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¿Será acertada la estrategia de EEUU en Oriente Medio?

Marianna Belenkaia
Redacción
miércoles, 5 de abril de 2006, 22:20 h (CET)
La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el ministro de Exteriores británico, Jack Straw, realizaron una visita imprevista a Bagdad a fin de decidir a los iraquíes a concluir lo más rápido posible el proceso de formación de un Gobierno de unidad nacional.

Washington y Londres están interesados como nadie más en estabilizar lo más pronto posible la situación en Irak. Pero el proceso político en ese país avanza a duras penas, y la situación se desenvuelve de una manera distinta a la que se imaginaba EE.UU. hace tres años, al lanzar la operación para derrocar el régimen de Saddam Husein.

Antes de viajar a Bagdad, Rice admitió que los norteamericanos cometieron un sinfín de errores tácticos en Irak, siendo correcta la estrategia general del derrocamiento del régimen saddamista y de propagación de la democracia en Oriente Medio. Esta declaración, que hizo durante su visita a Gran Bretaña, se oyó prácticamente en vísperas del tercer aniversario de la toma de la capital iraquí por las fuerzas de la coalición anglo-americana. “Sólo dando un vistazo atrás en la historia se puede juzgar si la decisión estratégica ha sido acertada o no” -, dijo Rice. Esto es cierto pues de los resultados de la política estadounidense en Oriente Medio se podrá juzgar definitivamente sólo dentro de varios años. No obstante, ya ahora lo que pasa en el área mesoriental provoca muchas dudas acerca de lo acertado de la línea que Washington mantiene.
Ante todo, ¿se podría decir que la Administración George Bush tiene alguna estrategia en Oriente Medio si el presidente de EE.UU. no puede dar una respuesta clara sobre cuándo se retirarán desde Irak las tropas norteamericanas? Teme – y todo parece indicar que no le falta razón – que la retirada de los militares extranjeros desde Irak en condiciones en que las fuerzas de seguridad iraquíes no son lo suficientemente fuertes, puede acarrear consecuencias trágicas tanto para ese país como para toda el área en general y para los propios EE.UU. Pero la presencia de los norteamericanos en Irak tampoco contribuye a estabilizar la situación. Más aun, no se trata ya únicamente de los militares sino que también de los diplomáticos.

Así, por ejemplo, el ayatollah Muhammed al Yaqubi, uno de los líderes de los chiítas iraquíes, exigió que Bush destituyera de su cargo al embajador norteamericano en Bagdad, Zalmai Halilzad. Y esto no es un caso único. Numerosos representantes de los chiítas se muestran descontentos del comportamiento del embajador que, en su opinión, en medio de la crisis interna iraquí que surgió en torno a la formación del Gobierno presta un apoyo abierto a sus adversarios políticos. Es que son justamente los chiítas con cuyo apoyo contaban primeramente los norteamericanos. Ahora tienen que establecer vínculos con los sunitas que después de la caída de Saddam Husein se convirtieron en una minoría que se siente desairada y comenzaron a oponer la mayor resistencia a las fuerzas de ocupación.

De modo que la situación resulta paradójica en muchos aspectos: los norteamericanos tratan de ayudar a las fuerzas políticas iraquíes a encontrar un consenso y lograr lo más pronto posible la formación de un Gobierno porque ello conviene a sus propios intereses. Pero su intervención afecta, de una manera u otra, los intereses de una de las partes envueltas en el conflicto, sólo agravando las tensiones entre los iraquíes y complicando las relaciones norteamericano-iraquíes en general. Los que se sienten ofendidos, posiblemente no sin razón, piensan que si Washington no ejerciera presiones los debates sobre la candidatura de Ibrahim Jaafari al cargo de primer ministro hace ya tiempo que hubieran sido dirimidos.

Por otra parte, esta crisis refleja cabalmente toda la situación que ha surgido en Irak en los últimos años.

Para los iraquíes el camino hacia la democracia no es un camino hacia el futuro sino hacia el pasado en que los principios clánicos prevalecían sobre los intereses nacionales. ¿Se podría hablar de los iraquíes como de una nación? Lamentablemente, sólo en los casos en que se trata de los infortunios que les ha tocado vivir en los últimos tiempos. Se mata y secuestra a todos por igual. Pero las durísimas condiciones de existencia hacen que los iraquíes se apeguen más a su comunidad y a su tribu. Mientras que en la vida cotidiana aún perduran vínculos y lazos de antaño entre comunidades, pero cuando se trata de la política resulta prácticamente imposible encontrar soluciones que convengan a todos los grupos sociales y étnicos en Irak. El proceso político en Irak de hecho queda paralizado. Aun cuando esta crisis se resuelva la van a seguir otras, lo cual representa un problema no sólo para los iraquíes sino también para los norteamericanos. Es difícil construir democracia en el seno de una sociedad escindida.

Por lo demás, malogros de la estrategia norteamericana son evidentes no sólo en Irak. La suerte y las perspectivas de la resistencia son hoy día uno de los problemas de mayor importancia actual para Oriente Medio. Este fenómeno se asocia ante todo con el conflicto árabe-israelí y con la situación en Irak. Pero esta resistencia – tanto armada como civil – no está relacionada únicamente con el problema de la ocupación. Es un concepto mucho más amplio y supone oposición a la intervención occidental, ante todo, la norteamericana, en los asuntos internos de la región, oposición a la globalización en general. Un número creciente de mujeres con sus rostros cubiertos por el velo es también un reto lanzado a Occidente. No menos importante que la política de movimientos como HAMAS y “Hezbollah”.

El problema está en que la injerencia de las fuerzas externas en los asuntos internos de Oriente Medio no sólo hace recrudecer la resistencia sino que agrava la escisión de la sociedad árabe, ya de por sí heterogénea. Es muy dudoso que la fuerza que a la larga triunfe sea pronorteamericana. Irak constituye un vivo ejemplo de ello. Desde luego que Washington puede intensificar sus presiones sobre un país u otro, sobre una fuerza u otra, para cambiar la situación a su favor, pero será un éxito de mero carácter táctico pero en modo alguno el logro de un objetivo estratégico.

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Marianna Belenkaia, para RIA Novosti.
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