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Con distinto rasero

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 4 de abril de 2006, 22:54 h (CET)
Es innegable que los vientos de la justicia no han corrido del mismo favorable modo para Otegui que para la alcaldesa de Marbella. Si todos los ciudadanos son iguales ante la ley, se ve, como se dice en términos sabios, que: “unos son más iguales que otros”. El primero mencionado tenía que comparecer ante el juez, pero una imprecisa bronquitis, evolucionada a “pulmonía”, según médicos forenses funcionarios del gobierno autonómico vasco, le permitió posponer quince días su citación ante la Audiencia nacional. Es decir, la salud “quebrada” le permitió esperar dos semanas para su posterior ingreso en la cárcel de Soto del Real. En cambio, la alcaldesa de Marbella, como se ha hecho público y notorio, convalecía de una intervención de cirugía plástica según acredita una clínica privada malagueña. Con apósitos y vendajes, se le vio en los medios de imagen ser conducida en coche policial a los calabozos, y, tras su declaración ante el juez, fue enviada a la cárcel donde “en la enfermería puede ser debidamente atendida”, según, también, ha hecho público el mismo juez. La alcaldesa, desde la denuncia policial, ha estado a buen recaudo. Otegui sobrellevó su proceso en el propio domicilio. Es así, ¿o no? Por lo menos eso es lo que la gente ha podido saber.

Siendo mal pensados, como aconseja el saber popular para acertar, no es imaginable lo que hubiera sucedido si la sociedad no tuviese el grado de comunicación e información de que tan orgullosa está. La diferencia de trato es manifiesta, y allá cada uno para pensar lo que crea más conveniente que lo justifique. Si alguien cree en la justicia humana, no sólo española, es porque ha sido afortunado alguna vez por una sentencia favorable. Pero es lo mismo que creer en la ruleta porque una vez se acertó un pleno, bajo el modesto y personal punto de vista del universal teleobjetivo de esta columna.

Apoyarse en la verdad de las resoluciones humanas, es como el manido ejemplo de “tener un duro falso”; y, la realidad vivida ante el trato recibido por estos inculpados es tan distinta, que lo confirma una vez más. La palabra justicia, sin duda, tiene una enorme resonancia, y según quien la invoca más parece que se refiere a una verdad absoluta, pero no es así. Como la estatua que la representa, que se le pinta ciega por ser, en principio, igual para todos, más bien va “a ciegas”, y conducida por quienes parecen arrimar “el ascua a su sardina”.

El rasero que se ha aplicado en ambos casos, en consecuencia, ha sido distinto y sometido a manipulaciones de conveniencia. No es siempre el poder político el que hace saltar estos resortes, sino, también, poderes de baja estofa logran los pronunciamientos a su favor. La gente podrá tener sus preferencias, o inquinas, por Otegui o por Marisol Yagüe, pero no ha sido la voluntad popular quien ha decidido a favor de uno o de la otra. Son lo que se llama “las altas instancias”, las que han manipulado el recurso que, en justicia, tiene el hombre falto de salud para justificar un retraso en el procedimiento en contra suya. Es así, y así lo ha podido ver todo el mundo con imágenes, luz, y sonido.

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