decir que ellos si están interesados en que las corporaciones estadounidenses regresen a controlar el petróleo venezolano, han impuesto su propio presidente que casi nadie conocía hasta hace pocas semanas, incitan abiertamente al caos y a la guerra civil en Venezuela y amenazan con mandar miles de tropas.


Nunca antes en la historia sudamericana el presidente de los EEUU había impulsado la autoproclamación de un presidente en una plaza pública para luego inmediatamente reconocerlo como el único mandatario y presionar a otras naciones a que hagan lo mismo, y a haber estado llamando constantemente a una subversión militar o una invasión de sus efectivos. Eso genera un precedente que pueden aplicar en toda la región y que luego van a poder emplear en Bolivia, Cuba, Centroamérica, Uruguay o México.


Una eventual guerra en Venezuela sería la peor que haya tenido Sudamérica desde el siglo IXX. Esta acabaría internacionalizándose envolviendo a Brasil y Colombia, permitiendo que EEUU, China y Rusia por primera vez intervengan militarmente en la historia sudamericano y generaría una ola de protestas en toda la región, además del renacimiento de muchos grupos guerrilleros o golpes castrenses por doquier.  

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