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En el adiós de Bono

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 9 de abril de 2006, 23:54 h (CET)
Este viernes, mientras muchos ya estaban pensando en las vacaciones, saltó la noticia de que a las diez de la mañana el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero comparecería ante la prensa desde La Moncloa. De inmediato se dispararon toda clase de especulaciones sobre qué iría a notificar Rodríguez Zapatero. Esa misma mañana iba a celebrarse el habitual Consejo de Ministros y lo habitual es que a su finalización comparezca la vicepresidenta para dar cuenta de lo tratado en el mismo. En algunos círculos se especuló con la posibilidad de la llegada de un tercer comunicado de ETA que se dice ya está preparado para hacerlo público durante las celebraciones del Aberri Eguna del próximo domingo. Pero la sorpresa fue la noticia del cese, a petición propia, de José Bono como Ministro de Defensa y su alejamiento de la política activa.

El Sr. Bono nunca me pareció encarnar los postulados que defienden los socialistas en su programa. Sus amistades y devaneos con Zaplana, mucho más allá de las relaciones de buena vecindad entre Presidentes de CC.AA. con “fronteras” comunes, y su aceptación por los votantes de derecha en todas las encuestas hicieron que no fuera santo de mi devoción.

Sé que durante legislaturas fue ampliamente votado por los electores de Castilla-La Mancha de diverso color político debido a su labor en pro de la defensa de su paisaje y sus gentes, incluso enfrentándose, como en el caso de Cabañeros, a sus propios compañeros de partido en el Gobierno central. Pero nunca le vi como un ministro en sintonía con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, sus fuertes convicciones religiosas y su animadversión al Estatut de Catalunya y a las conversaciones de paz con ETA le debían hacer sentirse solo en el Consejo de Ministros. Por eso es de admirar su cese a petición propia en este viernes que para él habrá sido más de “dolores” que nunca. Aquí casi nadie se va de la poltrona, ni aún siendo responsable de algún fallo. Que yo recuerde sólo Pimentel dejó el puesto de ministro por no estar de acuerdo con la política de Aznar. El cese de Bono, pese a escudarse en su hija, le honra.

Y ahora Rodríguez Zapatero tiene las manos libres para intentar conseguir que las conversaciones con la banda etarra lleguen a buen puerto y abandonen definitivamente las armas. Sus relaciones con Bono no eran todo lo fluidas que debían ser. Con Alonso al frente de Defensa y Rubalcaba en Interior todo puede ser más sencillo.

Zapatero ha sabido llevar la situación con guante de seda enfundado en mano de hierro. Sin dar tiempo a rumores y sin alboroto ha fortalecido su posición nombrando en ministerios clave a personas de su total confianza. Si la paz ha de llegar el C.N.I. tendrá un importante papel en ello y ahora depende de Alonso. Pero también hará falta un buen negociador y esa cualidad no se le puede negar a Rubalcaba, pese a que el PP, cogido por sorpresa y con el paso cambiado, le niegue el pan y la sal.

El lunes Bono, popular y populista, se despedirá de los militares con esa parafernalia que tanto le gusta. Se va sin la medalla que se concedió nada más sentarse en el Consejo de Ministros pero seguro que ahora, en este adiós, el Gobierno del que formó parte le concederá alguna para agradecerle los servicios prestados.

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