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Palestina e Israel después de las elecciones

Marianna Belenkaya
Redacción
viernes, 7 de abril de 2006, 22:57 h (CET)
En Israel comienzan a debatir la composición del nuevo Gobierno. Al propio tiempo, el nuevo primer ministro palestino Ismail Haniya manifiesta que indistintamente de quien llegue al poder en Israel, los palestinos esperan de él el reconocimiento de sus derechos legítimos, y sólo ello puede contribuir al logro de la estabilidad en la región.

Son, sin lugar a dudas, unas aspiraciones que durante un largo tiempo seguirán siendo irrealizables. Pues para realizarlas, hace falta sostener diálogo, pero en el momento actual los palestinos y los israelíes ni tienen un mecanismo negociador.

Es más, los palestinos se han visto excluidos del todo del proceso de arreglo mesoriental. El debate en torno a la realización de uno u otro proyecto de solución del problema palestino se sostiene, fundamentalmente, entre Israel y la comunidad mundial representada en primer lugar por EE UU. Lo que sucede actualmente difícilmente puede llamarse arreglo, porque una de las partes en conflicto sale perdedora.

¿Quién es el culpable de ello: Israel, que estos últimos años bajo diversos pretextos se negaba a ver en los palestinos a la otra parte de las negociaciones, o los propios palestinos?

No es la primera vez que Israel boicotea a los dirigentes palestinos. Hace unos años, en el apogeo mismo de la intifada, los israelíes se negaron a tener que ver con el cabeza de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yaser Arafat. Actualmente, en el lugar de éste está el movimiento de resistencia islámica, HAMAS, que ganó las elecciones parlamentarias. Se esgrime de hecho el mismo pretexto para negarse a dialogar: el apoyo al terrorismo.

A los israelíes les conviene mucho tal situación, pues les permite no hacer concesiones, que serían dolorosas para ellos y estarían preñadas de crisis políticas internas.

Al propio tiempo, la culpa por la actual situación recae en mucho grado también sobre los propios palestinos: no está claro con quiénes de ellos hace falta hablar, ni quién representa los intereses de ellos de facto y de jure. Pese a haber dejado muy atrás a los rivales en las elecciones parlamentarias, HAMAS no ha logrado unir en torno suyo a otros movimientos y partidos palestinos, por lo que se ha visto en el poder sin poseer poder. Las principales palancas de gobierno de la ANP siguen en manos del presidente Mahmud Abbas, uno de los líderes del movimiento de liberación de Palestina, FATAH.

Pero tampoco las decisiones de éste pueden plasmarse en la vida sin contar con el apoyo por parte del Gobierno y el parlamento, donde HAMAS lleva la voz cantante. Esos dos movimientos son dos caras de una misma medalla: es imposible mantener contactos con uno y menospreciar a otro.

Además, la crisis entre HAMAS y FATAH no es la única causa del caos que está reinando en el territorio palestino. La tensión que desemboca en conflictos armados tiene lugar también en relaciones entre otros partidos y grupos. Un ejemplo de ello son los desórdenes que surgieron en el sector Gaza a finales de marzo, tras el asesinato de Abu Yusef Al Kuk, líder de los extremistas Comités de Resistencia Popular, de lo que los partidarios de éste acusaron a FATAH.

Fue la primera prueba que tuvo que pasar el nuevo primer ministro Ismail Haniya, quien exigió que todos los grupos retiraran de las calles de Gaza a sus partidarios armados y mostraran mesura en lo venidero. Pero de momento no está claro si HAMAS logra o no controlar la situación en las ciudades palestinas y demostrar su capacidad de cumplir la promesa de imponer orden, hecha durante la campaña electoral. Su exitoso cumplimiento contribuiría a consolidar a los palestinos y a establecer diálogo con la comunidad mundial. Pero de momento en el territorio controlado por la ANP no tiene sentido sostener negociaciones sobre la paz ni hay con quién hacerlo.

Una situación parecida existe también en Israel, atascado en conflictos internos. El proceso de formación del nuevo Gobierno promete ser complicado. No solamente Ehud Olmert pretende a ocupar el puesto de primer ministro, sino también Amir Perez, líder del partido “Avoda”, el segundo en cuanto a la representación en el Knesset. Antes se suponía que “Avoda” y “Kadima” iban a formar juntos el Ejecutivo. Pero ahora se ha hecho claro que no importa quién salga el vencedor, el futuro Gabinete de Ministros de Israel va a ser bastante inestable y poco capaz de tomar decisiones cardinales. Precisamente por ello el arreglo mesoriental volverá a empantanarse en los próximos tiempos.

El “cuarteto” de mediadores – Rusia, EE UU, la UE y la ONU – intentará, sin lugar a dudas, sacar la situación del atolladero, pero para poder sostener unas conversaciones constructivas hace falta esperar a que la situación política interna se estabilice tanto en Israel como en Palestina. Actualmente la tarea del “cuarteto” se reduce, en lo fundamental, a prevenir una nueva espira del conflicto, mientras que las conversaciones sobre la paz son asunto de un futuro.

El “cuarteto” hoy día es, en realidad, el único participante del arreglo mesoriental, mientras que las propias partes en conflicto se ocupan de sus problemas internos.

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Marianna Belenkaya, para RIA Novosti.
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