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¡Qué bonito es el fútbol!
Enrique Salvatierra
Tras las últimas jornadas en las que solo veíamos lanzamientos de botellas a los campos, gritos racistas hacia los jugadores, árbitros que se erigen como protagonistas de partidos… en la noche europea de ayer, el fútbol volvió a ser el espectáculo emocionante que deber ser por excelencia. Hacía tiempo que no vivía dos encuentros tan emocionantes, con buen fútbol y sobre todo con magia, como la que puso Riquelme en el Madrigal, o con la que Shevchenko metió a su equipo en las semifinales. Esta es la verdadera esencia del fútbol, y ayer después de mucho tiempo, se volvió a recuperar.
Primero en Villarreal, donde el “submarino amarillo”, arropado por una afición entregada, que llenó el Madrigal hasta la bandera, y a base de casta, reflejada en su máximo esplendor en Sorín, y de buen fútbol, Riquelme tiene mucha culpa de esto, doblegó a un Inter de Milán plagado de estrellas (Adriano, Figo, Samuel…) que se vio ahogado por el gran juego que desplegaron los amarillos, sobre todo en la segunda mitad. El comandante Riquelme, ¡vaya jugador este!, dirigió el partido a su antojo, lo controló de cabo a rabo, incluso se dio el placer de intentar marcar un gol “mágico” tras inventarse un disparo envenenado desde la línea de banda. El solito nos hizo disfrutar a todos. Pero no me gustaría individualizar porque el mérito es de todos, desde Arruabarrena, autor del gol, hasta Pellegrini, artífice máximo de que el equipo haya llegado hasta aquí.
El encuentro tuvo fases vibrantes, en las que cualquier equipo pudo llevarse el gato al agua. Y esto, es algo que solo se puede disfrutar y vivir en la Liga de Campeones, donde los equipos se dejan el alma por convertirse en el mejor conjunto de Europa.
Más emoción aún se vivió en Milán, donde el equipo local, fiel a su origen italiano, sentenció la eliminatoria a dos minutos del final. El Lyon, que practicó mejor fútbol, se fue para casita, tras la genialidad de “Sheva” cuando sus jugadores ya se veían en la siguiente ronda. Los franceses han aprendido que con los equipos italianos un partido no acaba hasta que se pita el final.
Así es el fútbol, y así nos gusta que sea, sin violencia, sin lanzamientos de objetos, sin gritos racistas. Para dar espectáculo ya están jugadores como Riquelme o Shevchenko, gracias a los cuales, ayer, volví a disfrutar del fútbol por un día.
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