Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Generación quemada. Una antología de autores norteamericanos. Epílogo de Zadie Smith

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
martes, 1 de agosto de 2006, 23:01 h (CET)
Ni bien entro a la librería El Virrey me topo con mi pata David Ballardo. El calor con las justas se cuela en el frío ambiente de la librería. Extraigo un Marlboro de mi cajetilla y me dispongo a ver los libros situados en la sección de novedades. David y yo perdemos el tiempo un rato en plena época electoral hablando del auge de Humala, y para no seguir amargándonos la vida ante la posibilidad de regresar a un régimen dictatorial, David y yo preferimos cambiar de tema centrándonos en los libros que están ante nosotros. Un bello tomo del ciclo artúrico se presenta ante mí, una novela de Charlotte Carter, que por alguna razón no pude leer más allá de la página cincuenta. Sigo revisando, siento el humo que penetra con fuerza por mis fosas nasales. Cojo un ladrillo muy bien editado, una vez más, por Siruela, es una antología de relatos de escritores norteamericanos, a algunos de ellos los conozco, a otros, no, pero casi todos me suenan a McSweeney, aquella referencial e independiente editorial gringa que nos ha dado narradores de la talla de Dave Eggers, Jonathan Lethem, etc. Me suena también a New Yorker ni bien veo el nombre de George Saunders. Esta antología carece de un estudio preliminar pero goza de un epílogo de aquella escritora británica con pinta de modelo como lo es Zadie Smith. Le digo a David que este es el libro que me llevo luego de ya casi quince días de ausencia en mis paseos por librerías.

Siempre es válido recordar la gran tradición de la que goza la narrativa breve en tierras gringas. A la mente se me vienen nombres como los de Poe, Hawthorne y James.

Y no es nada exagerado decir que un género tan difícil como lo es el cuento haya llegado a niveles insuperables en nombres como Hemingway, el legado de este último es clave para entender a cabalidad los mecanismos que siempre nos depara este género que de por sí es el más difícil de lograr. No es nada raro reconocer en la nueva camada de narradores norteamericanos los nombres de Carver, Cheever, Pynchon y Yates.

La mejor manera de leer un libro de relatos o una antología, a mi entender, es leerlo de manera desordenada, sin respetar la veta que nos impone el índice. Y en esta búsqueda me topo con un relato futurista de Jonathan Lethem, Videoapartamento. En este relato el autor de La fortaleza de la soledad nos sucumbe en una estado que linda lo irracional al toparnos con gente pobre obligada a hacer lo que sea en aras de la publicidad, un relato sumamente conmovedor que recoge mucho del policial de pesquisas, pero que a la vez se sale de esta vertiente para ofrecernos una realidad no muy lejana a las divisiones sociales que podemos ver hoy en día. Me atrevo a aseverar que este relato tiene una visión profética. La prosa de Lethem puede envolvernos en esta narración marcada por el desarraigo existencial. Uno de los relatos realmente conmovedores es el que nos presenta Judy Budnitz, en Cisternas vemos las vetas de la mentira en aras de la tranquilidad emocional de la madre de la protagonista, madre enferma de cáncer que se niega a aceptar su mal apelando a la mitomanía que llegan a comprometer a sus seres más queridos. Es a raíz de este relato que ha despertado en mí el interés en querer saber más de Budnitz, puesto que a grandes rasgos podríamos estar ante una historia desgarradora, lo cual es cierto, pero hay una cuota de ternura fusionada con humor que nos permite diseccionar las psicologías que se mueven. Fusión que es muy difícil de lograr. Y claro, el humor no pudo estar ausente en el muy buen relato de George Saunders, Sé hablar, aquí vemos el dominio que tiene Saunders del código empresarial, una narración emparentada, en apariencia, con el relato de Myla Goldberg, Test de compresión, en ambos casos notamos el manejo del código lingüístico en el que estas historias están escritas, pero que están divorciadas tenuemente puesto que el humor en el caso de Saunders es explícito y en Goldberg es soterrado. Una muestra más de las libertades que tienen los escritores a la hora de afincarse en cualquier parcela del lenguaje.

Autor de verdaderas proezas narrativas como Las vírgenes suicidas y Middlesex, Jeffrey Eugenides nos entrega la mejor historia de esta antología, Multipropiedad. Una historia que nos desgarra, en apariencia no pasa nada en estos intentos de un hombre anciano por querer hacer dinero a cómo de lugar, pero estas ansias de dinero se ven contrastadas con la salud del mismo, en una lucha constante por evitar la muerte, relato narrado por un testigo directo, que nos muestran los vacíos internos en estas vidas rodeadas de comodidades y lujos. Del metamensaje de este cuento se desprende el respiro de absolutamente todos los relatos de esta antología: una lucha frontal entre el reconocimiento y la muerte.

El autor de La broma infinita, David Foster Wallace, nos entrega un relato corto, Encarnación de una generación quemada, que vale de por sí, por la simbología y metáforas que encierra, y que se ajustan al título de esta antología, antología que fue llevada a cabo por Marco Cassini y Martina Testa, en este relato corto notamos el efecto final que muy bien podemos rastrear en los relatos de Poe, aquí nos encontramos con un bebé que no para de llorar, el dolor parece interno, sus padres se preocupan y no encuentran las razones del padecimiento del pequeñín, teniendo las muestras de esta revelación en los últimos párrafos, revelación que nos da luces de que los traumas más grandes siempre están a la vista, que no hace falta adentrarnos del todo cuando la matriz de estas dolencias están a la vista. La apreciación del nombre de este libro yace en la idea que se tiene por el espíritu que se refleja en conjunto, sólo dejo una idea para no alejar el interés del lector: todos los personajes reflejan hastío, y gracias a ello, es que no dudan en entrar en las más absurdas vestimentas, sean estas de comportamiento, que en algunos casos ronda ya casi lo vesánico, como se deja ver en Una verdadera muñeca, de A. M. Homes.

Esta es una antología que vale por sí misma, he leído con atención el epílogo de la muy buena narradora y hermosa Zadie Smith, sus apreciaciones son valiosas pero cumplidoras, carecen de ambición, no dicen nada nuevo, y es lógico que su nombre en la portada de esta imprescindible antología estuvo movido por razones comerciales. Lo que sí me llamó poderosamente la atención es no encontrar nombres tan importantes para las letras gringas hoy en día, verbigracia: Dennis Johnson y Lorrie Moore.

Noticias relacionadas

Facelless, los retratos sin rostro de Coco Dávez

El alter ego de Valeria Palmeiro

Imaginar la historia desde la ciencia ficción

A propósito de la novela “Cuando se extinga la luz” de Dioni Arroyo

Carlos III “el bueno”

Carlos Ortiz de Zárate

Siete de cada diez autores escriben desde antes de los 16 años

Precocidad en las letras españolas

Editorial Kolima publica 'Ser Directivo', un manual sobre liderazgo de Julián Gutiérrez Conde

Un libro para aquellos que quieran ganar algo más que dinero
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris