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Grande Marlasca como juez y como ministro de Interior socialista

La derecha que salió a la calle, no se engañen, representó el sentir mayoritario de los españoles, digan los que digan sus detractores
Miguel Massanet
martes, 12 de febrero de 2019, 09:49 h (CET)

En eso de la política es muy difícil acertar respecto a aquellas personas que van a resultar idóneas para ocupar un cargo de responsabilidad. Puede que alguien, en la vida civil o incluso en puestos de funcionario, sea muy eficiente, sobradamente capacitado o persona de gran prestigio, sin que ello suponga que tenga un comportamiento similar si se le promociona a un cargo político como, por ejemplo, el de ministro del Gobierno de la nación. Por eso, nadie pone pega alguna, respeto a la trayectoria del juez Grande Marlasca, a su capacidad como magistrado o a la justicia que ha venido presidiendo todas las sentencias que ha dictado durante el tiempo en que estovo practicando la judicatura. Otra cosa distinta es su apreciación como ministro de Interior.


Sin embargo, también el mismo ejercicio de la carrera de juez o magistrado, puede llegar a un punto en que se produzca una cierta deformación profesional; en que el ejercicio de su función de juzgar las acciones de las `personas que se deban someter a su juicio, les haga pensar que en todo lo que tienen que decidir vayan a tener el mismo buen juicio, vayan a estar acertados y lo que podría ser aún peor, que se sientan autorizados para imponer su criterio al resto de mortales en otras materias y por otros conductos distintos al de su profesión de juez. Hoy hemos estado escuchando, por la cadena Cope, al ministro Grande Marlasca, en su calidad de ministro de Interior, entrevistado por el periodista Carlos Herrera, y no hemos podido menos de encontrar, en las palabras que ha pronunciado, mucho más de político tendencioso (en cierta manera sectario y partidista) que lo que se podría esperar, en cuanto a objetividad y mesura, de una persona procedente de la judicatura.


Nos cuesta encontrar en el manifiesto que leyeron tres conocidos periodistas en el encuentro (me gusta definirlo así más que como concentración, mitin o asamblea ya que, en realidad, de lo que se trataba era de una reunión de amigos que, de tanto en tanto, muy de tanto en tanto, se reúnen para recordar otras épocas, sin duda menos radicalizadas y, al mismo tiempo, formular una protesta pacífica a las que, por desgracia, estamos poco acostumbrados y limpia, ya que

apenas dejaron basura), donde se reclamaba el respeto por la Constitución, la fidelidad a la unidad de nuestra nación y la más enérgica protesta a cualquier manipulación o truco político que les proporcionase ventaja, a los soberanistas catalanes, en su ataque a las instituciones del Estado, prescindiendo de las vías legales y acudiendo a prácticas subversivas y tortuosas de las que no se esconden, sino que presumen de ellas como si fuera un derecho democrático del que España los hubiera querido privar.


El señor Grande Marlasca no ha dudado un instante en manifestarse radicalmente en contra de todo lo que se dijo en el mentado manifiesto, tachando su contenido de falaz, tendencioso y lleno de mentiras. A mí se me ocurre recordarle que, cuando el señor Pedro Sánchez estuvo en la oposición y tuvo que enfrentarse, en un cara a cara, con el señor Rajoy la cantidad de cosas falsas que utilizó, las formas chulescas con las que se expresó y los insultos ( llamó indecente al señor Rajoy) que se permitió, seguramente fueron más ofensivos, personales, irregulares, mendaces y mal educados que las palabras que se emplearon en el manifiesto, que sólo desde el punto de vista, evidentemente escorado hacia la izquierda de este señor, se podrían llegar a interpretar como insultos y no como una calificación muy ajustada de los hechos de los que se ha venido valiendo, el señor Sánchez, para intentar mantenerse en el poder. La calificación de una realidad no constituye insulto, como cuando a un proxeneta que vive a costa de la explotación de mujeres a cambio de dinero, se lo califica como tal, no se le insulta sino que se lo califica como un delincuente que es lo que, en realidad, es. Como juez el señor Marlasca, antes de opinar con tanta vehemencias, debiera de haber estudiado detenidamente los hechos, las circunstancias, los antecedentes y las pruebas, antes de emitir su veredicto si, con sus palabras, era lo que intentaba trasmitir.


En todo caso, el sacar conclusiones tan duras respeto a lo que se dijo en una manifestación, nos llevaría a determinados silencios del mismo juez y de su gobierno cuando, en otras circunstancias, en Cataluña por ejemplo, se pronunciaron frase despectivas en contra de la Corona o cuando se pisotea la bandera o cuando se tacha a los españoles de animales irracionales o se nos acusa de robar a los catalanes o se hace la vista gorda cuando los CDR cometen barbaridades, obstruyen el tráfico o amenazan a personas que, tranquilamente, circulan por las calles. No le escuchamos cuando Podemos no quiso reconocer la victoria de los partidos VOX, Ciudadanos y PP y sumaron sus escaños para acceder a la mayoría en el Parlamento Andaluz. Podemos llamó a la movilización callejera y a la rebelión a sus bases, para intentar impedir que “las derechas”, como ellos denominaron a los tres `partidos, no se pudieran mantener al frente de aquella institución andaluza.


Tampoco nos habla el señor ministro de Interior de lo que está sucediendo en las fronteras del sur del país con la entrada masiva de inmigrantes; de la falta de capacidad de los centros de acogida para alojar a tanta gente y de los cientos de migrantes que se escapan de ellos para dirigirse, libremente, a las ciudades donde saben que van a tener más facilidades para ocultarse. También parece que se ha dado orden, a los responsables de recibir a los inmigrantes, de que no se faciliten noticias a la prensa, ni al resto de medios de comunicación, respecto al número de extranjeros que cada día llegan, tanto por las ciudades de Ceuta y Melilla como por ciudades como Algeciras, Cádiz y otras más del litoral sur de la península, a las que van llegando pateras y barcos cargados de personas que vienen huyendo de los países africanos, en los que no se pueden ganar la vida por estar en manos de negreros y dictadores que dominan a los ciudadanos, obligándoles a vivir en la miseria, ante la pasividad de la ONU, y en condiciones trágicamente inhumanas.


Choca que, una vez más, se vuelva a hablar, por enésima vez, de la necesidad de mantener un diálogo con los soberanistas catalanes. Parece imposible que haya cabezas tan obcecadas, tan cerradas y tan absurdamente reincidentes, que sigan pensando que hay posibilidad, sin cometer un delito gravísimo contra nuestra Constitución y contra el pensar de la gran mayoría de los españoles, ¿ por qué, si quieren convencerse, no se convoca un referéndum nacional en el que, todos los españoles, puedan opinar sobre si a los catalanes se les otorga la independencia o si, de una vez por todas, se les tapa la boca con una gran mayoría de votos contrarios a tan peregrina idea? Seguramente, señor Grande Marlasca, porque a su líder, el señor Sánchez, no le convendría una derrota tan aplastante de sus apoyos en el Congreso de Diputados, perdiendo definitivamente la posibilidad de mantenerse en el poder que es, al fin y al cabo, lo que este señor pretende.


Contrariamente a lo que pretende que nos creamos, el señor Sánchez, el señor Rajoy en numerosas ocasiones tuvo contactos con los representantes de la Generalitat y siempre se encontró con el muro que interponían todos aquellos con los que tuvo entrevistas, consistente en que había una condición básica impuesta por el soberanismo: la celebración de un referendo en el que se tratara sobre la independencia de los catalanes de la nación española. Como es evidente, ante una postura semejante (que, por cierto, sigue estando contemplada en los 21 puntos que le entregó el señor Torra a P.Sánchez, sobre los que se debía hablar) los representantes del gobierno del PP no pudieron hacer nada. Ha mentido Sánchez y han mentido sus ministros siempre que han acusado al PP de no haberlo intentado. Precisamente muchos hemos estado en contra de estas sucesivas humillaciones a las que nuestros representantes populares se sometieron y, no fue la menor de ellas, la que sufrió la vicepresidenta, Sáez de Santamaría, en la misión que le había encomendado Rajoy, ante los políticos separatistas catalanes, que fracasó y dejó en ridículo al gobierno.


No sé qué pensará el señor Grande Marlasca, ministro, respeto a la inteligencia de los españoles en general, ni el grado de inocencia que nos atribuye porque, si es que se cree que nos hemos tragado esto de que los abogados del Estado que, en un principio habían estado de acuerdo con acusar a los presuntos delincuentes catalanes, que el día 12 van a ser sometidos a juicio en al TS, de rebelión, secesión, prevaricación, desobediencia y malversación de caudales públicos y, más tarde, inopinadamente, decidieron retirar la acusación de rebelión, lo hicieran motu proprio, sin que nadie relacionado con el Gobierno hubiera intervenido, ni el ministro de Justicia ni el propio juez Marlasca ni la señora Calvo o el señor P.Sánchez; tenemos que decirle que no nos lo vamos a creer por mucho que lo jure sobre la Biblia o sobre el Corán. Que sepa que, este movimiento de los abogados del estado, contribuyó en gran manera a darles aire a los presuntos reos pendientes de ser juzgado, dándoles pólvora a sus abogados defensores que no pierden ocasión de aprovechar el más mínimo resquicio que les proporciona la Ley, para sacar provecho de él.


Y unas palabras para recordarle a l señor P.Sánchez, del PSOE, lo que sucedió cuando el señor Rajoy y su equipo quisieron implantar el 155 en Cataluña. Recuerde, don Pedro, que al principio costó mucho que se decidiera a apoyar la idea, y cuando se decidió a hacerlo, porque vio que no le quedaba otro remedio y que, de no hacerlo quedaba alineado con el resto de partidos de la izquierda anticonstitucional, procuró descafeinar, vaciar de contenido, aquella medida extraordinaria que permitía, precisamente por la ambigüedad de su contenido, aplicar de una manera más radical la intervención en contra de la insurrección de los separatistas. No se puedo intervenir el aparato de propaganda de los separatistas, basado en los periódicos de tirada catalana, unos más moderadamente, como fue el caso de La Vanguardia, que procuró nadar entre dos aguas, algo que sigue haciendo y otros medios, como Cataluña Radio, colaboradora en ordenar el movimiento de los manifestantes independentistas del 1 de octubre y, la misma TV3, que fue guiando a los grupos de separatistas hacia sus objeticos, para armar jaleo y amedrentar a todos aquellos que se oponían a abrir las mesas de votación en aquel referendo, declarado previamente ilegal por el TC y el Congreso.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que reprocharle al señor Grande Marlasca su incontinencia y evidente animadversión contra aquellos- ¡menos mal que les reconoció su derecho a manifestarse, faltaría más!- españoles que inundaron la plaza de Colón con un despliegue impresionante de banderas españolas, algo que, para los que seguimos considerándonos, por encima de todo, españoles es como respirar aire puro de la sierra.

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