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Los ultras contra la alcaldesa

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 6 de abril de 2006, 19:13 h (CET)
El orgullo de los mediocres se suele esconder detrás de un trozo de tela. Desde hace mucho tiempo siempre he pensado esto mismo cuando alguien anda intentado poner el honor de todo un pueblo agazapado entre los pliegues de tela de cualquier bandera. Nunca entendí a aquellos a los que se les nublan los ojos con el llanto al ver los colores de su bandera o al escuchar los primeros compases del himno que, para ellos, es la representación de la patria.

Para mí la patria es el lugar donde vivo cada día, se llame como se llame, la tierra que pisan mis pies cada hora, y, por encima de todo, las gentes que me rodean, esos conciudadanos con los que tengo que intentar que el trozo de tierra que tengo alrededor sea cada vez mejor para todos, no sólo para los que mandan y orden desde las poltronas del poder.

Pero reconozco que hay muchas gentes a las que el tema de los himnos y las banderas les sigue pareciendo mucho más importante que el que sus conciudadanos puedan comer cada día. Hace algunos años, en aquellos momentos de la transición desde el franquismo a la vida democrática, se habló mucho de las banderas. Los españolitos de aquellos tiempos, la inmensa mayoría, no habíamos conocido otra bandera que la roja y gualda adornada con aquel aguilucho que los vencedores de la guerra incivil le añadieron. La bandera tricolor de los desaparecidos tiempos republicanos era tan sólo un recuerdo en las almas torturadas de algunos republicanos y la mayoría nos movíamos más por los colores de la bandera de nuestro equipo de fútbol que por el rojo / amarillo de la enseña española que nos parecía ya uno más de los símbolos que el poder nos hacia engullir día a día.

Pero la muerte, en la cama no lo olvidemos, del viejo dictador dio paso a una exultante primavera de enseñas. La ikurriña de los vascos fue la que más problemas produjo. Fraga Iribarne se empeñó en hacerla instrumento del pecado y su colocación en las astas de villas y pueblos de Euzkadi llegó a costar algún que otro muerto. Luego, con el paso del tiempo, vimos que España no se rompía, como entonces algunos augures profetizaban, por la aparición de las enseñas propias, también, de los pueblos de España. Aquí, en las tierras valencianas, metidos de pleno en lo que se llamó “la batalla de Valencia”, derechas e izquierdas se enzarzaron en vanas discusiones sobre si la bandera debía llevar o no un trozo de azul que la distinguiera del resto de las tierras de la vieja Corona de Aragón.

Mientras discutíamos por un trozo de tela la ciudadanía no pensaba en otras cosas ni era capaz de demandar mejoras sociales con lo que los políticos, de uno u otro signo, se encontraban cómodos y allanaban el camino para que la derecha llegara a regir durante muchos años el viejo Reino de Valencia. Finalmente tanto en el anterior Estatut como en el aprobado hace algunas semanas los signos de identidad de los valencianos pasaron a ser los que la derecha defendía, una bandera con las barras rojas y gualdas de la bandera de Aragón y un trozo de tela azul como venía ostentando durante años la enseña de la ciudad de Valencia.

Por eso ahora me extraña que los ultras se atrevan a denunciar a mi alcaldesa, Rita Barberá, acusándola de prevaricación por no hacer ondear la bandera española al lado de la valenciana. Rafael López-Dieguez Gamoneda, yerno de Blas Piñar, y presidente del partido Alternativa Española ha presentado una denuncia contra la alcaldesa de la ciudad de Valencia por no colocar en sitios públicos como las Torres de Serranos, la Lonja o el Palau de la Música la bandera española al lado de la valenciana. A algunos nos da risa que se denuncie la colocación exclusiva de nuestra senyera en edificios públicos ya que si damos un repaso a las hemerotecas vemos que ésta fue la única bandera “regional” que Franco respetó después de la guerra. Mientras las banderas vasca y catalana eran prohibidas por el dictador la nuestra siempre fue admitida por las tropas victoriosas. Y es que los valencianos nunca fuimos un problema para el régimen dictatorial franquista.

Debo decir que tal vez el “ultraderechista” yerno de Blas Piñar tenga la razón legal de su parte ya que existe una Ley del año 1991 que regula el uso de la bandera de España que en su artículo 4 dice textualmente “ En las CC.AA. cuyo Estatuto reconozca una bandera propia ésta se utilizará juntamente con la bandera de España en todos los edificios públicos”. Pero por una vez voy a defender a mi alcaldesa deseando que, a pesar de la denuncia de este añorante de tiempos pasados, siga colocando la bandera de los valencianos en los sitios públicos. Y espero que los jueces, con buen criterio, no vean ningún síntoma de separatismo en este hecho y dejen tranquila a la alcaldesa de mi ciudad para que se pueda ocupar de otros problemas que nos preocupan a los valencianos mucho más que un simple trozo de tela. Los ciudadanos y su bienestar son mucho más importantes que cualquier bandera.

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