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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Cataluña, Marbella y cobardía presidencial

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 3 de abril de 2006, 22:29 h (CET)
Es la foto de la semana, del mes y del año. El pasado jueves se celebraba en el Congreso de los Diputados el debate para la aprobación del proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña y Rodríguez Zapatero no tuvo a bien presentarse en el hemiciclo para debatir con el líder de la oposición. La defensa por parte del gobierno quedó en manos de la señora vice-cuota. ¿Dónde estaría el señor Presidente? Apareció tres horas después de iniciada la sesión. Probablemente por las innumerables críticas que suscitó en medios de comunicación su ausencia. Casi seguro también que debido a la brillante intervención del líder de la oposición.

Pero no vayan a creerse que ZP apareció por ahí para, en un gesto de respeto hacia el Parlamento y los españoles, subirse a la tribuna de oradores. Se presentó para encerrarse en un despacho con Pascual Maragall y, por supuesto, para hacerse una foto. Ya saben: lo de ZP no es un gobierno, es una agencia de marketing.

Mariano Rajoy, en la que ya es sin duda la mejor intervención de su vida, reprochó, como no podía ser de otra forma, la cobardía del Presidente. “No tiene la valentía y vergüenza torera de estar hoy aquí, en el debate más importante de la legislatura, con el líder de la oposición”, tronó desde el atril para, a continuación, recordar que el presidente del talante y el diálogo es el máximo responsable del “colosal disparate” que se iba a ratificar en la votación posterior en el Congreso. Votación patética, por cierto. Quedan para los anales de la historia las imágenes de Alfonso Guerra y Joaquín Leguina votando sí a un Estatuto que ellos mismos han denunciado. Y es que ya se sabe cómo son los políticos que se autodenominan socialistas: cuando hay que elegir entre la dignidad de mantener las propias convicciones y la poltrona, ésta última prima ante todo. Presiento que algunos van a acabar sin poltrona y sin dignidad.

Lo cierto es que la intervención del jefe de la oposición fue dura. Durísima. Rajoy no tuvo piedad alguna a la hora de denunciar la barbaridad que supone un Estatuto “que se ha fraguado con nocturnidad, disimulos y de espaldas a la voluntad general”. Tampoco se arredró a la hora de acusar a los socialistas de haber roto la igualdad entre los españoles: “¡Les cabe el honor de haber sembrado la desigualdad entre los españoles! Para ustedes lo primero es la nación, el individuo siempre es secundario y ustedes están detrás de este planteamiento. ¡Viva el socialismo!”, espetó un irónico y firme Rajoy, que esgrimió en su discurso las razones por las que considera que el Estatuto, además, de insolidario e intervencionista es un “mal texto jurídico, divide a los españoles, es inconstitucional, encierra una reforma subrepticia de la Constitución y nos instala en una incertidumbre jurídica y constitucional permanente”, mirando hacia la bancada socialista.

Casualmente –desde hace dos años en este país todo son casualidades- el día anterior al debate había estallado el escándalo de Marbella. Un escándalo que lleva durando algo así como quince años. Así, los telediarios podían abrir su información con las imágenes de la Alcaldesa de Marbella siendo detenida. Tertulias, informativos, prensa rosa… Marbella era el tema de conversación. Nadie debía hablar de Cataluña. Al menos esa era la intención. Lanzar una cortina de humo mediática. Los principales diarios catalanes no informaban –pero es que ni una línea- de que se iba a producir el debate.

Para rematar, la misma noche anterior, la fiscalía de la Audiencia Nacional va y cambia repentinamente de criterio y facilita la libertad bajo fianza de Arnaldo Otegui, ese gran líder pacificador de la izquierda abertzale. Otro gran tema de conversación: la duración en el tiempo de la palabra de ZP.

En fin, que lo que quedó claro durante la triste jornada en que se aprobaba el Estatuto que liquida la Constitución Española de 1978 en el Congreso de los Diputados con los votos de los socialistas, es que el Presidente del talante y el diálogo tiene miedo al debate y a la verdad. Quiere pasar por encima de la felonía de puntillas. Y nos sigue tomando por idiotas.

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