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Etiquetas:   Carta al director  

¿República? No, gracias

Pepe López
Redacción
lunes, 10 de abril de 2006, 21:40 h (CET)
Creo, y creo con fundamento, que la mente de Zapatero está algo desquiciada.

Es muy dueño de añorar la República de 1931, pero decir que “la España de hoy mira a la segunda República con satisfacción, reconocimiento y orgullo”, no deja de ser un disparate en labios de un mentecato.

¿A qué España se refiere? Será a la que forman los nostálgicos rencorosos que ni supieron mantener la República con una conducta democrática, cívica y social, ni supieron defenderla con las armas cuando el pueblo español se levantó contra aquel caos de crímenes, incendios, huelgas, paro y persecución religiosa.

De aquella República los españoles que la conocimos tenemos muy poco que aprender y mucho que olvidar,

Es inútil que Zapatero hable de “la España que hoy está orgullosa y satisfecha del recuerdo de aquellos años” Eso es una bobada más del Presidente.

La segunda República no nos dejó absolutamente nada positivo. Lo único que trajo fué una situación social tan catastrófica que los verdaderos republicanos, al ver el cariz que tomaba su rumbo, dijeron que aquello no era la República que esperaban. Y los primeros que se exiliaron huyendo de la quema.

La primera víctima fué la Iglesia, cuyos templos ardieron de forma inmisericorde y cuyas instituciones, congregaciones y actividades educativas fueron lapidadas.

El Ejército fue triturado literalmente y esto sirvió de motivo a muchos militares para ponerse al lado de Franco el 18 de Julio.

El proletariado no logró ni una sola conquista social que mejorara su mísera situación y, exasperado, se lanzó a continuas huelgas y motines tan dolorosos como los de Castilblanco, Casas Viejas y Arnedo.

La libertad de prensa fue papel mojado en manos de Azaña que suspendió cuantos periódicos criticaban su labor de gobierno.

Y todo ello trajo una crispación tal que en pleno Congreso se amenazaba de muerte ¡y se cumplía la amenaza!. La escolta de Prieto se encargó de asesinar a Calvo Sotelo

Y el final de todo, la guerra civil, en la que Azaña y sus republicanos dejaron, cobardemente, paso al marxismo en sus diversas modalidades, bajo la dirección soviética que llenó de crímenes sin cuento la zona roja y dejó destrozada la agricultura, la ganadería y las débiles industrias e infraestructuras de aquella época.

Para recordarnos todo aquello, vienen ahora unos desmemoriados para hablarnos del “progreso y grandes avances en arte, cultura y ciencias” y del “impulso modernizador” que trajo la República que, según los republicanos, situó a España en la vanguardia social y cultural con una labor que asombró al mundo”
¡Qué cinismo!
Pero hay que reconocer a aquella República, para baldón de Zapatero, que sus gobernantes no toleraron el desmantelamiento de España y, cuando Companys proclamó el “Estado catalán”, bastó un par de cañonazos para hacerle entrar en razón.

Parece que Zapatero quiere institucionalizar una fiesta en recuerdo del 14 de Abril de 1931 y no me extraña que invite al Rey que, según él, “es bastante republicano”.

Hasta García Trevijano, el asesor del Presidente guineano, se ha vuelto a subir al carro republicano y nos habla de las traiciones del Rey Juan Carlos a su propio padre por quitarle la Corona y a Franco por no respetar sus juramentos. Y, por supuesto, es partidario de una República Constitucional.

Yo aconsejaría a los españoles, y muy especialmente a quienes tienen veleidades republicanas, que lean las obras de Azaña, quien se consideraba “encarnación de la República”.

Muchos, si no todos, con esa lectura perderían sus aspiraciones republicanas.

En cierta ocasión dijo Azaña al general Rojo, cuando la guerra estaba irremisiblemente perdida,: “ Si ganáramos la guerra, los primeros que tendríamos que exiliarnos seríamos los republicanos.

No es preciso que Zapatero se esfuerce en traer la segunda República. La tenemos ya. Conocemos el final desdichado de las dos anteriores intentonas republicanas, pero el final del Gobierno de Zapatero no es muy alentador.

Por lo pronto ya tenemos un trozo de España, Cataluña, convertido en Nación. Ese camino lo van a seguir otras Autonomías, por lo que nos espera una España Cantonal.

Quienes debían hablar en esta hora, permanecen mudos.

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