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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Consentimiento

Raúl Tristán

martes, 4 de abril de 2006, 22:54 h (CET)
La triste película marbellí no tiene parangón. Sabemos, es cierto, no con hechos y pruebas palpables con los que podamos denunciar, es evidente, que en muchos de los ayuntamientos de nuestro ibérico país el área de urbanismo ( y alguna aledaña) acoge a una caterva ingente de corruptos mangantes dispuestos a mangonear hasta límites insospechados, a lucrarse con impúdica osadía, con indecente desfachatez, a hacer del erario público su particular caja de caudales, una cuenta abierta a sus múltiples vicios, anhelos y despilfarros. Y, en la mayoría de las ocasiones, todo esto ocurre bajo los auspicios del edil de turno. Bien consentido por él, bien incluso impulsado.

Estos magníficos ejemplos de lo que no debe llegar nunca a ser un cargo político, osan sin embargo hacer gala de sus excelsas cualidades ciudadanas, llegando a la cúspide de la desvergüenza al mostrarse a ellos mismos como modelo inmaculado de los más altas virtudes. Mientras, el ciudadano de a pie traga bilis, hace de tripas corazón y sostiene con los cada día más elevados impuestos que debe asumir, las barbaridades urbanísticas de estos nuevos ricos, parias del inframundo racional venidos a más gracias a los desmanes y aberraciones que, en sus PGOU o en sus modificaciones sobre modificaciones y así hasta el infinito. ¡Cuántos descalabros de ciudades, antes bien concebidas urbanísticamente, se deben a estos malnacidos especuladores1.

Pero lo que viene ocurriendo en Marbella, desde hace años, no tiene objeto de comparación alguno.

Uno por uno, los próceres y sus adláteres han ido cayendo en la sima de la pútrida tentación. Desde los giles, pasando pos lo muñoces, hasta las yagües... ¡y lo que te rondaré morena!. Sí, lo que queda todavía por ver pues, en todo ese tiempo, todos esos escarabajos peloteros que, a base del diario esfuerzo típico de los de su especie, es decir: tomar un pedazo de hez y a fuer de girarlo sobre sí mismo sobre otros pedazos semejantes logran sobredimensionarlo hasta hacer rodar una pelota de mierda, con perdón por la vulgar pero gráfica expresión, de dimensiones colosales. Digo que, han trabajado con denuedo sin oposición alguna. Al parecer, nadie se ha dado cuenta en todo este tiempo de que el sillón de la Alcaldía de Marbella, por más que cambiase de propietario, siempre flotaba sobre un mar de heces...

Uno por uno se han ido sucediendo en el cargo, y en las comisiones, y en llenarse las manos de estiércol con forma de ladrillo de lujo. Los que denunciaban, ahora son los acusados, y los antes acusados ahora se excusan diciendo “ya os dije que yo solito no era el vaquero malo, el cuatrero, de la película, que casi casi soy una víctima...” . ¡Póbrecitos, todos ellos, llenos de mierda, con perdón, hasta el cuello!.

Pero, ¿dónde estaba metido durante todo este tiempo el super shériff de la Junta de Andalucía?. Con Marbella han hecho lo que se les ha consentido hacer. ¿No había sistemas legales que podían haberse aplicado desde el primer momento, sin esperar a que la corrupción salpicase a media España?. Marbella ya no será jamás el paraíso de la gente guapa, de la jet, y de sus símiles (¡anda que me importa a mí!).
Han corrompido hasta tal grado los cimientos de toda aquella ciudad, que más valdría demolerla por entero. Y cambiarle el nombre. Y en primer lugar, convocar nuevas elecciones. Si es que queda trigo limpio en veinte millas a la redonda. Y basta de consentir y hacer la vista gorda, por intereses políticos abyectos, claro está.

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