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¡No pronunciarás el término “democracia” en vano!

El presidente Sánchez empieza a dar signos preocupantes de apuntarse a maneras dictatoriales
Miguel Massanet
sábado, 9 de febrero de 2019, 09:08 h (CET)

No se puede decir que lo que está sucediendo entre el Gobierno del estado español y los separatistas de la autonomía catalana, negociando un tema que, para cualquier buen ciudadano, no tiene discusión alguna y no merecería, desde el punto vista de un buen español, ser admitido desde ningún punto de vista racional (legal, histórico ni social) como tema de conversación entre los directivos de una comunidad, meros encargados de dirigirla desde el aspecto administrativo, y los miembros del Ejecutivo del gobierno de la nación española. Ya ni nos queremos referir a la humillación que supone que, nuestros gobernantes, hayan accedido a discutir, en plano de igualdad, con aquellos que, a sí mismos, se denominan como representantes de un Estado imaginario, como sería la utópica República Catalana, una de las fantasías de este exiliado de lujo y prófugo de la justicia española, el señor Puigdemont; lo que viene a constituir la muestra más evidente de lo que se podría entender como una traición flagrante a la nación española.


Sin embargo, allí los tenemos negociando en dos grupos, uno presidido por nuestra vicepresidenta, la señora Castillo, y otro, al que se lo califica como “mesa de partidos” en la que, paradójicamente, nada más asisten aquellos partidos adscritos a la izquierda más casposa y aquellos otros que forman parte del más rancio separatismo catalán, los mismos que tomaron parte en la tomadura de pelo que tuvo lugar con motivo de aquel apócrifo referendo, sin ninguna consecuencia legal, ya que había sido declarado referendo ilegal por el TC, pero que les sirvió a los soberanistas para considerarlo como la expresión de sus derechos democráticos. En realidad, últimamente son muchos los políticos que se llenan la boca con el término democracia sin que, al parecer, antes se hayan molestado en averiguar lo que es, de verdad, la democracia y cuáles son las reglas que la diferencian de cualquier otro sistema de gobierno y, muy especialmente, de aquellos autoritarios, totalitarios o dictatoriales.


Los catalanes fundan todos sus argumentos, para pedir un referendo, en que trate sobre una posible autodeterminación de Cataluña, solicitando la independencia de la autonomía del Estado español, petición que se basa en un supuesto derecho democrático de los ciudadanos catalanes para poder escoger su propio destino. En Baviera, Alemania, hicieron una consulta a su Tribunal Constitucional sobre si tenían alguna posibilidad de iniciar un referéndum para lograr la independencia para conseguir formar un estado propio. La respuesta del alto tribunal alemán fue escueta pero contundente: "En la República Federal de Alemania, que es un Estado-nación basado en el poder constituyente del pueblo alemán, los estados no son dueños de la constitución. Por lo tanto, no hay espacio bajo la Constitución para que los estados individuales intenten separarse. Esto viola el orden constitucional". En el caso español se pueden argumentar las mismas evidencias, reforzadas por una realidad incontestable: las autonomías españolas gozan y, la catalana con mayor motivo, de una serie de competencias que superan las de los länders alemanes.


Cuando algunos partidos, como es el caso de Podemos, insisten en que los únicos que no son demócratas son los partidos de derechas, utilizando la antífrasis de considerar demócratas a aquellos que no lo son y privando a los que de verdad la practican, de dicha consideración, por pura conveniencia política. La realidad es que, en ninguna nación del orbe civilizado, se puede dar la circunstancia de que una parte de ella pretenda tener el “derecho democrático” de desobedecer la voluntad del resto de ciudadanos, para otorgarse el derecho de que, una minoría, tenga más fuerza que la mayoría, cuando se trate del derecho a separarse de la democracia en la que está incluida. Deberíamos recordar aquel refrán chino que dice: “Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”. Sin duda un sabio consejo para la autonomía catalana y sus propios dirigentes que, mientras insisten en pedir del Estado que acceda a sus pretensiones, ellos mismos están inmersos en verdaderas batallas por determinar quién debe ser el que se hace el amo del cotarro. La realidad es que, mientras los dirigentes independentistas, dentro y fuera de la autonomía catalana, se tiran los trastos a la cabeza, Cataluña sigue sin solucionar los graves problemas cotidianos que deberían ser objeto de la atención especial por parte de los organismos públicos catalanes. En el caso de Barcelona, la actuación caótica de su actual alcaldesa, está convirtiendo la capital catalana en un lugar en el que pronto no se podrá vivir, en el que las huelgas, la invasión de inmigrantes sin empleo, los manteros que campan por sus respetos, las cacicadas de la Colau en los temas de vivienda y sus intentos de privar a sus legítimos propietarios de sus derechos, sin acudir a los procedimientos que la ley establece para cualquier expropiación ( declaración de utilidad pública e interés social y justiprecio), así como su antipatía manifiesta por todo lo relacionado con el turismo que, por otra parte, se ha constituido en una de las principales fuentes de ingresos de la ciudad, están haciendo de una de las ciudades europeas mejor consideradas, en una cuna de delitos ( 80.000 robos) drogadicción, inseguridad, robos etc. que, de persistir durante mucho tiempo, es evidente que van a ser la causa de que el turismo abandone la ciudad.


Es evidente que se ha levantado, con motivo de la última cesión del Gobierno a los separatistas catalanes, por la cual ha admitido la figura de un intermediario, pacificador, escribidor o cómo quiera calificarlo, que tuviera la misión de encauzar las discusiones de la comisión de “diálogo”, un eufemismo que debiera de cambiar su denominación por comisión de “cesiones del Gobierno” que es de lo que se trata. Resulta penoso observar cómo, la señora vicepresidenta, la señora Castillo, se ha esforzado, con poca convicción y con menos seguridad, en explicar a los periodistas que querían una explicación sobre este nuevo personaje que, fácilmente, se podría confundir con el “observador extranjero” que estaba entre las 31 peticiones del señor Torra entregadas al señor Sánchez - quien, como ya se podía esperar de su hermetismo, se guardó muy mucho de hacerlas públicas- y que se habían dado por rechazadas. Han tenido que ser los propios separatistas catalanes, probablemente con la intención de presionarle más, los que las han dado a conocer, públicamente, con el consecuente revuelo entre todos aquellos partidos que ven asombrados el que, el Presidente del gobierno español, se preste a una humillación semejante que, como es obvio, comporta también la humillación del país y de todos sus , ante un grupo de presuntos delincuentes que intentan permitir que se establezcan las posibilidades de que, una autonomía española, pudiera llegar a separarse de la madre patria.


La única posibilidad de que una minoría, en un Estado democrático gobernado por las mayorías, pueda imponer sus deseos a una nación es, sin duda alguna, que logre alcanzar la mayoría suficiente para poder modificar aquellas leyes e, incluso, la propia Constitución; de forma que le permitan ejecutar sus objetivos. En caso contrario, y esto parece que no lo acaban de entender los catalanes, no hay manera de que, unos pocos o unas minorías dentro de una nación, pretendan, argumentando los derechos democráticos que pudieran corresponderles como minoría, que se les dé una mayor fuerza que la de la mayoría restante que se oponga a sus intentos de secesión. Todos los esfuerzos de los separatistas y todas las falsedades que intentan hacerles creer al pueblo catalán, no tienen la menor posibilidad de que lleguen a buen fin. Por ello, resulta un gran engaño el que pretendan hacerles creer, a los líderes separatistas, el señor Pedro Sánchez y sus adláteres, si les ha prometido apoyarlos, trabajar, modificar la Constitución o darles carta blanca para que formen su propio estado independiente; si se tiene en cuenta que, cualquier cesión en este sentid, sería considerada inconstitucional y, por otra parte, no tienen ni tendrán el número de votos suficientes en las Cortes españolas para que se haga una reforma constitucional en este sentido.


Pero, y aquí señores me refiero a todos estos señores que se han sentido intimidados por los fuertes reproches que el señor Casado, en el Parlamento nacional, le ha dirigido al señor Presidente; que no debieran de alarmarse por su contundencia ni reprocharle unas calificaciones tan rotundas porque, detrás de toda esta escenografía que Sánchez, sus ministras y todos los que le siguen han montado, se esconde una grave, alevosa, injustificable y gravemente peligrosa para el futuro de nuestra nación trampa, si se tiene en cuenta que, lo que está buscando desesperadamente el señor Sánchez, no es otra cosa que el salir del atolladero en el que él y los que le han acompañado en esta aventura, se han metido, al programar unos PGE que saben perfectamente que no van a conseguir poner en práctica, no sólo por el hecho de que no tengan suficientes votos para conseguirlo, sino que, incluso en el caso de que lograran su aprobación no van a alcanzar la recaudación que pensaban con la subida de impuestos y la disminución del déficit público que, según parece, la ministra Calviño lo tiene muy claro, pero no parece que sea esta la opinión de Bruselas que ha rebajado, de nuevo, la previsión de crecimiento de España para el 2019, situándola por debajo de la estimación oficial del Ejecutivo, en el 2,1% y advierte de los riesgos ligados a la mayor incertidumbre interna y externa. La tendencia favorable, a la que Calviño se refería en la COPE, no parece que sea compartida por Bruselas que ya avisa de la tendencia descendente que arroja el crecimiento de la economía española. El señor Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea, ha dicho este mismo Jueves que Bruselas “tiene dudas” respecto a la recaudación prevista por España para el impuesto sobre determinados servicios digitales, refiriéndose a la famosa tasa Google, según dicho experto Bruselas “no sabe muy bien” como España va a conseguir recaudar los 1200 millones de euros anuales previstos con este impuesto. Y para acabar de redondear las malas noticias para Calviño, el propio Índice General de Producción industrial del pasado diciembre, registró una caída sustancial (un 4,2% interanual) su mayor descenso desde abril de 2017.


Son datos que no dan esperanzas de que, las medidas que intentan implantar los socialistas, vayan a producir los beneficios que intentan hacernos creer y, con toda probabilidad, muchos de los empresarios que siguen pensando que van a conseguir los resultados que se esperaban con el señor Rajoy al frente del gobierno, ya es hora de que acepten que los tiempos de vacas gordas o semi-gordas se están acabando y que lo que se espera a partir de ahora no es más que una contracción de mercado, y no hay ningún experto economista que se atreva a garantizar que, en unos meses, no vuelva a tener el carácter de una nueva crisis, cuyas consecuencias estamos lejos de poder anticipar.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con zozobra como la inercia económica e industrial, que pensábamos que alcanzaría hasta la primavera próxima, con prórroga de la bonanza económica, fruto de las buenas perspectivas económicas que la disminución del desempleo y el aumento de la contratación y de las altas en la Seguridad Social, parece que han quedado contrarrestadas por las noticias desalentadoras que nos llegan desde la CE y los datos sumamente preocupantes que nos han llegado respecto al empleo registrado en el mes de enero del corriente año, algo que nos hace temer que, de persistir el empecinamiento de ir perdiéndonos en negociaciones sin ningún futuro práctico con los independentistas y el subsiguiente abandono de los temas importantes que afectan a la ciudadanía, buscando desesperadamente la aprobación de unos presupuestos, que lo único que pueden hacer es empeorar más la situación del país; vamos a tener que resignarnos, como ocurrió en el 2008, a otros años de restricciones y recortes..

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