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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

El mundo de las guerras

Jabier López de Armentia
Opinión
lunes, 10 de abril de 2006, 21:40 h (CET)
Miles de hijos desposeídos de sus madres, miles de madres desposeídas de sus hijos. Cientos de niños, generaciones perdidas, generaciones nacidas en mitad de una guerra mientras bombardeaban la casa de al lado. Niños con un apellido de por vida, las consecuencias de la guerra a sus espaldas.

Creamos un mundo marcado a base de guerras. ¿Cuántas gotas de sangre hacen falta para llenar la presa? ¿Cuántos pueblos destruidos más? La intransigencia y la fuerza se abren paso en un mundo dirigido por cuatro locos. Una carrera de fondo en la que todos quieren mostrar a sus rivales de lo que son capaces. ¿Y de qué son capaces?, ¿de matar mil niños con apretar un solo botón?, ¿de destruir la cultura de un pueblo, las costumbres de una familia, o de acabar con todo resto que nos haga recordar lo que fuimos en el pasado?

¡Somos pueblos, somos culturas, no somos soldados, no somos vuestras armas! No hay nada más loable que luchar por tu pueblo y no hay nada más repugnante que manipular a ese pueblo para arrojarlo a una lucha sin sentido, enfrentar los unos a los otros, hacer de hermanos un saco de balas que tirar sin fijar un objetivo. "¿Qué más da? Son solo vidas" –eso dicen aquellos que las tiran–.

Esto no son más que palabras, pero son las palabras que salen de las bocas de los dirigentes políticos. Aquellos que no diferencian entre vida y muerte, aquellos que sólo saben diferenciar entre beneficios y números rojos.

Nuestro mundo esta en números rojos. Bosnia, la tierra de nadie, la tierra de todos; Irak, un pueblo enfrentado por la religión; Kurdistan, las consecuencias del reparto colonial; Chechenia, la espina clavada de la URSS; Afganistán, justos por pecadores; Cuba, La estrella roja aún en pie; Africa, el despertar de la bella durmiente.

Miles son las guerras que han marcado nuestra existencia, miles son los errores que cometemos a diario, pero no podemos cometer más, no más guerras. No más madres esperando volver a ver a sus hijos destinados a millones de kilómetros luchando por una mentira o quizás una verdad, pero ¿qué más da?, son guerras. No más fabricas de balas, no más bombas que acaban con las vidas de millones de niños que sólo aspiraban a sonreír una mañana más a su madre.

¿Os parece justo acabar con esa sonrisa? Esos niños jamás tuvieron ni tendrán la culpa de nada. Pero jamás podrán volver a sonreír a su madre, jamás podrán darle una alegría a ese padre que de pequeño le dio todo lo que fue su vida, su amor y sus caricias.

Las madres, los niños, los padres, los ancianos, los jóvenes, la familia, el pueblo no tuvieron la culpa de que sus dirigentes políticos decidieran en una tarde, copa y puro en mano, el futuro de sus vidas. Presidentes de todos los estados, ¿a dónde estáis mirando? No arrojéis más piedras a nuestros tejados, no más guerras, no más muertes inútiles.

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