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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'V de Vendetta': Máscaras detrás de la oreja

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
lunes, 22 de mayo de 2006, 12:00 h (CET)
V de Vendetta, basada en la célebre novela gráfica escrita por Alan Moore e ilustrada por David Lloyd, es el tipo de película que haría las delicias de los cineastas soviéticos de principios de siglo, desde Eisenstein, con quien el film de James McTiegue comparte la visión paroxística de la masa revolucionaria, hasta Dovchenko, cuyas famosas metáforas sobre la inmortalidad de las ideas son retomadas de manera literal en el clímax del estreno que nos ocupa. Y las resonancias soviéticas no se quedan ahí, sino que impregnan otros aspectos esenciales del relato como son el diseño arquitectónico, el vestuario, el tono fotográfico o incluso el cartel promocional del film.

Sin embargo, si algo distingue a V de Vendetta de estos lejanos antecedentes que pueden parecer descabellados, es su contexto de producción, pues mientras que el autor de Alexander Nevski y sus amigotes desarrollaron sus carreras en un ecosistema político propicio para la difusión de ideas revolucionarias, la película producida por el siempre audaz Joel Silver nace en un momento político especialmente sensible a su discurso, un momento que, como suele ocurrir en estos casos, muchos identifican con el propio tiempo de la ficción en una de esas lecturas políticas de alta inflamabilidad.

Y es que V de Vendetta tiene su razón de ser en la reivindicación más o menos velada de un terrorismo liberador como único antídoto contra concepciones políticas totalitarias, arteras y manipuladoras, algo parecido al Yo soy la Justicia de Charles Bronson pero visto desde la izquierda. A tal fin, la película construye un fascinante entramado de personajes nada arquetípicos, diálogos inteligentes, y puntuales secuencias de acción colocadas con gran tino entre otras de tintes más psicológicos, o incluso poéticos (la elegante muerte de la doctora interpretada por Sinéad Cusack o la dialéctica agua/fuego del renacimiento de Evey), con el que pone de manifiesto la vigencia de las palabras del propio V: “Los artistas inventan mentiras para decir verdades”, en el sentido de que todo el film, utilizando su naturaleza fantástica como escudo, propone el más radical análisis político de nuestra sociedad desde la espléndida Última Noche de Spike Lee.

Por supuesto, uno puede estar de acuerdo o no con los dilemas que V de Vendetta plantea (el propio Alan Moore pidió que retirarán su nombre de los créditos porque no lo estaba, y yo haría lo mismo), pero el mero hecho de haberlos planteado confiere un valor especial a la película que, interpretaciones políticas al margen, reúne méritos suficientes para encaramarse al top-five de lo que va de año. No se la pierdan.

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