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Etiquetas:   Presos de la libertad  

El peligro se llama Anorexia

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
martes, 11 de abril de 2006, 21:34 h (CET)
Hace muy poco tiempo se inició lo más parecido a una lucha contra la anorexia en la televisión. Todo volvió a comenzar con la Pasarela Cibeles y la polémica de que muchas modelos desfilaban con la talla 34 o no trabajaban, fue creciendo cada vez más. No fueron pocas las cadenas ni los programas que lanzaron un serio aviso sobre una enfermedad que siempre ha existido, pero que lejos de erradicarla, se potencia en los últimos años en los mismos lugares donde se lamentan de ella.

Durante unos días existió la esperanza de que la televisión, con gran poder de influencia en los jóvenes, diera un golpe de efecto e intentase solucionar los problemas de la gente que padece la enfermedad, y los suyos propios tras tanta telebasura acumulada. Pero no, todo resultó ser un espejismo, una simple polémica más de la que ir despotricando contra ciertos personajes, quizás por simples venganzas personas… a saber.

En Santa Coloma (Barcelona) hay una chica llamada Rocío, que mide 1.70 metros y pesa 43 kilos. Ella se ve gorda y ha seguido adelgazando hasta que finalmente la han ingresado en un psiquiátrico por orden judicial, después de no querer tratarse e intentar suicidarse. La pregunta que todo el mundo se hace en estas circunstancias no suele tener una respuesta fácil: ¿por qué?

Ahora hemos conocido a Rocío a través de los medios de comunicación, pero no es un caso aislado, hay muchas jóvenes desconocidas sufriendo ahora mismo, y es una enfermedad que también afecta a muchos hombres. Quizás todos nosotros seamos un poco culpables de su desesperación. Una palabra en broma en el colegio, “gorda”, o comprobar en la adolescencia que para tener éxito entre los chicos debía estar más delgada que la otra, suelen ser los primeros pasos hacia la anorexia.

Me ha llamado poderosamente la atención como prácticamente se anuncia e invita a esta enfermedad en las revistas, periódicos y anuncios de televisión y radio. La imagen de una mujer guapa, delgada y con un físico casi perfecto, nos dice que “Si, yo también he acudido a…”. No es el único anuncio, pero quizás el más contundente. Este puede ser, sin duda, la estocada definitiva que le falta a una joven en guerra consigo misma.

Concursos de belleza, azafatas de televisión, modelos, etc. Todas tienen algo en común: un cuerpo diez. Da igual como sean por dentro, si tienen personalidad, inteligencia o aptitudes… basta con entrar por la vista. ¿Y las demás? Muchas, las más débiles, a sufrir. Por suerte también las hay fuertes que no les importa su físico, ni lo que piensen los demás. Han sabido encontrar la felicidad al margen del cuerpo que les ha tocado, sin tener las urgencias de modificarlo.

Tras comprobar lo peligrosa que es la anorexia, alguien debería hacer algo… pensaremos. Cada uno de nosotros, los primeros. ¿Cómo? Muy sencillo, podríamos empezar por valorar a las personas por su interior, y no diferenciarlas únicamente por su aspecto físico. Sería un primer paso, un buen comienzo. El resto, por ejemplo, sería prohibir todos los anuncios pro-anorexia que vemos a diario. La televisión jugaría un papel importante también. Yo, y estoy seguro que mucha gente, nos olvidaríamos del zapping si viéramos que una cadena opta por un cambio radical en la imagen de sus presentadoras y azafatas. Ni somos ni las queremos perfectas, sólo personas que nos identifiquen de verdad.

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