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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La suerte del cristiano afgano no ha emocionado al mundo islámico

Marianna Belenkaia
Redacción
lunes, 3 de abril de 2006, 22:29 h (CET)
La historia del afgano Rahman, quien fue denunciado por sus parientes y detenido en Kabul por haber abandonado el Islam y abrazado el cristianismo y, según las leyes de Afganistán, puede ser condenado a muerte, constituye otra lección para Occidente y un ejemplo de que, al derrocar un régimen, llevar al poder a otras personas y redactar una nueva Constitución, es imposible cambiar de la noche a la mañana la conciencia humana. Es imposible hablar sobre la democracia (es que siempre hablamos sobre la democracia ateniéndonos a las normas occidentales) y aplicarla a una sociedad tradicional. Occidente se indignó con lo que pasa en Afganistán, mas para la mayor parte del mundo islámico esta historia pasó desapercibida.

Abdul Rahman ha sido el primer afgano en ser encarcelado por haberse pasado a otra religión después de que el régimen talibán fuera derrocado. Fue arrestado en febrero pasado, y el 1 de marzo el presidente estadounidense, George Bush, quien aún no sabía de esta historia, visitó a Afganistán donde declaró sentirse enorgullecido del progreso que se produce en ese país y de que participa en la construcción del futuro de la sociedad afgana. Tres semanas más tarde, después de que de la suerte de Rahman se enteraron todos los medios de comunicación mundiales, Bush tuvo que justificarse, ante todo, con los norteamericanos. En efecto, ¿cómo en un país que pretendidamente avanza por el camino de la democracia y donde la Constitución fue adoptada con la participación directa de Occidente y EE.UU. pueden condenar a pena capital a una persona por haber abrazado otra fe?

Además de Bush, en una situación delicada se ha visto también el presidente de Afganistán, Hamid Karzai. Por una parte, tuvo que excusarse ante Occidente que ha facilitado su elección y que presta a su Gobierno ayuda militar y económica. Mas, al mismo tiempo, debe mostrarle a la población de su país que es verdadero líder de la nación y que las leyes de Afganistán se observan, no importa cuáles sean, pues la legitimidad del presidente se basa en estas mismas leyes. El problema radica también en que, según muestra el caso Rahman, la legislación afgana resulta bastante contradictoria: por una parte, la Constitución se basa en las leyes del Chariat, según las cuales un musulmán que se haya pasado a otra religión debe ser ejecutado, mas por la otra, la Constitución se atiene a la Declaración de los Derechos del Hombre que garantiza a cada persona la libertad de conciencia. Pero las leyes del Chariat son más congeniales con la sociedad afgana, lo que es lógico.

Es de destacar que no son las autoridades sino parientes de Rahman quienes han provocado esta historia, al delatarlo. Presionado por Occidente, Karzai se propuso el objetivo de excarcelar al acusado. Pero, ¿cómo evitar disponer en contra suyo a los religiosos? La agencia AP, por ejemplo, cita las palabras proferidas por Hamidullah, muftí de la Mezquita Haji Yacob: “El Gobierno se acobardó ante la opinión pública pero si se lo excarcela la gente igual lo va a matar”. El sitio de Internet “Aljazeera.net” cita sondeos de opinión rápidos en Afganistán donde la mayoría de los encuestados respondieron que Rahman debe ser ejecutado. Además, el canal de TV “Al-Jazeera” manifestó que los jueces afganos consideran los llamamientos de Occidente a liberar al acusado como intento de presionar el juzgado e injerencia en los asuntos internos del país.

Desde luego que en Afganistán no faltan quienes condenaron tanto la detención de Rahman como la posibilidad de aplicarle la pena capital. Pero la mayor parte de la sociedad afgana es tradicionalista, siendo imposible cambiar de tradiciones de la noche a la mañana. En tal caso, ¿en qué se apoyará la sociedad? La excarcelación de Rahman ni resolverá este problema ni significará un paso adelante, como manifestó la Secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice, sino una acertada intervención de Occidente.

Por otra parte, no se trata únicamente de un problema de Afganistán. Se trata de la incompatibilidad de ambos enfoques. Quienes tienen mentalidad “moderna” jamás comprenderán a aquellos que siguen viviendo en el mundo de las tradiciones, no importa que sean buenas o malas. A nadie se le ocurrirá hablar sobre los derechos humanos con tribus de caníbales. Uno puede horrorizarse con sus costumbres, detestarlas, intentar salvar a quienes cayeron prisioneros de estas tribus pero es imposible cambiar su modo de pensar. Mas, por otra parte, ¿cómo se puede permanecer callado si se trata de una vida humana?

La opinión pública de Occidente se indignó con el arresto de Rahman porque se percata de la incompatibilidad de ello con el camino democrático por el que se intenta conducir a Afganistán y comprende que los gobiernos occidentales responden por lo que pasa en ese país y, respectivamente, por la suerte de este cristiano afgano. El juicio contra este hombre no ha despertado ningún interés en el mundo islámico.

Esta novedad apenas fue mencionada en el boletín de noticias de “Al-Jazeera”. Ello tiene sus razones. Ante todo, problemas propios que sobran, incluidos los relacionados con las violaciones de derechos humanos. Teniendo por fondo lo que pasa en Irak, el juicio contra Rahman no se percibe como novedad. Este tenía la posibilidad de salvarse, pero ¿quién salvará a los iraquíes? Además, para muchos países islámicos, incluidos los árabes, el tema de la apostasía es demasiado doloroso, prácticamente tabú. “Si los musulmanes sunitas consideran infieles hasta a los musulmanes chiítas, ¿cómo piensa, qué dirán del que abrazó el cristianismo? “ – dijo en entrevista con RIA Novosti la corresponsal del periódico “Al Hayat”, Manal Nahas. Por otra parte, a pesar de su negativa actitud hacia la apostasía, muchos musulmanes, incluidos los del Líbano, consideran actos de salvajismo la sentencia a muerte por haberse pasado a otra fe. El Islam y el mundo islámico es muy vario.

Así, por ejemplo, el jeque Yusef Subeidi, representante del líder religioso chiíta As-Sistani en Beirut, al enterarse de la historia de Abdul Rahman, dijo a RIA Novosti: “Se trata de Afganistán. ¿Qué se puede decir si ellos no tienen ni la menor idea de lo que es Islam. Ellos tergiversan la imagen del Islam. Lo principal para ellos es la violencia que el Islam no admite”. Esta frase encierre posiblemente otra razón por la cual los líderes religiosos islámicos no quieren intervenir en los sucesos de Afganistán: ellos quizás comprendan que no son autoridad alguna para sus hermanos en la fe afganos. Otros prefieren en principio no hacer públicas las discusiones sobre el Islam, especialmente bajo las presiones de Occidente. La percepción de la vida y los problemas allí son distintos. Con esto no se puede hacer nada.

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Marianna Belenkaia, para RIA Novosti.
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