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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Babel en España

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
martes, 11 de abril de 2006, 21:44 h (CET)
Conocido es de la generalidad de los españoles, el relato bíblico del capítulo 11 del Génesis, en el que se narra la soberbia de los hombres y la intervención de Yavé, que permitió el embrollo de lenguas como correctivo a su endiosamiento.

Con cierta licencia, se podría aplicar el evento bíblico a lo que está sucediendo hoy en España.

En un principio, “todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras.”

Esta fue la situación histórica, en nuestra patria, tras la conversión al catolicismo del rey visigodo Recaredo I (587) y el Concilio 1º de Toledo, donde se forjó la unidad de fe en España. La territorial y lingüística se logró, siglos más tarde, tras la Reconquista al Islán de los reinos de taifas, culminando el proceso de unidad nacional bajo los Reyes católicos. Con ellos se fraguó la única nación española en unidad de fe, de lengua –(el castellano)- y de territorio.

Esta unidad impulsó a los españoles a la singular hazaña de la civilización, conquista y evangelización de América, y con ella, las páginas más gloriosas de nuestra Historia. Con las corrientes liberales y afrancesadas, se enfrió la fe del pueblo y sus gobernantes. La soberbia, y el fatuo modernismo, llevó al abandono de la religión y tras esto, a la aparición de los nacionalismos excluyentes y separatistas.

Mérito indiscutible de Franco fue lograr la unidad de las tierras y hombres de España durante más de 40 años. Dejó a su muerte la herencia de una gran nación. La transición democrática siguió la vía del entendimiento (reforma) y no enfrentamiento (ruptura).

La alternancia en el poder funcionó con relativa aceptación y se lograron cotas de paz, ,prosperidad y convivencia para todos.

Las cosas han marchado razonablemente bien, hasta la aparición del señor Zapatero. Todo lo ha puesto patas arriba. Pasará a la historia, no como “el pacificador “, sino como “el embrollador” de todo lo que funcionaba.

En esas estamos. Los nacionalismos, con la excusa de las lenguas, los estatutos y los derechos históricos, nos están retrotrayendo a un pasado, que creíamos olvidado.

Hoy España, en muchos aspectos, es una nueva Babel. ¿Quién es el responsable?

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