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El nuevo 'Chinatown' de Barcelona
Eduardo Cassano
El otro día estaba charlando sobre el Estatut con Juan y, con gran enfado, me cuenta que la Generalitat le ha multado el negocio en una inspección rutinaria de empresas. Aunque tiene licencia, paga religiosamente sus impuestos y no da ningún tipo de problema, el letrero de su local está en castellano. Por suerte, a pesar de no hablar habitualmente el catalán, lo entiende a la perfección. Ese hecho le libró de otra multa añadida, que según la Ley Lingüística de por aquí, en cada local debe haber al menos una persona que pueda atender al ciudadano catalán de pura cepa en “su idioma”.
Por la otra parte de la ciudad, muy cerca del centro, se está fraguando el ya conocido popularmente como “Chinatown”, que nada tiene que ver con el antiguo Barrio Chino, ahora invadido por los pakistaníes y musulmanes entre otros. Resulta que en los alrededores de la calle Trafalgar, donde comenzó la expansión china, prácticamente todos los locales están ocupados por ellos.
Yo personalmente no tengo nada contra los chinos, ni con sus productos excesivamente económicos, de dudosa calidad. Tampoco preguntaré por qué salen en manada del Casino todas noches, ni quiero saber de donde proceden exactamente los alimentos con los que cocinan sus menús en los restaurantes.
Eso si, creo que llevan demasiados años trabajando, muchos de ellos sin licencia en los locales y causando molestias a los vecinos. Pero la culpa no es suya sino del Ayuntamiento que, presuntamente, son los que además de otorgar las licencias (a los negocios legales), ¡les subvencionan!
Volvamos atrás un segundo. A un español (o catalán) no le subvencionan, paga la totalidad de los impuestos y tiene la obligación, por ley, de atender a sus clientes en catalán, incluso a rotular del mismo modo su negocio. ¿Qué chino del Chinatown te atiende en catalán? A duras penas entiende el castellano, eso sí, siempre te regalará una sonrisa de no entender absolutamente nada.
Esta es una más de las injusticias que se viven a diario en la gran ciudad. Uno, al tratar de buscar explicaciones a este tipo de asuntos, sólo le vienen a la cabeza asuntos turbios, tales como comisiones (¿un 3% TAE en su Gobierno transparente?) o similares. Lo peor de todo, sin embargo, es que se trata de disimular con la cantinela de la integración. No sean hipócritas… sean justos.
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