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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos   -   Sección:   Opinión

Zapachov, Alfonso Guerra y el fin de la Unión Soviética

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
jueves, 6 de abril de 2006, 19:13 h (CET)
PATÉTICO FINAL de carrera política el que está escenificando Alfonso Guerra.

Después de presidir la Comisión Constitucional que ha perjurado el Estatuto de Cataluña, después de haberlo votado en el Congreso (aunque se marchó inmediatamente, sin esperar el resultado de la votación porque no resistía la vergüenza), a los tres días ha intentado tranquilizar su conciencia con unas declaraciones en donde advierte a los demás de peligros y errores que, al parecer, no acaba de ver en sus comportamientos personales...

Considera "inquietante" la actual "desviación territorial" de los políticos y de sus ideologías e incluso observa que una cosa semejante ocurrió en el momento de la disolución de la URSS.

Los dirigentes comunistas, viendo que aquello se disolvía, se envolvieron en las banderas nacionalistas para seguir manteniendo el poder, fenómeno que Guerra aprecia también en el actual proceso de reformas estatutarias... No concreta si lo viene observando en el PSOE, aunque tiempo ha tenido, porque en realidad nunca desde la Transición ha sido el suyo un partido "español", sino que en Cataluña está supeditado al PSC a quien viene entregando los votos inmigrantes para que éste se los devuelva, desde siempre, en forma de presiones nacional-socialistas de Maragall. Y hasta pudiera percibirse ya la misma deriva en un par de Comunidades Autónomas, por el norte.

Según declara Guerra a las pocas horas de haber votado un Estatuto al que se oponía firmemente, pero sólo hasta que llegaron los momentos decisivos, "hay que tener un proyecto ideológico propio", sin dejarse llevar por "la fiebre reformista"... En su contradictorio criterio, se debería poner fin "a esta escalada excesiva en donde cada uno quiere subir un escalón más que el otro", porque hay "una especie de contaminación nacionalista". Tampoco aclara si algo de todo esto que describe lo ha observado en su propio partido o si es que nunca ha mirado dentro del mismo...

Con tales afirmaciones, Alfonso Guerra problemente quiere salvar su nombre ante lo que se nos avecina... Pero, por el contrario, sirve para demostrar que "lo sabe"... no podrá argumentar ningún desconocimiento acerca de lo que ha hecho... Ha votado con alevosía.

Su nombre pronto merecerá estar, con destacadas letras propias, entre los grandes traidores de la Historia de España. Y ha probado que perpetró con premeditación su asesinato por la espalda.

De paso, a quien ya se podía tener por don Rodrigo Zapatero sólo que de peor condición, porque él está dispuesto a pasarse con armas y bagajes a los witizianos, ha venido a rebautizarlo como Zapachov, el último se esta URSS nuestra que se desintegra. Pero también en esto se quedaría corto: lo que odia y desprecia el vallisoletano leonino es a la propia Rusia, de la cual, al menos de la nuestra, de la de aquí, Rodríguez Gorbachov no se siente.

En cuanto al viejo fustigador de "tahúres del Mississipi", que ahora defiende los sueldos, dietas y pensiones millonarias que quiere conservar... cabría preguntarle si percibe la existencia de algún "Judas de la Bética" por sus proximidades, que el lunes se arrepiente de lo que votó el jueves. Pero que prefiere no buscar un olivo donde ahorcarse sino seguir montado en el coche oficial...

Y mejor no pensar en qué negocios andarían metidos a esas horas, tan callados, todos los viejos descamisados de Suresnes...

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