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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Asesinato en Ceuta. El Príncipe, barriada muy peligrosa

José Ignacio Rosende (Málaga)
Redacción
miércoles, 5 de abril de 2006, 22:20 h (CET)
Los hechos son – así lo relata la prensa local - que un ciudadano llamado Mustafá, fue asesinado a tiros en un cafetín de la barriada de Príncipe Alfonso, por un menor de 15 años, también de origen marroquí, Hamya, con largo recorrido delincuencial como un apuñalamiento, en presencia de todos los parroquianos del establecimiento. El menor fue detenido algunos días después, mientras contemplaba, tranquilamente, el partido Barcelona Real Madrid; no había huido, pues. No tenía miedo alguno: sintomático.

Que la Ley del Menor en España, necesita una reforma drástica, es cosa sabida. Que nos legislan y gobiernan una mezcla de “progres de bufanda” y demócratas acomplejados, es de dominio público. La Ley ha de adaptarse a la realidad y se hace necesario que se endurezca el tratamiento de estos delitos, para que produzcan el deseado efecto disuasorio, no basta con declaraciones de buena voluntad y llamamientos a los padres para que eduquen adecuadamente a sus hijos, porque se comprueba, no sirve para nada.

La barriada en cuestión es vieja – con vetustos o inexistentes equipamientos - pobre y terrorífica y, por lo que se afirma y repite, constituye el arsenal de la ciudad: armas por doquier. Radio macuto repite que, por allí no va la policía, lo que puede que no sea del todo cierto, pero si que lo es que, cuando menos, va poco. De la barriada salió para Afganistán el único talibán español quien, tras su temporadita en Guantánamo, pasó a jurisdicción del juez Garzón, quien ordenó su procesamiento, manteniéndole en libertad con cargos. De la prensa local, pueden entresacarse estos párrafos:

En el Príncipe hay armas de fuego, demasiadas. En el Príncipe hay miedo, mucho. Que quemen 40 contenedores en la barriada, que tiendan emboscadas a la Policía, que en una noche pinten las fachadas de muchas viviendas con mensajes amenazantes, que dejen sin luz a medio barrio o que tomen las casas e incluso los templos religiosos como dianas para sus disparos no son hechos aleatorios. Este temor provoca, por ejemplo, que a estas alturas, 48 horas después de producirse los hechos, la Policía no cuente con ningún testigo de lo sucedido. “El cafetín estaba lleno, mucha gente vio lo que pasó, de hecho hay quien escuchó la discusión entre los dos... pero nadie ha declarado”, apunta un agente del Cuerpo Nacional de Policía.

Unos no declararán por miedo, puede ser, también, que algunos por connivencia. Mustafá era – al decir general – un hombre integrado, militante de Izquierda Unida y, también es posible, que haya a quien no le agrade tanta integración, tan necesaria y conveniente. Y, tantas armas ¿de donde provienen, por donde entran en Ceuta? Aquí surge una labor de los Servicios de Inteligencia, que sin duda se realiza, pero que de cuyas conclusiones, nada nos informa nuestro gobierno. Tampoco las televisiones se han hecho eco del asesinato, porque había sido perpetrado en Ceuta, claro, porque si es en la península o los archipiélagos, nos meten al muerto en casa a la hora de la cena. Pero la consigna es seguida con fervoroso primor, “En Ceuta y Melilla, no pasa nada, nunca ocurre nada, tranquilos ciudadanos”.

Hasta que esas armas, todas al unísono, sean utilizadas para “otra cosa”. Se ve venir.

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