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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Dejar de fumar, pero con fundamento

Santi Benítez
Santi Benítez
domingo, 9 de abril de 2006, 23:54 h (CET)
Soy fumador, lo reconozco. Lo peor de todo es que ni siquiera he intentado dejarlo nunca. Y no lo digo con orgullo, lo digo con envidia. Envidio a los que logran dejarlo porque tengo muy claro que ya no tosen por las mañanas, duermen profundamente, respiran sin hacer ruido, la vida les huele mejor y disfrutan del orgullo de haber conseguido dejarlo. Aunque claro, lo más importante de todo, cuidan de su salud, que sólo tenemos una.

He estado hablando con gente que lo ha dejado. La mayoría coincide en que el trámite de dejarlo, por lo que ellos dicen, se parece mucho al de desintoxicación de un heroinómano. Sergio Bethencourt, médico de familia y amigo del instituto, me ha hablado de ataques de ansiedad que han terminado en urgencias, irritabilidad extrema, dolores musculares e incluso incapacidad para discernir con claridad. Y no lo digo para quitarle a nadie la idea de la cabeza, lo digo porque es algo de lo que nadie advierte. “Se debe dejar con control médico”, me dice con un deje de advertencia en la voz, “La familia de la persona que lo está dejando debe estar advertida, y la persona que se desintoxica debe tener la medicación suficiente y la información pertinente para paliar los síntomas que lleva aparejada la desintoxicación de una droga”.

Por lo visto la cosa es más seria de lo que parece. Lo primero que deberíamos hacer todos, si nos decidimos a dar el paso de dejarlo, es visitar al médico. “Existe un periodo de mono, de síndrome de abstinencia, de dos semanas, es lo que se llama superación de dependencia física. Es el periodo más problemático y que más cuesta superar. Y, por descontado, es cuando más gente recae. Lo lógico sería reducir esa dependencia física para dar el salto a eliminarla del todo”. Es decir, lo lógico es reducir las dosis diarias. Pero ¿Cuál sería el mejor número de dosis para dar ese salto? “Hay gente que no logra bajar de cinco, y gente a la que no le cuesta nada reducir las dosis a uno o dos cigarrillos al día. Esto tiene su trabajo. Se suele tardar entre treinta y sesenta días en conseguir reducir las dosis de forma visible. Y, por supuesto, el uso de chicles o parches de nicotina, lejos de ayudar, agravan el problema. Estamos hablando de una dependencia de la nicotina, si en vez de inhalarla tomamos las dosis a través de la piel o la saliva no estamos adelantando nada”.

La nicotina es una droga de las más duras, crea dependencia física y psíquica. ¿Cómo se supera la dependencia psíquica? “Uno de los mayores problemas para superar la dependencia física es la dependencia psíquica. Sabemos cuando fumamos más. Comidas copiosas, el café después de comer, cuando tomamos alcohol. Una de las formas de superar la dependencia física es hacer ejercicio, comer de forma sana, abstenernos de tomar café mientras estamos reduciendo las dosis, abstenernos de ingerir alcohol. Cuando se supera la dependencia física o cuando hemos logrado rebajar las dosis de forma visible, nos enfrentamos con que en ciertas situaciones es difícil abstraernos de echar mano del tabaco. Gestos tan simples como sentarnos a pensar en un momento de sosiego nos lleva a desear coger un cigarrillo. Y se soluciona con algo tan simple como coger un bolígrafo entre los dedos, y si tenemos la suficiente confianza en nosotros mismos un cigarrillo. Es más, llevar cigarrillos encima no tiene nada de malo, tenerlos en la mano no tiene nada de malo, el problema está en encenderlo. Conozco a antiguos fumadores que se pasan el día con un cigarrillo en las manos sin encenderlo”.

Dejar el tabaco es algo muy bueno y necesario para la salud. Pero si se deciden a hacerlo confíen en su médico, no se fíen de tonterías o milagros farmacológicos, gastarán dinero, perderán tiempo, y eso no es lo que quieren ustedes, ni lo que quiere su salud. O sea, ojito, que con la salud no se juega.

Buenas noches, y buena suerte...

Buena de fondo “Fumando espero”, de Sara Montiel.

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